17 agosto 2017

Año XIV - Nº 1049

Rajoy y las nuevas medidas contra la violencia de “género” y la persecución del hombre

Editorial
Forum Libertas

Rodríguez Zapatero es visto en los medios católicos como el presidente del desastre, y no solo por su incapacidad para afrontar a tiempo la gran recesión, sino porque con él España se situó en el primer plano de la ruptura moral y antropológica. 

Pero, al mismo tiempo, estos mismos medios olvidan que la presidencia de Rajoy ha resultado terriblemente dañina porque ha consolidado sin mover ni una coma todas las leyes de Zapatero. Todo lo que dijo como oposición lo ha incumplido, aunque esto tampoco debe extrañar, a fin de cuentas también prometió que no subiría los impuestos.

Una de las leyes de Zapatero de las que existen menos precedentes y consecuentes internacionales, es un producto esencialmente español, es la ley contra la violencia de género, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que consagra como cultura oficial del estado –en esta y en otras como la referida a la identidad sexual (Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas)- la perspectiva de género, y que asumió la tesis de que el hombre por el solo hecho de serlo debe ser castigado con más pena que la mujer a igual delito. 

Así se consagró un principio insólito sobre el que se ha construido toda una política y generado una mentalidad. El hombre, todo hombre, como presunto culpable. La tragedia que todo esto ha comportado está por escribir. La tragedia y los costes, porque el estado, las comunidades autónomas, las diputaciones han gastado una enorme cantidad de dinero contra esta violencia surgida de la ideología, para alumbrar un gran fracaso. Porque ahora la constatación es evidente: la ley no ha servido para nada, al menos para lo fundamental porque se siguen produciendo una media de unos sesenta asesinatos al año, una cifra que fluctúa en la medida que lo hacen unos factores muy concretos que la ley ni las políticas públicas nunca han contemplado. 

Cuando se dice en los estudios que no existe una etiología concreta del feminicidio, se está afirmando un hecho a medias. Del sujeto no, pero de las condiciones que determinan el homicidio sí. A mayor inmigración, sobre todo latinoamericana, más víctimas, y lo mismo se puede decir de las parejas de hecho. ¿Significa esto que la procedencia y/o quienes eligen aquella forma de relación son peores? Claro que no, en ningún caso. Lo que significa es que la inmigración conduce a la mujer a emparejamientos de hecho o de cohabitación, y estos a su vez son mucho más proclives a la ruptura que los matrimonios.

 Esto explica que, en términos relativos, las parejas de hecho ocasionan más feminicidios con relación a los matrimonios en una proporción de ocho a uno. Es la ruptura el factor explicativo por excelencia del feminicidio de pareja. Esto es una obviedad matemática que nunca es considerada El luctuoso suceso se produce básicamente en las previas, durante el proceso, o después de la ruptura. Este solo factor lo explica todo, o casi. 

La mediación, la gestión del conflicto, la atención psicológica, eso sí que ahorraría muertes y violencia, pero ese tipo de medidas no castiga al hombre solo ayudan, a él y a la mujer, y eso no es de interés público, porque la ideología de género tiene como una de sus enseñas la criminalización del hombre.

Rajoy se comprometió electoralmente a remediar el fracaso de la lucha contra la violencia de género, y puso al frente de la iniciativa a una persona, la ministra Dolors Monserratque, por su trayectoria previa, hacía difícil pensar que revisara los fundamentos de la legislación fracasada, como así ha sido. La comisión los estudios solo se ha dirigido a ignorar las causas reales y a castigar a los mismos de siempre, a los hombres. Algunas de las principales medidas no tienen parangón con ningún tipo de delitos, ni violadores, ni terroristas, han visto mermados sus derechos en los términos que ahora quiere hacerlo el gobierno del PP. 

Así la autoinculpación y el arrepentimiento no serán un atenuante, con lo cual se vulnera el principio de la reinserción característico de la legislación española, porque, de entrada, un sujeto se confiese arrepentido por su ofuscación momentánea y mortal, ya no será tenido en cuenta en la petición de pena, abundando de esta manera la penalización sobre la condición masculina. Pero, hay más, se niega a los hijos el derecho a visita a su padre. ¿Cómo se puede ser tan maligno? ¿Qué culpa tiene el hijo, acaso el delito por grave que sea puede borrar la paternidad? No se trata de castigar para reinsertar sino de pura y simplemente venganza. También se estimula la delación por parte de los vecinos, que pueden denunciar, aunque la pareja no lo haya hecho, a quien le parezca sospechoso. 

Se abre así la puerta a la moral de los delatores, un estigma para cualquier sociedad libre, porque legaliza la arbitrariedad y la venganza. ¿Quién podrá reclamar nada a un vecino que, cumpliendo con lo que quiere el gobierno, diga que el vecino del 4º 3ª es sospechoso de violencia contra su mujer, aunque después no haya nada de nada? Para aplicar este engendro, el Gobierno pretende gastar nada menos que 1000 millones de euros para afrontar 60 víctimas al año. Ninguna sería lo óptimo, pero ese deseo también vale para los asesinatos que no son de pareja a los que no se aplica la legislación sobre violencia de género. 

Vale para la violencia con las mujeres traficadas para la prostitución en el país de Europa con un mayor número de ellas, vale para la violencia entre parejas homosexuales que un reciente estudio de Isabel González relacionada con la Cogam, el colectivo LGTBI de Madrid señala que un 27% de los hombres y un 34% de las mujeres LGTBI declaran haber sufrido maltrato, una cifra muy superior a la de las mujeres heterosexuales, y a pesar de ello están excluidos de la ley contra violencia de género. 

Solo hombres, por favor. 1000 millones de euros, venganza y delación es lo que receta Dolors Montserrat, y Rajoy celebra encantado porque así cumple con su promesa electoral. ¿Y dentro de cinco años cuando estas nuevas medidas y todo este dinero muestren su fracaso, que harán? Ya se lo decimos Si siguen gobernando miraran hacia otra parte y Montserrat ya lucirá el título de ex.

Mientras, más sufrimiento, más arbitrariedad, para no resolver nada. Mientras, sigue huérfana de toda iniciativa legal y de toda consignación económica, la prevención y lucha de la violencia contra los menores, de la pederastia que posee un crecimiento extraordinario, de la violencia familiar contra los ancianos.

Lo único que cuenta para Rajoy es castigar al hombre, pero no por tontería ideológica como Zapatero, sino por carencia de toda idea e ideal que no sea su propio interés. Y ya se sabe que exigir una ley de este tipo siempre es un aval de progresismo. Y para quien tiene fama de ayudar a los bancos, a las grandes constructoras de autopistas sin tránsito, y al desastre de la plataforma Castor, siempre es una ayudita.

16 agosto 2017

La batalla de la eutanasia

Santiago Martín
Católicos ON LINE


Estoy convencido de que la mayoría de los que hablan de “Amoris Laetitia” no han leído la exhortación apostólica del Papa Francisco. Lo digo porque sus posiciones en temas candentes no coinciden con las que el Pontífice defiende en ese documento. O quizá es que en realidad no les importa lo que dice el Papa Francisco, sino la lectura que ellos quieren hacer de lo que dice. 

Muchas veces lo he dicho, con amigos así no se necesitan enemigos. 

La oposición del Santo Padre a la ideología de género en ese documento es frontal. Lo mismo cabe decir de su rechazo al aborto o a la eutanasia. Nadie podrá acusar a Francisco de haber titubeado en la defensa de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

Una prueba es lo que está sucediendo con los religiosos responsables en Bélgica nada menos que de 15 hospitales, en los que se atiende a más de cinco mil personas, muchas de ellas enfermos psiquiátricos. Se trata de la Congregación de los Hermanos de la Caridad, fundada en 1807 y que, como otras, está al borde de la desaparición, sobre todo en su país de origen. 

Los dirigentes de la institución en Bélgica, han decidido implementar en sus hospitales la eutanasia, que es legal en ese país desde 2002. El superior general, el padre René Stockman, se ha negado a aceptarlo y ha denunciado a sus propios hermanos a Roma, que le ha dado la razón. Pero ha sido el propio Papa, informado de la situación, quien ha urgido a tomar medidas drásticas si al final los responsables del instituto en Bélgica deciden llevar adelante la medida aprobada. O se retractan de ello o tendrán que dejar la congregación, arriesgándose incluso a una excomunión.

La firmeza del Vaticano, respaldada por el Papa, no es sobre una cuestión menor. La eutanasia se cierne sobre Europa y es ya el primer objetivo de la izquierda en su programa electoral. En Holanda es ya la causa de muerte del 20 por 100 de los que fallecen, afectando sobre todo a ancianos, los cuales la piden no porque sufran sino porque han sido olvidados por sus hijos. 

Es decir, primero les haces la vida imposible y luego les muestras el camino -la eutanasia- para acabar con los sufrimientos que les has provocado. La eutanasia, seamos claros, se está planteando sobre todo como una solución económica al elevado gasto de las pensiones y de la sanidad pública. En continentes tan avejentados como Europa, sin niños y con una esperanza de vida muy alta, el llamado “Estado de bienestar” está al borde del colapso. La solución es acabar con los mayores y con los enfermos crónicos. La eutanasia, aunque se disfrace de “muerte por compasión”, es el camino

La Iglesia ha perdido muchas batallas -aborto e ideología de género, por ejemplo-, pero está dispuesta a seguir luchando y el Papa está a la cabeza de esa lucha, lo mismo que estuvieron sus predecesores, aunque lo haga con un talente diferente. Lo de Bélgica es un ejemplo de que se va en serio.

De nuevo, el anticuado leninismo en estado puro

Luís María Anson
El Imparcial 


En el diario ABC, Hughes ha publicado un espléndido artículo en el que alinea a la CUP con un marxismo-leninismo de aroma estalinista. El comunismo del siglo XXI está presente en varios países de Iberoamérica y pugna por triunfar en Europa, desde Grecia hasta España. 

Se trata de un comunismo pleno, el mismo que fracasó de forma rotunda en las postrimerías del siglo XX, pero con el maquillaje de las elecciones que luego, si es necesario, se manipulan hasta la náusea, como se ha hecho en Venezuela. 

En Europa, salvo España, los comunistas se enmascaran en instancias varias, suprimiendo las siglas históricas del PC. Solo en España se conservan esas siglas de forma plena, si bien para la contienda electoral el PC se refugia en Izquierda Unida, que solo es una máscara, incorporada ahora a Podemos.

Hughes ha tenido el gran acierto de ilustrar su artículo con las imágenes que evidencian lo que afirma. Resulta que el cartel exhibido por la CUP contra el sistema, contra el Rey, contra Rajoy, contra el pobre Arturo Mas, contra la Iglesia, contra las instituciones que definen el españolismo, es un plagio puro y duro del que muestra a Lenin en los años veinte del siglo pasado, barriendo de Rusia las mismas instituciones a las que agrede ahora la escoba de Ana Gabriel.

Mejor es así. Libertad para todos y que la CUP se exprese, dentro de la ley, como le plazca, mostrando su verdadero rostro, es decir, la aspiración de los comunistas a una dictadura del proletariado y el retorno a los planteamientos decimonónicos de un sector de la sociedad. Todo demasiado cutre, demasiado antiguo, demasiado decadente, demasiado convencional.

15 agosto 2017

La abolición del sentido común

Juan Manuel de Prada
Religión en Libertad

Toda la historia de la filosofía moderna ha sido un combate contra el sentido común y contra los filósofos que lo sostuvieron. Y en nuestra época ese combate se ha trasladado a la política, que nos impone construcciones abstractas y utopías mórbidas con escaso o nulo anclaje en el orden real de las cosas.

Uno de los rasgos más estremecedores de nuestra época es la abolición del sentido común. Aquella fábula del rey desnudo, en la que un niño intrépido se atrevía a decir lo que todos callaban, ha alcanzado hoy su paroxismo; sólo que el desenlace de esa fábula sería hoy trágico, pues el rey de inmediato privaría de la patria potestad a los padres de ese niño, que entregaría a una parejita chunga, para que lo “reeducase”.

El desprestigio del sentido común no es un fenómeno reciente. Todos los sistemas filosóficos prometeicos que han querido negar la naturaleza de las cosas se han preocupado de anatemizar el sentido común. Así, por ejemplo, Hegel (el Antiaristóteles por excelencia) arremete en el prólogo de su Fenomenología del espíritu contra «el sentido común y la inmediata revelación de la divinidad, que no se preocupan de cultivarse con la filosofía» y que son «la grosería sin forma ni gusto». 


Resulta, en verdad, muy revelador que Hegel vitupere en la misma frase la Revelación divina y el sentido común humano; prueba inequívoca de que sabe misteriosamente –como sólo saben quienes creen y tiemblan– que ambos se amamantan de la misma luz.

Y es que, en efecto, el sentido común no es un amontonamiento informe de opiniones cazurras o tópicas sobre esto, eso y aquello. El sentido común es el juicio sano que permite el conocimiento de la verdad de las cosas; y es un sentido que tiene toda persona, con independencia de que sea creyente o incrédula, si no ha sido ofuscada por visiones culturales o ideológicas deformantes. 


Toda la historia de la filosofía moderna ha sido un combate –a veces soterrado, a veces furioso– contra el sentido común y contra los filósofos que lo sostuvieron, empezando por Aristóteles. Y en nuestra época ese combate se ha trasladado a la política, que nos impone construcciones abstractas y utopías mórbidas con escaso o nulo anclaje en el orden real de las cosas. 

Las ideologías modernas han logrado instaurar de este modo una nueva barbarie (como siempre ocurre cuando se pierde contacto con la realidad), sólo que esta vez se trata de una barbarie más incitante y golosona, porque nos hace creer que somos soberanos.

No pensemos bobaliconamente que esta abolición del sentido común propone a cambio diversas “versiones relativistas" de la realidad. Por el contrario, aunque ofrezcan aderezos variados, lo cierto es que las ideologías en liza ofrecen las mismas definiciones dogmáticas que, por supuesto, niegan el sentido común y postulan la subversión del orden real de las cosas. Sus premisas no pueden ser discutidas; y quienes se atreven a hacerlo son de inmediato señalados, desprestigiados, estigmatizados, incluso civilmente eliminados. 


Y, entretanto, las definiciones dogmáticas contrarias al orden real de las cosas son proclamadas por “iluminados” de izquierdas y derechas con todos los medios propagandísticos puestos a su servicio, hasta la abolición completa del sentido común, hasta la conversión de los hombres en bestias esclavizadas que, además, se creen grotescamente soberanas.

En estos momentos asistimos a la última ofensiva contra el sentido común, con la imposición de leyes que atentan contra la misma naturaleza humana, que la rectifican hasta convertirla en una parodia (no en vano los clásicos llamaban al demonio “el simio de Dios”) y que consagran la muerte civil de quienes osen rechistar. 


Sin embargo, más acongojante aún que estas leyes que van a imponernos es el remoloneo inane de la única institución que, por ser depositaria de la Revelación divina, podría reavivar el sentido común entre los hombres esclavizados. Ese remoloneo inane hiela la sangre en las venas.

Publicado en ABC el 14 de agosto de 2017.

¿Próximo parón de la economía española?

Juan Carlos Barba
El Confidencial 


En contra de lo defendido por el Gobierno, el crecimiento de la economía española solo tiene causas monetarias, y están empezando los problemas.

Las tesis defendidas por el Gobierno del PP, y asumidas acríticamente por buena parte del PSOE y de la izquierda, defienden que el crecimiento de la economía española se está produciendo desde 2014 por causas endógenas, es decir, una reestructuración de la economía española que ha hecho que esta sea más competitiva. 


Otros, sin embargo, defendemos que se trata solo de una recuperación lógica en una economía con un capital y una fuerza de trabajo infrautilizados y que había estado sometida a un estrangulamiento financiero persistente desde 2008. Al desaparecer en buena medida este estrangulamiento financiero, es lógico que ese 'stock' de capital y trabajo inactivo se ponga en marcha rápidamente. Los estudiosos de los pánicos financieros habituales en el primer siglo del capitalismo saben bien que era la dinámica habitual de funcionamiento de la economía.

En este artículo, defiendo que los datos financieros existentes apuntan a que la expansión producida desde 2014 podría estar agotándose. ¿Y cuáles son estos datos?

En primer lugar, comenzamos con el crecimiento de la masa monetaria. En el gráfico podemos ver la evolución de este parámetro en los últimos años, representando la M1, M2 y M3. Dado que la M1 es solo una pequeña parte (sobre el 10%) de la M3 (y sobre el 15% de la M2), nos fijaremos especialmente en este último dato.




Como vemos, el crecimiento de la M3 fue negativo durante la mayor parte de la crisis, y no se han visto crecimientos firmes y persistentes de este parámetro hasta el año 2014. Sin embargo, a partir de finales de 2016 se ve cómo el crecimiento está siendo cada vez más lento y actualmente está cercano a cero.

Esto se está reflejando en que la recuperación incipiente del créditoestá dando signos de debilitamiento, como se ve en el siguiente gráfico de saldo crediticio a familias y empresas.




Todo este proceso fue impulsado de forma premeditada por la UE utilizando como instrumento la política monetaria del BCE, con el fin de salvar la moneda única de una desintegración que estuvo a punto de producirse entre 2011 y 2012. Como dijo Draghi hace ahora cinco años: “El BCE hará todo lo necesario para sostener el euro. Y, créanme, eso será suficiente”.

Esto se reflejó en el balance del Eurosistema, como vemos en el siguiente gráfico. Realmente el BCE ya a partir del 2011 estaba haciendo todo lo necesario, y desde las declaraciones de Draghi las fugas de capital de las economías periféricas disminuyeron y el balance del Eurosistema pareció que podría volver a estabilizarse.



En este gráfico, más que ver los balances del TARGET2 lo que de verdad vemos representado es la desconfianza entre los bancos de la eurozona, que a pesar de la mejora de la tendencia entre 2012 y 2014 nunca llegó a normalizarse y finalmente ha vuelto a empeorar otra vez hasta máximos. Pero a partir de abril de este año, la posición de España e Italia ha dejado de empeorar, a pesar de que la de Alemania ha seguido haciéndolo, como se ve en el gráfico y más en detalle en la siguiente tabla.

Pinche para ampliar la tabla.

Desde mi punto de vista, todo esto lo que quiere decir es que no se ha conseguido acabar con el estrés financiero de la eurozona. Y no solo eso, sino que está aumentando de nuevo.

Esto anticipa, a mi modo de ver, y si no cambian las cosas rápidamente, un parón en las economías de Italia y España por una disminución de la disponibilidad de crédito. Los bancos españoles no tienen reservas apreciables en estos momentos. Si la facilidad de depósito en el BCE para el conjunto de los bancos de la eurozona es de casi 600.000 millones de euros, en el caso de los bancos españoles es de unos testimoniales 557 millones.

¿Y por qué no se consigue que vuelva la confianza a España e Italia? La razón última es que los respectivos gobiernos no han hecho los deberes. Simplemente han dejado que la bonanza monetaria, con su reflejo en la demanda y por tanto en la recaudación fiscal, haga mejorar el déficit, han hinchado pecho y se han hartado de salir en los medios de comunicación atribuyéndose esto como mérito propio, a la vez que toda una corte de economistas que anteponen la conveniencia al rigor se dedicaban a adularles. 


Los economistas más mediáticos de la izquierda, además, no se están enterando de casi nada y no se han dedicado a denunciar la gravedad extrema de lo que está ocurriendo y cómo estamos una vez más desaprovechando una oportunidad de oro para hacer reformas de calado en nuestra economía que permitan que empresas modernas surjan y sean capaces de funcionar e impulsar la economía.

El Gobierno ha dejado que la bonanza monetaria haga mejorar el déficit y se ha hartado de salir en los medios atribuyéndose esto como mérito propio

El BCE, mientras, no va a tomar ninguna medida más de momento. Todo lo que expone este artículo es evidente que Draghi o Dijsselbloem lo conocen perfectamente, pero por la enorme repercusión de cualquier declaración que hagan, no pueden decirlo en público. La actitud que se va a tomar desde Europa es esperar a que no se confirmen estas tendencias, y si es así, decidir si se toman medidas o no cuando los indicadores de estrés financiero grave (aumento de los CDS de la deuda soberana y de la prima de riesgo) hagan una vez más la situación insostenible.

El enfado desde Europa debe ser monumental, ya que son conscientes de que todo lo que se les dé a españoles e italianos solo sirve para alimentar las monumentales redes de corrupción político-económica de ambos países. Pero, desgraciadamente para nosotros, los ciudadanos de a pie, y afortunadamente para los corruptos, Europa es en estos momentos prisionera de sus propias contradicciones, por lo que es más que probable que una vez más salven los muebles cuando llegue el momento.


14 agosto 2017

La cultura del cabreo

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA

Unos días antes del verano, los autobuses de la línea Circular de Madrid eran tardones y venían abarrotados. Íbamos como sardinas en lata. El espacio era el mínimo para mantenerse en pie y la incomodidad se palpaba. Tanto que la convivencia dentro del autobús era todo menos serena y pacífica. Saltaban chispas en los que pretendían bajarse y justos reproches de los que no podían moverse para darles paso.

En uno de esos agobios, un señor mayor, a mi lado, se dejó decir: parece que fuera a llegar el fin del mundo y a todos nos entraran prisas por llegar a la vez a todas partes. Se nos ve a todos más cabreados que amables y condescendientes, sobre todo en ocasiones así, de apretujón y estrés.

Le respondí que sí; que tenía razón. Y seguimos estrujados, entre vaivenes y quejas de unos contra otros y sobre todo contra el ayuntamiento que no se cansa de inculcar el uso del transporte público sin evitar que ese medio de transporte sea –con bastante frecuencia- un verdadero tormento para los usuarios. Y me quedé pensando, sobre todo, en la expresión del hombre mayor mientras pugnaba heroicamente por mantenerse en pie… Andamos, efectivamente, más cabreados que condescendientes y amables, hasta en situaciones en que esas dos virtudes cívicas son indispensables para que nosotros mismos convivamos mejor.

Por cabreo entiendo lo que señala el Diccionario de la Lengua: el hecho o efecto de cabrearse, es decir, de enfadarse y estar de mal humor, de encresparse, de salirse de las casillas. Y muestras y componentes del cabreo son la crispación, el malhumor, el asalto a la yugular a la mínima, la intolerancia, el tomar las cosas sólo por donde queman. 

 Cuando el cabreo se convierte en una seña de identidad o en un estado permanente de crispación y asedio de los unos a los otros es indicio fuerte de que esa sociedad permanentemente cabreada, o está enferma o afectada seriamente de frustraciones y resentimientos, que al cabo enfermedades son o causa de enfermedades del alma.

Hace unos días leía un delicioso y significativo ensayo de G. K. Chesterton que se titula Pajaritos que no cantan. Al leerlo, puse –como acostumbro cuando leo- unos subrayados y tomé unas notas. Helas aquí:

El ensayo se me hace exponente de la filosofía de la vida que profesara Chesterton, y que bien pudiera resumirse en la idea de que no todo lo pasado fue peor y que el humor, el ingenio, la ironía o la risa –llevados a la vida –la de relación sobre todo- con naturalidad y mesura- pueden volverse armas eficaces contra la estupidez, la ignorancia o la petulancia.

Chesterton, en su ensayo, anota las impresiones de un viaje a la costa de Flandes y las observaciones que le sugirieron unas viejas tallas de las gentes del mar o de la tierra –marineros, segadores, menestrales, simples trabajadores en una palabra-, a las que veía realizar sus tareas cantando las propias canciones, las que la poesía de los oficios había ido gestando como voz rimada del pueblo. Canciones del mar, de la tierra, de la familia, de la montaña o el llano, de segadores y marineros….

Y viene a decir Chesterton que “hacer el trabajo cantando” es una vieja y sana virtud que se ha perdido irresponsablemente. “¿Cómo es que la gente canta rudos poemas cuando tira de una soga o recoge fruta y porqué nadie hace nada parecido mientras se dedica a cualquier actividad moderna?... Si los segadores cantan durante la siega ¿por qué no hacen lo mismo los auditores mientras auditan y los banqueros mientras realizan operaciones bancarias?” Si hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un barco ¿por qué no hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un banco?”.

Y cuanto más pensaba en el asunto -dice- “más dolorosamente seguro estaba de que las actividades modernas más importantes y significativas no pueden llevarse a cabo acompañadas de un coro”.
“Hay algo espiritualmente sofocante en nuestras vidas; no sólo en nuestras leyes, sino en nuestras vidas. Los empleados de banco no tienen canciones y no porque sean pobres sino porque están tristes. Los marineros son mucho más pobres que ellos” y cantan al trabajar.

De camino a casa, pasé junto a un pequeño edificio de teja, de alguna orden religiosa, que estaba estremecido por unas voces igual que resuena con voz propia una trompeta. Sea como fuere, bien o mal, estaban cantando y por un instante se me ocurrió una idea fantasiosa que ya se me había pasado antes por la cabeza: que, entre nosotros, lo humano ya sólo puede encontrarse en lo sobrehumano. La naturaleza humana, al verse perseguida, ha corrido a acogerse a sagrado”.

Ante tan delicioso y significativo ensayo y las puntadas, agudas y nada sobradas, de Chesterton, una elemental consideración parece imponerse. Aquellos marineros, segadores, menestrales, labradores eran más pobres y tenían menos adelantos que los banqueros y cualquier ciudadano de hoy, todos con el móvil en la mano, los auriculares en los oídos y unos cuantos aires de superhombre en la mayor parte. Tenían menos pero eran más. Eran menos ricos, menos poderosos, menos adictos al “Estado del bienestar”, pero no estaban tristes. 

 Tenían menos cosas pero tenían en cambio más perspectivas, y sobre todo más prometedoras y a largo plazo. No se les cerraba la vida ante un ordenador, una cadena de música o las brujerías de las redes. No se comunicaban por “watsapp” sino a silbos o a voces, pero se entendían mejor. Tenían más enfermedades del cuerpo pero menos del alma…. Para nada les sonaba todo eso del tedio, la “nausea” o las fantasías de la “muerte de Dios” o el “superhombre” a la mano de todos los hombres. No estaban tristes porque se sabían humanos y tenían esperanza, a pesar de ser más pobres que ahora.

Estos pensamientos que darían para mucho pensar y decir, valorar y discutir los acojo bajo el título de un librito vasco de chistes y anécdotas que a veces releo cuando siento –más o menos cerca- el asedio de las que llamo las parálisis del espíritu, desde el miedo o la zozobra hasta los amagos de astenia o depresión: “Reírse a pesar de todo”; pero ni tanto que parezcas un insensato de la carcajada, ni tan poco que parezcas un revivido “caballero de la triste figura”.

Mis frases del día de hoy?

Una sobre la risa. Un clásico como Epicteto aconsejaba: “No te rías de todo, ni por cualquier cosa, ni ruidosamente”, pero aprovecha –lo añado yo- para reirte alguna vez. Es saludable y no cuesta dinero.

Y esta otra sobre la alegría, la del vivir, sobre todo: “Hay gentes a las que el solo hecho de respirar les produce alegría” (lo reconoce W. Morris en The Earthly Paradise: Bellerophon at Argos, V, 472). 

La veo yo esta mañana como la otra cara del título del libro de chistes antes dicho: Riete a pesar de todo. Por el bien de uno mismo y el de los demás. También para mejorar la tristeza que traen consigo las parálisis del espíritu, hasta las que aparecen vestidas de terciopelo modernista.

El sofisma del federalismo

Lorenzo Abadía
EL ESPAÑOL

El autor analiza la teoría política en torno al federalismo y explica por qué este modelo no solucionaría el problema catalán.

Los acontecimientos sucedidos en esta década ominosa catalana están precipitando soluciones políticas que amenazan a España como unidad política, es decir, como nación moderna. Pues, ideada en Westfalia y consagrada en la Revolución francesa, la nación no es otra cosa que el hecho colectivo existencial que determina la unidad política sobre la que se estructura el Estado.

Que todavía existan excepcionalmente naciones sin Estado no debe hacernos olvidar que algunas, como Escocia, siguen manteniendo desde el principio el derecho positivo de crear su propio Estado soberano y, otras, cuya existencia política colectiva de acuerdo a criterios objetivos queda demostrada por la historia, han sufrido la injusta dominación de una potencia extranjera. Confundir esto con el concepto de región con particularidades culturales integradas en una unidad política, a la que tanto han contribuido a dar forma con sus manifestaciones artísticas, económicas y sociales, sólo puede ser causa de la ignorancia más absoluta o del oportunismo más voraz. 

Pero, desgraciadamente, aquí es donde nos encontramos: en el intento, cada vez más pertinaz, de aprovechar la debilidad de la clase política española y la apatía de los ciudadanos para lograr, sobre la base de la tergiversación pública de la historia y del concepto de democracia, lo que hasta hace poco parecía imposible a ojos de la mayoría.

La solución que uno de los dos partidos hegemónicos de la izquierda aporta a través del federalismo conlleva el mismo gen destructor de la nación que el derecho de autodeterminación que propone el otro, porque atenta de igual modo contra la unidad política de España. Es más, al igual que ocurre cuando se aboga por las listas abiertas como solución al problema de la ausencia de representación de la sociedad civil en el Estado, es preferible mantener el cinismo cristalino de lo actual que soportar el ardid de un sofisma. Pues resulta más fácil de combatir.

Nadie que se haya acercado al estudio del federalismo duda de que éste consiste en un pacto entre Estados soberanos, aunque muchos equivocan el lugar en donde reside la soberanía, que en realidad no es en la nación sino el Estado y, en concreto, en palabras de Max Weber, allá donde se ostenta el monopolio de la violencia legítima. Es decir, en el poder ejecutivo.

Sin embargo, no todo el mundo comprende que ese pacto entre Estados inocularía en la España actual el germen de la destrucción. Porque, aunque quedase constitucionalmente fijado que los Estados miembros no fueran soberanos, se les habría reconocido un estatus que la historia les ha negado y que los nacionalismos aprovecharían para reivindicar. Pasar del estatus de región al de Estado no soberano conlleva conceptualmente mayor esfuerzo que pasar posteriormente de la condición de Estado no soberano al de soberano.

Esto es así porque la cuestión federal no viene determinada por el modo en que se reparten las competencias sino por la naturaleza política de su Constitución, es decir, por el lugar en donde resida la soberanía. Y a este respecto hay muchas interpretaciones del federalismo, incluso entre la doctrina más autorizada. La diferencia conceptual entre los grandes maestros del constitucionalismo, de la teoría del Estado y de la filosofía política está directamente relacionada con la consideración que dichos autores tienen del ejercicio de la dominación.

Una parte importante de ese pensamiento político (Jellinek, Carré de Malberg) reconoce a los Estados su entidad, pero no les otorga la condición de soberanos. Otra, confiere al derecho positivo la soberanía, de modo que, si el derecho de autodeterminación no está reconocido en una Constitución, éste no puede aplicarse (Kelsen). 

A ambas se adscriben los españoles que apuestan por el federalismo. Pero también existe la doctrina que opina que la soberanía se encuentra en ambas partes, federación y Estados (Tocqueville, Weiz). Y por supuesto, la que otorga a los Estados la condición de soberanos (Calhoun, Seydel, Schmitt).

 Sería la que emplearían los nacionalismos al día siguiente de la promulgación de una Constitución federal, alegando que, como Estados reconocidos, suscribieron un tratado internacional, al que dieron naturaleza constituyente, a través del cual renunciaron a su soberanía pero que, ateniéndose al reconocido principio del derecho internacional rebus sic stantibus, las condiciones habrían cambiado y por lo tanto el tratado devendría nulo, recuperando así su soberanía.

La viabilidad sería discutible, porque los Estados en cuestión habrían sido soberanos sólo por un instante, el tracto entre la derogación del ordenamiento jurídico instaurado por la Constitución del 78 y la aprobación del que estableciese la nueva Constitución. 

Pero el triunfo para el secesionismo sería rotundo, porque se habría pasado de no disponer del más mínimo derecho a la secesión, como efectivamente evidencian actualmente violando la legalidad, a incardinarse en la casuística que parte de la doctrina del federalismo soberanista admite. Y habría que ver lo que el derecho y las instituciones internacionales opinaban al respecto. En el peor de los casos habrían logrado el reconocimiento constitucional de su condición de Estado y de su unidad política. La diferencia respecto a la situación actual es sencillamente abismal.

Dadas las circunstancias en las que se encuentra España, con la nación en tela de juicio y el Estado amenazado, cualquier intento federal pondría en serio peligro el poder constituyente y se destrozaría la unidad política, antesala de la destrucción de nuestro sistema de derechos y libertades.

No sirven los ejemplos de países de nuestro entorno con estructura federal. El federalismo en Alemania y Suiza proviene de confederaciones anteriores, y se implantó como solución para unir Estados independientes que habían vivido separados durante siglos, con la leve ligazón estructural de una débil confederación. 

En Austria, resultado del colapso del Imperio austrohúngaro, Estados que fueron independientes coexisten con otros que pertenecieron a distintos Imperios o Estados-nación, de los que uno incluso había celebrado un referéndum de autodeterminación. 

La realidad española es radicalmente opuesta. España ya era una nación histórica desde hacía siglos cuando en el siglo XIX se convierte en un Estado moderno.

Es cierto que ha habido casos en los que se ha transitado de un Estado unitario a uno federal, como por ejemplo Brasil y Bélgica. Pero si los analizamos, tampoco nos sirven de ayuda a los españoles. En Bélgica, las leyes lingüísticas de 1963 llevaron erróneamente al federalismo en 1993. Veinte años después, lejos de solucionar lo que pretendía, el federalismo está a punto de provocar la división del país, pues es obvio el peligro que supone cuestionar la unidad política y el sujeto constituyente.

 En 1891, Brasil pasó de ser un Estado unitario, llamado Imperio, a uno federal que transformó las antiguas provincias en Estados federados de la República, pero en esos vastos territorios no existían tensiones nacionalistas. Y, además, se tuvo la precaución de instaurar al mismo tiempo un sistema presidencialista con plena separación de poderes.

Conviene recordar la teoría de Carl Schmitt sobre la homogeneización sustancial entre los Estados miembros de una federación como conditio sine qua non de su Constitución, cualidad sin la cual el conflicto en la federación se convierte en algo perfectamente concebible. En los años treinta del siglo pasado ya advertía de que dicha homogeneidad debía fraguarse no tanto sobre la clase social, la religión, o la cultura, como sobre la cuestión nacional.

Después de cuarenta años de permanente propaganda antiespañola propiciada por los gobiernos autonómicos de la mayoría de las regiones y aceptada indistintamente por todo gobierno central, está claro que hoy en España no existe la necesaria homogeneidad sustancial nacional a la que aludió Schmitt.

Se necesitarían años de acción pedagógica por parte del gobierno central para revertir la situación. La solución federal es una bomba de relojería para la nación española. El federalismo cuestionará todavía más nuestra unidad política, cuyo poder constituyente será recusado por el derecho de autodeterminación de los Estados miembros que emana, como hemos visto, de muchas doctrinas federalistas.

Por si faltaba algún ingrediente a esta olla de presión, el PSOE acaba de llamar a España “nación de naciones”, de modo que, si a los futuros Estados federados catalán y vasco les faltaba la legitimidad de ser una nación para reivindicar su soberanía o su derecho a la secesión, el señor Sánchez se lo acaba de brindar en bandeja de plata.

Que los nacionalistas catalanes no acepten el federalismo de una nación de naciones sólo evidencia su desmesurada ambición personal de poder. Sería la vía más segura para la autodeterminación futura, pero no la disfrutarían los actuales jefecillos sino una generación posterior. 

Lo que les interesa es ser ellos y no sus hijos quienes disfruten del poder, y dado que creen que lo tienen al alcance de la mano en el momento actual, están eligiendo por el oportunismo, la vía más rápida, aunque sea la más arriesgada. De nuevo es preferible su cinismo que el sofisma federalista. 

Sería más fácil combatirlo, siempre que tuviéramos un gobierno nacional digno de tal nombre.

España y su descristianización

Pedro Trevijano
Religión en Libertad

En España, hasta hace poco, la transmisión de la fe contaba con un gran apoyo sociológico. El ambiente social, la escuela y las tradiciones populares eran transmisores de una visión creyente de la vida. Pero hoy se puede decir que se ha perdido casi totalmente esta primera evangelización en nuestra sociedad.

En la oración de la misa del día de Santiago se reza esto: “Por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos”. Ante una oración así, no puedo sino preguntarme: ¿será así?

A primera vista, el panorama no parece muy halagador. Nuestras iglesias están llenas en general de gente mayor y no se ve, aunque haya excepciones brillantes, mucha gente joven. Incluso recuerdo el comentario de una persona de mediana edad, viendo la salida de misa: “Los abuelos salen de misa”. Me viene a la mente lo que sucedía en la Rusia soviética: a la Iglesia sólo iban los mayores, los ya jubilados, pero los mayores siguieron yendo a la Iglesia durante más de setenta años, y sospecho que no eran los mismos que al principio de la Revolución.

En España, hasta hace poco, la transmisión de la fe contaba con un gran apoyo sociológico. El ambiente social, la escuela y las tradiciones populares eran transmisores de una visión creyente de la vida. Pero hoy se puede decir que se ha perdido casi totalmente esta primera evangelización en nuestra sociedad, e incluso muchos matrimonios, por no hablar de los otros tipos de relaciones, no transmiten ya los valores religiosos y evangélicos, por lo que domina una cultura no cristiana que pone su énfasis en el hombre mismo, en su autonomía moral, en el dominio del mundo por la ciencia y la técnica, en el disfrute inmediato de todo, en una vida exclusivamente pagana y terrena.

Nuestra sociedad es indudable que está muy afectada por la descristianización. Relativismo e ideología de género campan a sus anchas con una juventud que ha recibido una educación desastrosa, en la que se ha pretendido abolir el esfuerzo y el ejercitar la memoria, con lo que la cabeza está vacía y se ha olvidado eso de que la inteligencia es el arte de relacionar las cosas entre sí, y que lo que merece la pena casi siempre exige sacrificio. 

En cuanto a las universidades, muchas de ellas son víctimas de la endogamia a la hora de la renovación del profesorado. Por otra parte, de vez en cuando se oyen frases como “las únicas iglesias que iluminan son las que arden”, y prácticamente nunca se oye decirles a estos analfabestias desde sus partidos y sectores afines que no sean burros y, en cuanto a sus contrarios, los partidos de derechas, se callan en nombre de lo políticamente correcto, porque a unos y otros la cultura les importa muy poco.

La libertad sexual extrema que defiende la ideología de género, en nombre de la neutralidad y la objetividad -¡ellos, que combaten que haya valores objetivos!- se opone abiertamente a los valores cristianos y, favorecidos por la presión tanto del ambiente como de los medios de comunicación, tratan de inculcar determinadas normas, más fuertes precisamente por ser tácitas, como “la virginidad está desfasada”; “no tener vida sexual a los diecisiete años es anormal”; “todas las formas de sexualidad son normales”; “si no haces lo que todo el mundo, eres un raro”; “el matrimonio es retrógrado”... lo que hace que muchos de nuestros jóvenes piensen que una salida nocturna tiene que terminar en la cama con el primero o primera que esté dispuesto a ello. 

Estamos ante una auténtica prostitución, eso sí, amateur, porque lo hacen gratis y sin cobrar. Pero la ideología de género no se detiene ahí, sino que afirma abiertamente y sin ni siquiera preocuparse en disimular que su objetivo es ni más ni menos que destruir la maternidad, el matrimonio, la familia, la solidaridad entre las generaciones, la naturaleza del sexo; y, por si fuera poco, pretende hacer ilegal cualquier opinión que no coincida con la suya.

Las consecuencias de estos disparates estatales son gravísimas: muchos jóvenes se dejan llevar por estas ideas y son incapaces de contraer un matrimonio estable y fundar una familia, puesto que no conocen el sentido de la palabra fidelidad ni en consecuencia nunca alcanzan la madurez precisa para poder contraer matrimonio. 

Ello va a suponer la continuación del descenso del número de hijos, lo que significa no sólo un descenso de población, sino un tremendo vacío religioso y moral. Pero como a los relativistas y los partidarios de la ideología del género lo que les mueve es el odio a la Iglesia católica, y sólo ven lo inmediato, se apoyan en dictaduras como la de Irán, aunque allí los derechos de las mujeres brillan por su ausencia y los homosexuales son ahorcados. 

La realidad, sin embargo, nos dice que aun en estos tiempos en los que se intenta descaradamente desde la legislación destruir a la familia, el matrimonio y la familia siguen siendo aún hoy la respuesta más adecuada a las necesidades afectivas, sexuales y sociales del varón y de la mujer, y así lo señalan el sentido común y cualquier estadística seria.

Desde luego los que creemos en Dios, en Jesucristo, en la Iglesia y en España no podemos perder la esperanza, porque la esperanza es lo específico del cristiano. Creo que la solución es sencillamente la recristianización. En este punto no puedo por menos de acordarme de las palabras de Jesús a Pablo en Corinto: “No temas, sigue hablando… porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad” (Hech 18, 9). 

No dudo que hay mucha gente admirable y profundamente cristiana, así como padres dispuestos a tomarse en serio la educación de sus hijos, y a quienes no les duele sacrificarse por ellos y además piensan que Dios es mucho más poderoso que Satanás.

Siempre la Guardia Civil

Pablo Planas
Libertad Digital

En una región devastada por la propaganda del odio a España como es Cataluña, los ciudadanos tienen más confianza en la Benemérita que en el 'Govern'.

Los abnegados agentes de la Guardia Civil lo mismo valen para un roto que para un descosido. En calidad de policía judicial, están al cargo de las diligencias relativas a la corrupción nacionalista del tres por ciento y de las afectas a la organización del referéndum separatista que según Rajoy no se va a celebrar el 1 de octubre. 

Las actuaciones del Instituto Armado son de una reconocida profesionalidad y solvencia, al punto de que en una región devastada por la propaganda del odio a España como es Cataluña los ciudadanos tienen más confianza en la Benemérita que en el Govern y en el Parlament, según la última encuesta del CIS catalán.

Al parecer, la caricatura garbancera del tricornio y el 23-F que difunde con gran despliegue de medios el nacionalismo, sea vasco o catalán, no cala en una ciudadanía empecinada en mostrar un cierto respeto por los hombres de verde.

Tal vez se deba al consistente sentido de la justicia del que hacen gala los guardias, a su innegable vocación de servicio y acendrada disciplina o a su contrastada eficacia, pero el caso es que un número de la Guardia Civil representa de forma más positiva y concreta al Estado que un ministro o un alto cargo. Por lo que sea, infunde más confianza.

Llevaría décadas y sería en balde determinar las verdaderas causas del prestigio de la Guardia Civil en particular y de las fuerzas del orden españolas en general entre quienes conducen serenos. El sistema político surgido de la Transición puso de relieve el valor y mérito de los policías –picolos, maderos, cipayos, mozos o pitufos– en la defensa de la vida y la democracia frente al terrorismo etarra. 

Cientos de miles de ciudadanos pueden referir alguna circunstancia en que los uniformados fueron ángeles de la guarda por tierra, mar y aire. El catálogo de especialidades policiales es tan inabarcable como las razones a su favor.

Es un espejismo, pero la única vez en Cataluña que los manifestantes contrarios a la independencia han sido más que los partidarios resultó ser la ocasión en que la CUP llamó a protestar frente a las puertas de la comandancia de la Guardia Civil en Barcelona. 

Gran chasco separatista, tanto de los espantaturistas de la CUP como de los Rull y Turull que han llegado al extremo de denunciar a los agentes que por orden de un juez interrogaron a un grupo de altos cargos de la Generalidad.

Por primera ocasión en lo que va de legislatura postautonómica la lideresa cupera Anna Gabriel fue burlada. Ella, que se cargó a Mas, estaba dando la cara por unos convergentes junto a unas decenas de colegas entre los que no había ni un solo alto cargo de la Generalidad, ni el más ignoto militante pedecato ni el más levantisco dirigente republicano. Ni siquiera el secretario de Turull, el pedazo de portavoz que anunció la denuncia contra la Guardia Civil vía Twitter.

Ante las groseras mentiras de la Generalidad y la silente impasibilidad del Gobierno, el magistrado al cargo de las investigaciones sobre los mangoneos de los altos cargos de Puigdemont y Junqueras se vio en la tesitura de tener que desmentir que los agentes fueran unos torrentes sin control, según bramaba el excitado Turull.

Agua pasada. Ahora el epicentro del proceso está en el Aeropuerto de El Prat-Barcelona. El personal de los arcos de seguridad se ha declarado en huelga y cuarenta empleados han caído enfermos al tiempo y de repente. El colapso se arrastra desde finales de julio. 

Miles de personas han perdido sus vuelos, las esperas para acceder a las terminales han marcado registros de cuatro horas. Tercermundista imagen carroñeada por la Generalidad y sus extensiones ante la abstención del Estado encarnado en Fomento y Aena, cuyos mandos apuntan ahora la opción Benemérita si Interior da el visto bueno. 

La Guardia Civil siempre presente, pero no estaría de más que alguna vez los encorbatados, en este caso los muy bien pagados directivos de Aena, se hicieran cargo sin tener que tirar de los uniformados. Es lo mismo que pasa con el artículo 155 de la Constitución, que de haberse aplicado a tiempo hubiera evitado el bochorno de dos manifestaciones frente al cuartel de la Guardia Civil en Barcelona.

13 agosto 2017

Iglesias del Este, una espina al costado del Papa

Sandro Magister
InfoVaticana

Europa oriental es una espina al costado del pontificado de Francisco y son numerosos y varios los elementos que lo prueban.

En el doble sínodo sobre la familia, los obispos de Europa del Este han sido los más resueltos defensores de la Tradición, comenzando por el relator general de la primera sesión, el cardenal húngaro Péter Erdõ, autor entre otros de una clamorosa denuncia pública de las erróneas actitudes llevadas a cabo por la facción reformista, ésta última manifiestamente apoyada por el Papa.

Concluido el sínodo, de nuevo llegaron de Europa oriental las interpretaciones más restrictivas del documento papal “Amoris laetitia”. En especial los obispos de Polonia se han expresado en coro por una aplicación del documento en perfecta continuidad con la enseñanza secular de la Iglesia, desde los orígenes hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI.

También los obispos de Ucrania – donde los católicos son el 10% de la población – están entre los más empeñados en contrastar las rupturas respecto a la Tradición, en materia de matrimonio, de penitencia y de eucaristía. Pero además no han dejado de criticar fuertemente las posiciones filo-rusas del papa Francisco y de la Santa Sede en relación a la guerra en curso en su país, una guerra que ellos viven como una agresión por parte, justamente, de la Rusia de Vladimir Putin.

El abrazo entre el Papa y Cirilo, el patriarca de Moscú, en el aeropuerto de La Habana el 12 de febrero del 2016, con el documento anexo suscripto por ambos, ha sido también un elemento de fuerte fricción entre Jorge Mario Bergoglio y la Iglesia Católica ucraniana, la cual se ve injustamente sacrificada sobre el altar de este acercamiento entre Roma y Moscú.

La muerte acontecida el pasado 31 de mayo del cardenal Lubomyr Husar, penúltimo arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica de Ucrania, llamó la atención sobre esta personalidad de altísimo perfil, capaz de reedificar espiritualmente una Iglesia salida de décadas de persecución, sin ceder en lo más mínimo a los cálculos diplomáticos – en eje con Moscú y su patriarcado – que por el contrario han vuelto a prevalecer durante el pontificado de Francisco.

El sucesor de Husar, el joven Sviatoslav Shevchuck, es bien conocido por Bergoglio, a causa de su anterior actividad pastoral en Argentina. Pero él es también uno de los críticos más nítidos de las derivaciones del actual pontificado, tanto en el terreno político como en los terrenos doctrinal y pastoral.

Y “no fue ciertamente una casualidad”, ha escrito hace tres semanas el Papa emérito Benedicto XVI en ocasión de la muerte de su amigo, el cardenal Joachim Meisner, ex indomable arzobispo de Berlín durante el régimen comunista, “que la última visita de su vida haya sido hecha a un confesor de la fe”, un obispo de Lituania de quien se celebraba la beatificación, uno de los innumerables mártires del comunismo en la Europa del Este que corren el riesgo hoy de caer en el olvido.

*

En este contexto, surge entonces naturalmente la pregunta: ¿cuál es en esta región de Europa el estado de salud del catolicismo, que se sabe que está en grave declinación en otras áreas del mundo y, en particular, en la contigua Europa occidental?

Esta pregunta ha sido respondida en forma exhaustiva – aunque sólo en términos sociológicos – por una profundísimo sondeo del Pew Research Center, de Washington, que es quizás en el mundo el medidor más confiable de la presencia de las religiones en la escena pública:

> Religious Belief and National Belonging in Central and Eastern Europe

El sondeo consideró precisamente los países de Europa oriental, casi todos sometidos en el pasado a regímenes ateos comunistas. Y el primer dato que golpea es el renacimiento que se produjo en ellos, casi en todas partes, de un fuerte y difundido sentido de pertenencia religiosa, que para los ortodoxos – en toda el área netamente mayoritarios – coexiste con una escasa frecuencia a las liturgias dominicales, mientras que para los católicos ese sentido de pertenencia está acompañado con una participación semanal a la Misa más bien relevante: en Polonia, por ejemplo, concurren el 45% de los bautizados y en Ucrania el 43%, mientras que en Rusia la concurrencia a la liturgia dominical para los fieles de confesión ortodoxa es sólo del 6%.

La República Checa es la que más se ha visto afectada por el ateísmo de Estado, lo que sumado a una más antigua hostilidad anticatólica que se remite al protestantismo “husita” y a la posterior recatolización impuesta por los Habsburgo, ha hecho que hoy en este país el 72% de la población se declare ajena a cualquier fe religiosa. Pero también aquí, entre los católicos – que son una quinta parte de la población – los practicantes dominicales son de todos modos el 22%, es decir, más o menos como en Italia y algunos más que en Alemania, Francia o España, para no hablar de Bélgica y Holanda.

Y lo mismo vale en otro país como Bosnia, donde los católicos son poquísimos, apenas el 1,8%, pero entre ellos los practicantes dominicales son directamente el 54%.

El sondeo del Pew Research Center debe ser leída en su totalidad, por la riqueza de los datos que proporciona. Pero aquí basta con destacar que los católicos de Europa oriental se distinguen de los ortodoxos no sólo por los índices mucho más altos de práctica religiosa, sino también por una visión geopolítica opuesta.

Mientras que entre los ortodoxos se mira a Rusia como el antemural natural de Occidente y se le concede a ella la simpatía de grandes mayorías, entre los católicos hay respecto a Rusia mucha más frialdad, especialmente en Ucrania y Polonia, donde se tiende mucho más a una alianza con Estados Unidos y con Occidente.

Y una ulterior brecha se encuentra también en el campo ortodoxo entre quienes, como en Rusia, reconocen al patriarca de Moscú como la más alta autoridad jerárquica de la Ortodoxia, y quienes por el contrario optan más por el patriarca de Constantinopla que por el de Moscú, como sucede en Ucrania, con el 46% de los ortodoxos por el primero y sólo el 17% por el otro.

Sobre el matrimonio, la familia, la homosexualidad y las temáticas afines, al menos la mitad de los católicos se apoyan en las posiciones tradicionales de la Iglesia. Y una gran mayoría de poblaciones enteras – con la única excepción de la República Checa – se opone al reconocimiento legal de las uniones entre personas del mismo sexo.

Pero al desmenuzar los datos por franjas etarias es fácil advertir que entre los jóvenes avanza la mentalidad permisiva que en Europa occidental – incluida la Iglesia Católica – ya está difundiéndose.

Una mentalidad a la que ciertamente no le pone freno el pontificado de Francisco.


El escándalo Google o cómo pegarse un tiro en el pie

Luís del Pino
Libertad Digital


La polémica de la semana la ha protagonizado, sin duda, Google, la empresa creadora del buscador más utilizado en Internet, al despedir a un ingeniero que había escrito un informe sobre la diversidad de género.

Google abrió un debate interno sobre las políticas de género empleadas dentro de la empresa, en el que se buscaba, por ejemplo, explicación al hecho de que el 81% de los puestos técnicos en Google están ocupados por hombres, a pesar de todos los intentos por fomentar la contratación de mujeres.

El ingeniero despedido, James Damore, respondió al llamamiento de la empresa con un memorando interno en el que señalaba:

1) Que, efectivamente, existen barreras machistas que dificultan a las mujeres la incorporación al mercado laboral y el ascenso dentro de las empresas.

2) Que esas discriminaciones no bastan, por sí solas, para explicar las abultadas diferencias en cuanto a porcentaje de hombres y mujeres que optan a puestos técnicos o a puestos gerenciales.

3) Que existen diferencias biológicas demostradas entre hombres y mujeres.

4) Que esas diferencias biológicas hacen que hombres y mujeres tengan preferencias e intereses diferentes.

5) Que esa diferencia de preferencias e intereses influye en que las mujeres opten en menor medida por los puestos técnicos o gerenciales.

Pero lo más importante que decía ese ingeniero es lo siguiente: que a las personas hay que tratarlas como seres humanos individuales, no como miembros de un colectivo. Es decir, la igualdad no consiste en que haya tantas mujeres programadoras o directivas como hombres, sino en que TODA mujer que QUIERA ser programadora o directiva, pueda serlo en igualdad de condiciones con los demás empleados.

El programador adjuntaba en su informe referencias a las múltiples investigaciones científicas que demuestran esas diferencias biológicas entre hombres y mujeres a las que hacía referencia.

Pues bien, alguien filtró ese documento interno a la prensa. Y como resultado, ese ingeniero de Google, que había participado de buena fe en el debate interno abierto por la empresa y que había escrito un documento científicamente impecable y enormemente sensato, fue crucificado públicamente por toda una legión de progres que ni siquiera se habían molestado en leer el documento. Muchos medios de comunicación tildaron el documento de machista. Otros manipularon descaradamente su contenido, diciendo que el ingeniero afirmaba que las mujeres están menos capacitadas. Y pocos fueron los que acudieron al documento original para ver qué era exactamente lo que ese ingeniero estaba diciendo.

Y a causa de esa polémica, Google reaccionó vilipendiando a su propio ingeniero y poniéndolo en la calle. El ingeniero ya ha presentado una demanda contra la empresa, por un despido que considera injustificado.

Tras los primeros dos o tres días de histeria progre, el clima ha ido cambiando de forma lenta, pero inexorable. Aquellos que sí que nos habíamos molestado en leer el documento hemos defendido en las redes que el memorando del ingeniero no solo no era machista, sino bastante sensato. Científicos de distintas disciplinas han salido a la palestra a respaldar, con los estudios de investigación existentes, la afirmación de que existen diferencias biológicas demostradas entre hombres y mujeres, y que esas diferencias influyen en las preferencias de unos y otros. Y la opinión pública, como resultado, ha empezado a analizar el tema, sorteando la censura de los adalides de la corrección política.

La consecuencia de todo ello es que Google se enfrenta hoy a la que probablemente sea la peor crisis de imagen en que se ha visto envuelta la compañía en toda su historia. Ayer mismo, un columnista del New York Times, diario progre por excelencia, pedía la dimisión del consejero delegado de Google, por su nefasta gestión de la crisis.

Porque lo cierto es que Google ha despedido a un ingeniero que acudió de buena fe al llamamiento al debate realizado por la propia empresa; a un ingeniero que había escrito un documento irreprochable desde el punto de vista científico; a un ingeniero que no había realizado ni una sola afirmación que pudiera catalogarse de machista o despectiva. Y encima lo ha despedido sometiéndolo a escarnio público y contribuyendo a su linchamiento.

Una de las cosas que el ingeniero despedido había señalado en su memorando interno era que lo que sí existe en Google es una discriminación de carácter ideológico, que hace que a las personas con opiniones conservadoras se las censure, o peor aún, que hace que las personas con opinión conservadora se terminen autocensurando. 

Y el despido del ingeniero confirma que efectivamente es así: en lo sucesivo, cuando Google pida a sus empleados que participen en un debate interno, solo se animarán a hacerlo aquellos que estén en línea con la opinión políticamente correcta dominante, es decir, aquellos que no tienen nada nuevo que aportar, porque sus opiniones coinciden con las ya prevalentes. Nadie que tenga una visión crítica, innovadora o poco ortodoxa se atreverá a dar su opinión, por temor a ser linchado públicamente, para al final ser, encima, despedido.

Eso, para una empresa tecnológica y que requiere de una innovación constante, es demoledor. Google se ha garantizado el ingreso por la puerta grande en la tierra de la mediocridad.

Por no mencionar el daño de reputación referido a sus productos. Porque la duda que a todos nos queda ahora es: si Google es capaz de despedir a un ingeniero por hacer afirmaciones perfectamente respaldadas con datos científicos incontestables, ¿qué no hará con los resultados de las búsquedas?

Cuando buscamos algo en Google, ¿el buscador nos devuelve los resultados realmente más interesantes? ¿O nos devuelve, por el contrario, unos resultados censurados, a los que previamente se han aplicado los filtros ideológicos de la empresa, bastante anticientíficos?

Con este episodio lamentable, Google ha conseguido que, por primera vez desde hace muchos años, a mi se me haya planteado la necesidad de ir probando otros buscadores.

11 agosto 2017

Año XIV - Nº 1048

Potenciar el laicado, reinventar la parroquia

Editorial
Alfa y Omega

Más que una asamblea al uso, el Encuentro de Laicos de Parroquia que acoge Santiago del 3 al 6 de agosto (precedido de la peregrinación que arranca este viernes) va a aportar los instrumentos para una renovación del papel del laicado y de la propia parroquia. 

La cita será seguida con gran atención desde otros países. Porque la Acción Católica General (ACG) española ha sido históricamente un referente. Y porque desde hace varios años trabaja de cerca con los obispos en unas líneas de actuación que han resultado encajar a la perfección con la «conversión pastoral» que impulsa el Papa Francisco.

La ACG aspira a transformar la dinámica de las parroquias, ofreciendo itinerarios de acompañamiento y formación a los laicos e impulsándolos a la misión, en forma de compromiso en el barrio, en el trabajo, en la política… Sin dejar de ser el lugar en el que se dispensan los sacramentos (pero no solo para que acudan los de siempre), la parroquia se concibe como epicentro de una Iglesia en salida que busca «sin miedo» el diálogo con la sociedad, como pedía el Papa a la AC italiana a finales de abril. 

Se trata de un planteamiento –acababa de exponer Francisco ante los participantes en el II Congreso Internacional de la AC– que no es para unos pocos «exclusivos», ya que «todos tienen derecho a ser evangelizadores», cada uno en su propio ámbito.

La renovación implica, por un lado, una conversión personal y un cambio de actitudes, también en forma de cierta desburocratización y desclericalización de las parroquias. La ACG va a animarlos desde Santiago a repensar qué están haciendo y cómo, para ganar en cercanía a las personas y en eficacia evangelizadora. 

Sobre la mesa está también la propuesta de que cada parroquia tenga su grupo de AC, similar al de Cáritas. No se trata de repartir carnés de socio ni de entrar a competir con otras realidades asociativas, sino de darle al apostolado seglar el protagonismo que los tiempos demandan. 

Pero para que este proyecto realmente salga adelante hará falta después el apoyo decidido de los obispos y los párrocos. De lo contrario, el encuentro de Santiago quedará solo en bonitas palabras.

Tesis para reflexionar en vacaciones

Josep Miró i Ardèvol
Forum Libertas



  1. Las raíces de todos los problemas de nuestro tiempo son la pérdida de la noción del bien y del interés por buscar la verdad.
  2. Ambos tienen dos causas relacionadas por el mismo fenómeno de desvinculación: Una, religiosa; la otra, filosófica.
  3. La causa religiosa es el olvido de Dios, su desprecio o su reducción a un ídolo humano. La ignorancia de la cultura religiosa es una de sus consecuencias seculares. La descristianización otra en el ámbito de la fe.
  4. La causa filosófica es la destrucción de la razón objetiva y, con ella, de la tradición cultural y del cegamiento de sus fuentes.
  5. Desde la extraordinaria construcción ético-filosófica de la Antigüedad grecolatina, hasta el esfuerzo desmedido por la primacía o exclusividad de la razón, todo está dañado, tanto que, si la cultura religiosa ha desaparecido de la escuela pública, las humanidades aun lo han hecho en mayor medida. Y es que entre una y otras hay una fuerte relación de fondo. La desaparición del sentido religioso no ha ido acompañada de un crecimiento de la racionalidad, sino de un aumento extraordinario del mundo oscuro de las supersticiones. Posiblemente MacIntyre en Tras la Virtud, haya sido quien mejor y antes (1984) ha explicado por qué.
  6. La pérdida del sentido religioso ha sido definida como secularización. En realidad, la secularización es la manifestación en el plano religioso de un proceso mucho más amplio: la desvinculación, que ha afectado en una medida muy variable según cada país, al conjunto de la sociedad occidental, con especial intensidad en Europa, con una gran velocidad en España, y de una forma demoledora en Cataluña.
  7. La cultura desvinculada se configura por la convergencia de ideas que emergen en el siglo XVIII, pero que eclosionan con fuerza y como cultura de masas a partir de la década de los sesenta del siglo XX. Hay que seguir atentamente a Taylor y su Orígenes del Yo para ver cómo termina configurándose esta concepción cultural, que no surge de ningún propósito explícito, de ningún concepto holístico, ni siquiera de un proceso de racionalización. Es el resultado del progresivo deslizamiento que Freud ya denunciaba en 1915: “Allí donde la comunidad se abstiene de toda desaprobación cesa también la jugulación, los impulsos perversos”.
  8. La desvinculación sostiene la pretensión de que sólo es posible la realización personal mediante la satisfacción del deseo. Ningún compromiso o vínculo personal, íntimo, o público, social o institucional; ningún deber, obligación; ninguna norma, tradición, creencia filosófica, fe religiosa, puede limitar o negar la satisfacción del deseo individual, fuente de la realización y signo de la autonomía personal.
  9. Si el vínculo limita o hace imposible esa realización, debe ser transformado hasta hacerlo adaptativo, débil; y si tal adaptación no es posible debe ser destruido.
  10. Se ha descuidado la evidencia de que el ser humano se realiza precisamente en relación con sus vínculos, alcanzados voluntariamente o por nacimiento, que empieza en lo más elemental como es el compromiso con su corporeidad. Son los vínculos fuertes los que aportan la identidad humana, sin ellos, o en su provisionalidad y accidentalidad, se produce la alienación, la adición, y la dependencia de los deseos emotivistas, pasionales. Es el fin del fundamento de la cultura occidental en lo que establece como proceso de personalización, y de la vida de la polis como compromiso fuerte con el bien común.
  11. Sin vínculos nacemos cada día, y así nos vemos forzados a un esfuerzo imposible de reconstrucción cotidiana de los horizontes de sentido, o bien, lo que en la práctica es más fácil, prescindimos de todo sentido. Esta última dinámica favorece la alienación
  12. Las generaciones actuales de jóvenes y adolescentes manifiestan mejor que nadie esta actitud, porque ellas son las primeras herederas de la sociedad desvinculada en su plenitud. Sus padres aún guardan, bien que mal, la huella, poca o mucha, de otra cultura fruto de la civilización occidental basada en el vínculo.
  13. Los vínculos han cambiado a lo largo del tiempo las sociedades, reordenando su jerarquía, pero siempre bajo el común denominador de su existencia en el ámbito de la razón objetiva. El humano se hace por el vínculo y en el vínculo. Desde Aristóteles lo sabemos razonadamente.
  14. No conocemos otro modelo porque no hay ningún otro modelo viable. No puede existir una persona realizada y una sociedad cohesionada si los vínculos sólo son sostenidos por la razón subjetiva del deseo. Lo bueno es lo que deseo del compromiso ético con la polis, al empeño y comunión cristiana, la fraternidad de la Revolución Francesa, el imperativo categórico kantiano: la concepción tradicionalista, conservadora, marxista, el personalismo comunitario, el comunitarismo. El tronco fundamental de nuestra filosofía moral y política está basado en el vínculo, porque él es expresión de la naturaleza humana.
  15. Incluso la temprana formulación liberal de Adam Smith mantiene la vinculación fuerte, no conoce otra, no concibe otra. Ha sido la posterior evolución, seguramente por las dinámicas inherentes a su ontología, que el liberalismo en sus diversas versiones, conservadora, neoliberal, social, y de una manera especialmente intensa desde las aportaciones de Rawls y Rorty, el liberalismo se ha convertido en la coartada política de la desvinculación. Pero incluso en este caso hay corrientes minoritarias en su seno, como el liberalismo perfeccionista de Raz, que mantienen la importación del vínculo nacido de una determinada práctica consuetudinaria fruto de una cultura de razón objetiva
  16. la neutralidad moral del estado es una gran falsedad hoy más evidente que nunca con la imposición de determinadas cosmogonías ideológicas como la perspectiva de género y LGTBI
  17. La vinculación es la consecuencia de las leyes que rigen las relaciones humanas y regulan el funcionamiento de las sociedades en términos no deterministas pero sí probabilísticos.
  18. La ética sin marco de referencia de razón objetiva y sin comunidad moral de referencia, se transforma en un hacinamiento de prescripciones particulares formuladas en función de cada circunstancia, y así acaba siendo un cuerpo caótico y contradictorio de normas al servicio del poder, porque él es el que se impone cuando no hay límites objetivos forjados en la historia y la razón.
  19. Esta es la situación que describen en su práctica la proliferación de observatorios de ética.
  20. La cultura desvinculada ha dado lugar a las grandes rupturas históricas que, por acumulación, desmenuzan personas y sociedades.
  21. La ruptura cultural ha destruido la tradición cultural y ha truncado las fuentes, dejando al ser humano sin ninguna perspectiva sólida y, por tanto, sin horizonte de sentido más allá de sus impulsos individuales.
  22. La concepción cultural hegemónica que ha transformado el sentido de la libertad que, de algo necesario para la búsqueda de la verdad, se ha convertido en una simple multiplicación de opciones, prescindiendo de todo criterio de veracidad. De la libertad para buscar el bien a la libertad medida como multiplicidad de opciones, cuanto más mejor, prescindiendo de su calidad.
  23. La ruptura cultural estimulada por la única ley del mercado ha transformado la transgresión en canon, al tiempo que mantiene la pretensión de vanguardia cultural en una contradicción imposible. No tenemos cánones y, tampoco, vanguardias reales. La culminación de esta lógica es la cultura basura que ha estallado en la TV. Nunca hemos tenido tantos vectores para hacer cultura, y nunca ésta ha presentado una relación más baja entre la calidad y la cantidad producida.
  24. En el ámbito social las rupturas con el derecho consuetudinario y la tradición, que han sido declaradas sin valor, y la degradación de las instituciones valiosas socialmente insustituibles, han contribuido a las concepciones adánicas creacionistas en las que todo empieza en el momento que el nuevo sujeto lo considera; todo empieza con él; todo empieza con cada uno. La superficialidad ligada a un esfuerzo extraordinario condenado al fracaso son las consecuencias de esta cultura, que también se refleja en la legislación, y tiene consecuencias demoledoras para el buen funcionamiento de las instituciones públicas y sociales.
  25. La ruptura ha dañado gravemente las instituciones del núcleo central de la sociedad: matrimonio, paternidad y maternidad, filiación, fraternidad y parentesco. Las que pertenecen a un segundo nivel, escuela, iglesia, trabajo y empresa, y las de tercer nivel, las asociaciones, progresivamente sustituidas por la actividad mercantil, el ocio como producto de consumo y el asociacionismo de beneficio personal.
  26. La crisis económica es la concreción largamente anunciada de una economía desvinculada, de las empresas, los trabajadores, incluso de la producción real. La economía al servicio del deseo de la ganancia infinita, del hiperconsumo sin elementos moderadores, ni restricciones. Las finanzas convertidas en sistema global de especulación, el hiperendeudamiento de familias, empresas y estado, como forma de vida. La cupiditas, la concupiscencia; esto es, el sentido de posesión como razón de vida.
  27. La sociedad de la desvinculación ha comportado la generación de las políticas del deseo, hasta el extremo insólito de que los poderes públicos se dediquen a desarrollar políticas relacionadas con la búsqueda de placer sexual. Precisamente son los jóvenes y adolescentes los principales objetos de esta nueva orientación.
  28. La desvinculación ética surgida de la inexistencia del bien y de la verdad como razón objetiva, conlleva la negación u oscurecimiento de la idea del bien y de la verdad en cada persona y, por tanto, en la sociedad; es el relativismo, proclamado panacea de la convivencia, cuando en realidad sólo promueve la incomunicación en ignorar que el fundamento de la relación no es la relativización de los valores, sino al contrario, convertir el respeto, la amistad civil aristotélica, en un valor fuerte de la comunidad a partir de la pluralidad de puntos de vista. Lo constata como la continuada apelación al relativismo de los valores fundamentales, ha derivado en una dialéctica “amigo-enemigo” en cuestiones políticas contingentes, y la desaparición de la buena educación y el respeto, como muestran, a manos llenas, las redes sociales de Internet.
  29. La ruptura religiosa surge del rechazo a la norma objetiva, externa, que afirma un Bien superior y diferente, que pone límites a los deseos de dinero, sexo y poder. Esta idea de Dios y la fe que determina, ha sido sustituida por el subjetivismo desatado que da lugar a la religión a la carta como un producto de consumo más, sin esfuerzo, ni riesgo, y que se amolda a nuestros deseos.
  30. La supresión del vínculo con Dios, fundamento de la fe religiosa, ha determinado la destrucción del proceso formador de la conciencia en la gran masa de la población.
  31. La ruptura antropológica, sin compromiso religioso ni ético es la mayor amenaza de nuestro tiempo, impulsada por el cientismo y el mercado y que se concreta en el transhumanismo. La genética que hace posible que la esencia física del ser humano sea transformada en un objeto patentable, un motivo de gran negocio. El aborto a gran escala concebido como factor de liberación de la mujer. La voluntad de superar más allá de lo razonable las limitaciones de nuestra corporeidad. Todo lo que puede hacerse, debe hacerse, son consecuencias de esta ruptura que está construyendo la fuente máxima de desigualdad entre los humanos: la que supone la alianza entre el dinero, la tecnología y la genética. Gattaca y Blade Runner son sus relatos homéricos avant la lettre.

La impunidad de Maduro, vergüenza mundial

Joaquín Vila
El Imparcial

Nicolás Maduro ha aplastado con puño de hierro todo vestigio de oposición a su siniestro régimen. Hasta los más valientes se parapetan para salvar el pellejo. 

Leopoldo López y Antonio Ledezma, las voces más autorizadas frente al chavismo, parecen apagadas después de volver a la cárcel, donde a buen seguro les han leído la cartilla a porrazos y saben que a la próxima va la vencida, que si vuelven a las andadas les espera un pelotón de fusilamiento que les asesinará sin contemplaciones. 

El mismo pelotón que muy pronto ejecutará a los ingenuos militares que amagaron con rebelarse en el cuartel de Valencia. Ya solo la fiscal general destituida y el valiente Ernesto Capriles claman contra el régimen. Pero suenan como el canto del cisne.

También los manifestantes se van disolviendo por la impotencia y la frustración de no haber conseguido nada más allá que enterrar a cien compañeros en el último mes. Pues mientras ellos protestaban airadamente en las calles de Caracas, el chavismo tomó el Parlamento con los nuevos diputados de la Asamblea Nacional Constituyente, elegidos tras un infame pucherazo. Pero ahí están y ahí seguirán como si hubieran ganado el escaño democráticamente. Por triste que sea, el gobierno de Maduro se ha hecho fuerte a sangre y fuego. La dictadura se consolida.

El mundo entero clama contra la brutalidad comunista. La ONU (este mismo martes), la UE, Estados Unidos, España y otros muchos países han emitido duros comunicados de rechazo, pero sin tomar decisión alguna que pueda revertir la situación. Los embajadores de todos los países siguen en sus puestos, el petróleo venezolano fluye como siempre y el negocio chavista del narcotráfico llena las arcas del régimen. Hoy, Maduro controla la situación mejor que nunca. Su impunidad es una vergüenza mundial.

La última esperanza de rescatar a Venezuela de las garras del tirano estaba en manos del Ejército. Pero los mandos militares son los funcionarios mejor pagados, los que tienen más privilegios, los pocos que viven holgadamente en un país que se muere de hambre. El amago de asonada del cuartel de Valencia duró dos horas. Nadie llegó a escuchar el ruido de sables. También Maduro controla las fuerzas armadas. Lo controla todo. Y Trump jugando al golf.

Dentro de unos meses, nadie se acordará de Venezuela. Como ya nadie se acuerda de la cárcel cubana. Y dentro de unos años, el comunismo totalitario seguirá esclavizando y asesinando a orillas del Caribe. Pero la ONU hablará de paz y Pablo Iglesias, de democracia.