13 octubre 2017

Año XIV - Nº 1057

"¿Por qué “identidad” suena bien cuando lo dice la izquierda y no la derecha?"

Editorial
EL SEMANAL DIGITAL

Publicamos íntegro y traducido el demoledor editorial de Charlie Hebdo que da un varapalo al soberanismo catalán y lo relaciona con la extrema derecha xenófoba antieuropea.

El conocido semanario satírico frances Charlie Hebdo, célebre y respetado en todo el mundo tras sufrir un brutal atentado islámico que dejó 12 muertos y 11 heridos en su redacción, ha publicado un durísimo y esclarecedor Editorial contra el soberanismo catalán. Por su interés, lo reproducimos íntegro traducido.

TONTERÍA O MUERTE

El referéndum organizado en Cataluña para su independencia hace temblar a Europa. Si todas las regiones europeas que tengan una lengua, una historia, una cultura originales empiezan a reclamar su independencia, el Viejo Continente se va a fragmentar como el casquete polar bajo los efectos del recalentamiento climático.

Puesto que hay unas doscientas lenguas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en el continente?

La independencia, sí, pero ¿respecto a qué? Es legítima la independencia cuando uno quiere liberarse de la tiranía o la opresión. ¿De qué destino trágico quieren hoy liberarse hoy los catalanes? En 1977, poco después de morir Franco -éste había prohibido el uso del catalán después de su victoria en 1939-, la Generalitat de Cataluña fue restablecida, y luego la región se dotaba de un parlamento y de un gobierno regionales.

Franco ya no está
Pero hoy, cuando Franco ya no está, hay que buscarse otro tirano al que poder derribar. Será el Estado español y, por supuesto, la peor dictadura jamás conocida en el mundo: la Unión Europea con sede en Bruselas.

Detrás de esa palabra esplendorosa, independencia, se ocultan preocupaciones a veces menos nobles. Como pasa con la Liga Norte en Italia, siempre la reclaman las regiones más ricas. Cataluña quiere la independencia porque ya no quiere soltar dinero a las otras regiones españolas menos ricas que ella.

Es como si oyéramos de nuevo la voz de la innoble Margaret Thatcher: “I want my money back”. La lengua, la cultura, las tradiciones están muy bien para las postales, pero la pastaestá mucho mejor. Las regiones pobres de Europa pocas veces bajan a la calle para obtener su independencia.

Más allá de estas consideraciones mercantiles, es curioso oír algunas voces de la izquierda reclamar la independencia de una región como Cataluña en nombre de una identidad cultural, que, por cierto, nadie cuestiona.

Y además, ¿por qué la identidad cultural reivindicada por los catalanes debería ser tomada en cuenta y no la identidad cristiana defendida por los xenófobos europeos? ¿Por qué las palabras “identidad” o “cultura” suenan bien cuando las pronuncia la izquierda, pero se convierten en infames cuando es la derecha y la extrema derecha las que las pronuncian?

La cercanía a la extrema derecha
La independencia de Cataluña no tiene por objeto liberar a esta región de una tiranía que ya no existe, ni permitir a la economía ser próspera, puesto que ya lo es, y mucho menos obtener el derecho a hablar una lengua autorizada desde hace tiempo. La obsesión identitaria que se expande por Europa como la podredumbre de una fruta afecta a la extrema derecha pero también a la izquierda. El nacionalismo de derechas y el de izquierdas tienen un punto en común: el nacionalismo.

Cuando Cataluña haya roto las cadenas que la atan a la monarquía española y al Santo Imperio Europeo, ¿qué ocurrirá? Al son de los tambores y de los pífanos, los gallardos independentistas desfilarán por las calles de Barcelona como si fueran la Columna Durruti, las jovencitas lanzarán pétalos de rosa a los militantes que habrá desafiado con arrojo al Estado policial español, corales infantiles con niños de pelito rizado cantarán a la libertad recobrada y al euro derrotado, las abuelas desdentadas tejerán banderas con los colores de la nueva República, y los bisabuelos desempolvarán la boina que llevaban en el frente en el 36.

Será muy bello, emotivo, magnífico. Y luego, al final de la tarde, todo el mundo volverá a su casa para plantarse delante de la tele y ver el concurso de turno o el partido del Barça en cuartos de final de la Copa. Cataluña bien se lo merece.

El separatismo es pecado

Vicente Alejandro Villamón
Religión en Libertad


En 1884, en el tramo final de la Revolución Gloriosa que puso en fuga a la oronda doña Isabel II, el sacerdote sabadellense mosén Félix Sardá y Salvany publicó un folleto bajo el título El liberalismo es pecado

El folleto alcanzó un gran éxito, hasta el punto de ser reeditado varias veces en los años siguientes, y traducido a numerosas lenguas extranjeras. Terminó convirtiéndose en la “biblia” del integrismo político.

Posteriormente era de buen tono ridiculizar el librito y mofarse de su autor, sin embargo mosén Sardá no estaba del todo desencaminado teniendo en cuenta la época en que lo publicó. El liberalismo, en sí mismo, desprovisto de adherencias y apropiaciones indebidas, es una filosofía político-económica beneficiosa para los individuos y las sociedades que la tienen como guía, en tanto que defiende la libertad responsable de las personas, la economía libre, la iniciativa económica personal y fundamenta el sistema político democrático al modo occidental. 

Tuvo como precursores al jesuita talaverano Juan de Mariana (1536-1624), y seguidamente a los teólogos humanistas de la Escuela de Salamanca (siglo XVII, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilicueta, Tomás de Mercado, Luis de Molina, Francisco Suárez, etcétera).

Pero en la época en que vivió mosen Félix Sardá, las logias masónicas se habían apropiado de las formaciones políticas que se decían liberales. Por consiguiente, en tanto que masónicas, tenían los mismos tics y cojeras conceptuales y prácticas que la masonería: sectarismo, relativismo, laicismo y cristofobia. En este sentido, aquel liberalismo, ciertamente, era pecado.

Lo mismo estamos viviendo ahora con el separatismo. Su difusión cada vez más extensa y su imposición a la trágala a toda la sociedad catalana está produciendo males sin cuento a Cataluña y de rebote a toda España. Ha envenenado hasta extremos inauditos las relaciones sociales del antiguo principado, ha dividido en dos a los catalanes en términos próximos a una guerra civil, de momento todavía sin armas, pero con un odio muy peligroso.

Desde hace muchos años, muchos, se viene predicando, a partir de la escuela infantil y no pocas parroquias, un odio visceral a España realmente perverso, además con falsedades y mentiras históricas que no podrían mejorar la propaganda de los regímenes totalitarios.

La sociedad ha sido dividida y enfrentada en bandos irreconciliables, vecinos y compañeros de trabajo han dejado de hablarse, muchas familias se han roto por motivos políticos, el caínismo parece dominarlo todo. El ambiente se está volviendo irrespirable. El amor fraterno según la doctrina católica ha saltado por los aires. En el plan de los separatistas sólo cabe la sumisión a la república exclusiva y excluyente que propugnan, como ya han hecho con los medios informativos locales.

Lo peor de todo, a mi juicio, es el fervor con que defiende este modelo próximo al totalitarismo cierto sector del clero catalán y algún que otro obispo local, sin reparar en que todo lo que hace daño a las conciencias de las gentes y a la sociedad es pecaminoso, todo lo que emponzoña la tolerancia y la buena vecindad no es admisible en buena lógica cristiana.

Además pretenden, falsificando la verdad histórica, restaurar una quimera que no existió nunca. Cataluña, la Cataluña con entidad propia y ajena a la nación española, no existió nunca. Podría encontrarse algunos vestigios de una relativa independencia en los primitivos condados pirenaicos de la Reconquista, finalmente reunidos en el condado de Barcelona que voluntariamente se adhirió al reino de Aragón en tiempos de aquel gran soberano que fue Ramón Berenguer IV el Santo (siglo XII). 

Desde entonces ha tenido largas épocas de autonomía, como diríamos ahora, pero dentro de las coronas primero de Aragón y luego de España. Y ya no hay más. Lo de ahora, por tanto, es antihistórico, antinatura en un mundo que tiende a las grandes integraciones internacionales y, por añadidura, anticristiano.

12-O, tormenta rojigualda

Raúl del Pozo
EL MUNDO


Las esteladas separatistas han desencadenado una tormenta rojigualda, con cerradas ovaciones al Rey Felipe VI, besos y abrazos a los policías y a los guardias civiles. Ayer, Madrid fue una sinfonía de clarines, música militar, Hércules, cazas, paracaidistas, canciones de amor a España, cargas de fusilería.

Pocas veces se han visto tantas banderas en las aceras y en los cuellos, quizás porque ya no asustan, como en la Transición, cuando las llevaban tipos con botas de pisar personas. Inés Arrimadas, una mujer-bandera, una política-bandera, exige a los que las izan que retiren las enseñas preconstitucionales. Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución. Simboliza la nueva reacción de la gente airada ante el fanatismo nacionalista.

La líder de la oposición en Cataluña acusó a Puigdemont -el mismo día en el que éste hizo el ridículo con el aborto de su república- de pulverizar el Estatut, el Parlament y la Constitución, además de representar el peor nacionalismo de Europa. Dijo, además, que lo de Cataluña no va de democracia, sino de fronteras.

Ayer, la dirigente de Ciudadanos salió a la calle en Barcelona encabezando la manifestación de Societat Civil, entre banderas de España. Pedían prisión para Puigdemont. Celebraban así la Fiesta Nacional cuando están cambiando, vertiginosamente, las ideas de las nuevas generaciones respecto a la bandera y la unidad de la nación.

La Fiesta Nacional del 12 de Octubre pone como motos a los nacionalistas. Evitan asistir a ella, la desprecian por franquista. Ayer faltaron al desfile Urkullu, Uxue Barcos y, por supuesto, Carles. Se suelen hacer en estos días pintadas en la estatua de Colón de Barcelona; este año le han colocado el hashtag 'NadaQueCelebrar'. Recuerdan en las redes y en las pintadas que el Descubrimiento fue un saqueo, un genocidio, un expolio, aunque para muchos españoles y extranjeros fue la máxima expresión de la épica.

Se observa una ascensión, de momento resistible, de un amor recién cocido a España. Este año se celebró la Fiesta en un momento de crisis de Estado. Hubo muchos selfies, muchos besos a los soldados. Los desfiles militares son rituales de Estado en honor al Ejército. Hoy, el poder está más en las calles que en las bayonetas, pero a la gente le fascinan las marchas y paradas, que inventaron los romanos para recibir a las legiones que habían conquistado parte del mundo. Las aclamaban cuando atravesaban los arcos de triunfo con cuádrigas, perros, caballos y elefantes.

11 octubre 2017

Violación con gatillazo

Federico Jiménez Losantos
EL MUNDO


Cocomocho y Junqueras (el racista que presume de compartir ADN con Alain Delon y no con españoles tan feos como la jefa de la oposición, que le dio una tunda de aúpa) parecían ayer los hermanos Tonetti sin maquillar, antes de salir a la arena del circo a hacer reír a los niños. 

El lío verbal, que no discurso, perpetrado por Cocomocho, que a ratos pareció calamocano, fue como si el penúltimo golpista célebre, Tejero, tras gritar: "¡quieto todo el mundo!" y "¡se sienten, coño!" hubiera apretado el gatillo, y de la punta del pistolón hubiera salido un ramo de flores de trapo. Maldita la gracia que les hubiera hecho la broma a sus señorías, sobre todo a Felipe, al que le habían caído encima ciento diez quilos de Peces Barba.

El socio de los golpistas catalanes en Madrid, que es Pablo Iglesias, quiso disimular la charlotada de Barcelona con un rápido tuit en el que decía que "no se podía decir que había proclamado la independencia". Esfuerzo inútil. Tal vez sin querer, porque hay marmolillos que cristalizan en adoquín, lo que hizo ayer Tejemocho fue proclamar la independencia dos veces: la primera, para afirmarla y la segunda, más contundente, para suspenderla... mientras a él le parezca.

Como solo se puede dejar en suspenso lo que previamente existe, en este caso la independencia de la proclamada República Catalana, el delito perpetrado ayer por el golpismo catalán -y sus socios mediáticos y políticos- fue tan sórdido como habitual: la típica violación con gatillazo. 

Es muy frecuente que los violadores en serie sean impotentes, porque su placer deriva del poder que ejerce el violador sobre un ser indefenso, nunca de una relación sexual inexistente. Y eso es lo que mostró ayer Puigdemont, llamado El Mocho por los suyos antes de que fuera algo más que el número 4 por Gerona de la banda de los Pujol: impotencia.

El acto de fuerza que supone la violación de todas las leyes -Constitución, Estatuto, normas parlamentarias-, amén del victimismo zarrapastroso y la patológica mendacidad, se convirtió en una prueba de debilidad. Dependerá de Rajoy aprovechar ese gatillazo para castigar la violación, ataque rastrero contra la libertad de todos los españoles, catalanes incluidos. Puede y debe hacerlo, en beneficio propio y de la nación. ¿Lo hará? Lo dudo, pero ojalá. Los violadores, a la cárcel.

Som República independent però només una mica

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Qué decepción. Puchi nos ha decepcionado. Éramos muchos los que pensábamos que bajo esa mata de pelo que luce Carles Puigdemont había una cabeza poderosa y un corazón de hierro dispuestos ambos a llegar con su desafío hasta el final; muchos creímos que estabas soñando con asumir de una vez por todas tu papel de mártir, deseando que te metieran en la cárcel, porque has ido demasiado lejos ya y no te ibas a rajar en la estación término de tu viaje a la gloria, tu vuelo a las páginas de la historia como el gran héroe de la República Independiente de ninguna parte.

De modo que, suponíamos, ibas a ir adelante con los faroles y salga el sol por Antequera, entre otras cosas, además, porque aunque quisieras flaquear al rozar el precipicio, aunque el vértigo del momento te aconsejara dar un paso atrás, no ibas a poder, querido, porque ahí al lado, en el Arco del Triunfo, frente a la sede del TSJC, el 'generalito' Jordi Sánchez, uno de los poderes fácticos de esta revolución de Polichinela, se había situado al frente de sus tropas de la ANC dispuesto a no darte opción, a recordarte que sus 20.000 fieles, pongamos 30.000, no te iban a permitir un paso atrás.

Pero te lo has hecho en los calzones. Te ha vencido el miedo. Te has asustado. Estás asustado, Puchi. Estabas asustado ayer tarde cuando te subiste a la tribuna del Parlament, aunque trataste de disimularlo con un largo discurso cargado de los tópicos de siempre, las falsedades de costumbre, el desprecio xenófobo habitual hacia España y lo español, el desdén calculado –marca de la casa- hacia esa mayoría de catalanes que no te bailan el agua, el desvarío de esa interpretación enloquecida de nuestra historia reciente compartida, la falsificación total de datos, cifras y fechas, esa mentira que el nacional-catalanismo viene enseñando en las escuelas desde hace décadas.

Y en tu delirio pretendiste ayer dar carta de naturaleza a un referéndum donde la gente podía votar cuatro veces o las que le viniera en gana, un referéndum sin las mínimas garantías democráticas, y por llegar llegaste a enarbolar como argumento de razón los 800 famosos heridos que nunca existieron, hasta ahí llegó tu desvergüenza, Puchi, hasta ahí tu mentira, y por rizar el rizo te abrazaste a uno de esos tótems que sirvieron para arremeter en origen contra la convivencia centenaria entre españoles: el famoso “Espanya ens roba”, los 16.000 millones que los chorizos del 3%, los hijos de Jordi Pujol, se sacaron de la manga como medida de los supuestos agravios del Estado a Cataluña.

De modo que, cargado de las razones históricas, políticas y morales someramente citadas, proseguiste con la farsa -porque eso fue lo que ayer vimos en el Parlament, una gigantesca farsa-, aludiste a un extraño “mandato de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de República”, que de inmediato metiste en la nevera -dicen que la Cataluña supremacista y xenófoba que representáis fue independiente durante 8 segundos, récord del mundo-, porque suspendiste sus efectos en busca de un diálogo con el Gobierno central impulsado, forzado te gustaría pensar, por la presión internacional, la de esa Unión Europea que te ha dado la espalda desde el minuto uno. 

La dura realidad, Puchi, es que en el fondo eres un cagueta, y la única posibilidad que tienes de abandonar el callejón sin salida en el que te has metido, para disimular el monumental ridículo de esta independencia de la puntita nada más, de esta independencia pero nomes una mica, es que esa nebulosa mediación exterior venga a sacarte las castañas del fuego, y a evitar que, ahora sí, vayas por fin a dar con tus huesos de golpista, de enemigo de la libertad de la mayoría de los catalanes y españoles, en la cárcel, que es lo que mereces. 

No nos vuelvas a decepcionar, Mariano

No puede haber mediación exterior posible porque, te lo dijo bien claro, en varios idiomas, el bailarín Iceta, la voluntad del 38% de los catalanes –dando por buenos, que ya es dar, los resultados de ese referéndum por ti cocinado- no puede prevalecer sobre la del 62% restante, la minoría no puede imponerse sobre la mayoría, Puchi, eso lo entienden en París y en Tombuctú, nadie se va a prestar a esa mascarada como no sean esos observadores internacionales que trajiste a tu referéndum a gastos pagados, como no sea algún dictador latinoamericano o esa nueva versión de los zares rusos que encarna el sátrapa Putin. 

Te has venido abajo, Puchi, y no hacía falta más que ver tu cara y la de tus conmilitones de JxSí tras acabar las intervenciones de la oposición democrática, para saber la herida mortal que llevas encima, la carita de Mas anoche, la de la Forcadell, esa demócrata de pelo en pecho, la de Junqueras, el garbo con el que cantabais todos Els Segadors, la alegría que irradiabais, debía ser el olor, tenía que ser el olor a detritus humano expelido por el miedo al futuro inmediato que os espera. Y es que has cabreado a todo el mundo, Puchi, de modo que ahora no solo vas a tener en frente al Estado, sino también a la CUP, los camisas pardas del prusés que ayer se fueron rebotados del Arco del Triunfo, átate los machos, que te va a caer la del pulpo con las tropas de asalto cuperas.

Y bien, Mariano, ya te han declarado la independencia, la puntita nada más pero la independencia, la independencia enmascarada por esa tregua trampa de la invitación a negociar, y además te lo han rubricado en un papel que en cierto modo es mucho más duro, más taxativo, que el melifluo discursito de Puchi, de modo que ya no caben excusas de mal pagador, ahí te quiero ver, Mariano, ahora ya no hay puerta tras la que puedas esconderte, salida que te permita inhibirte, argumento que te ayude a escaquearte; ahora tienes que pasar de una vez por todas a la ofensiva y hacer prevalecer el Estado de Derecho, restablecer el orden constitucional. 

La izquierda radical populista, los Pablemos, los Coscubiela y demás patulea amante de la felicidad de España y los españoles andaba anoche jaleando entusiasmados la “oferta” de diálogo lanzada por Puchi, “y espero que al señor Rajoy no se le ocurra tomar medidas drásticas”, decía en La Sexta el infatuado macho alfa de Podemos. Así que no nos avergüences más, Mariano. Estas obligado a abortar este golpe de Estado que es también, y por encima de todo, un intento claro de liquidar el régimen del 78, lo que equivale a decir que es una invitación a saltar al vacío para 46 millones de españoles que acaban de vivir el periodo más largo de paz y prosperidad de la historia de España y que en buena lógica no están dispuestos a perder ni su bienestar ni su libertad. 

Estás avisado. No nos vuelvas a decepcionar. No te rajes. Sé fuerte, Mariano.

09 octubre 2017

También la “correctio” genera “dubia”. El comentario de un filósofo del derecho

Sandro Magister
Infovaticana



Recibo y publico. El autor es magistrado administrativo en Roma y estudioso de filosofía y derecho. Su comentario a la “correctio” dirigida al Papa Francisco por siete herejías de las que éste se habría hecho propagador suena como el inicio de ese diálogo sobre la interpretación de “Amoris laetitia” que el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, ha definido ayer “importante también dentro de la Iglesia”, que el cardenal Gerhard Müller desea que se ponga en marcha entre un grupo de cardenales nombrados por el Papa y los dudosos, y sobre el cual el propio Francisco ha intervenido el 10 de septiembre – cuando la “correctio” ya le había sido enviada – diciendo textualmente a los jesuitas de Colombia en un encuentro a puerta cerrada, según cuanto ha relatado “La Civiltà Cattolica”:

[Quiero] decir una cosa que creo que la debo decir en justicia y también por caridad. Porque escucho muchos comentarios – respetables porque los dicen hijos de Dios, pero equivocados – sobre la Exhortación apostólica postsinodal. Para entender ‘Amoris laetitia’ hay que leerla de principio a fin. Empezar con el primer capítulo, continuar por el segundo… y así siguiendo… y reflexionar. Leer qué cosa se ha dicho en el Sínodo.

“Una segunda cosa: algunos sostienen que la moral que que está a la base de ‘Amoris laetitia’ no es una moral católica o, al menos, que no es una moral segura. Ante esto quiero reafirmar con claridad que la moral de ‘Amoris laetitia’ es tomista, la del gran Tomás. Pueden hablar de esto con un gran teólogo, entre los mejores de hoy y entre los más maduros, el cardenal Schönborn. Esto lo quiero decir para que ayuden a la gente que cree que la moral es pura casuística. Ayúdenlos a darse cuenta que el gran Tomás tiene una riqueza muy grande, capaz también hoy de inspirarnos. Pero de rodillas, siempre de rodillas…”.


*

ALGUNAS PREGUNTAS ANTES DE HABLAR DE HEREJÍA

por Francesco Arzillo

1. La publicación de una “correctio” formal dirigida al Papa suscita diversos interrogantes.

¿Es posible corregir a los correctores? La tradición especulativa medieval nos dice que sí: basta pensar en el famoso “Correctorium fratris Thomae” de William de la Mare, a su vez contestado por varios “Correctoria corruptorii”, obra de diversos autores.

Ante un acto tan grave y singular, que supera con audacia el foso que separa el “dubium” del juicio en una materia tan delicada, es posible limitarse ahora a algunas preguntas, relacionadas con las siete propuestas consideradas como “falsas y heréticas” y los correspondientes supuestos que emergen de la lectura de todo el texto.

2. Empecemos con dos cuestiones de método.

2.1. En primer lugar, las propuestas individuadas como heréticas parecen ya constituir el fruto de una hermenéutica de las declaraciones y los documentos papales, además de -acumulativamente- las acciones y omisiones atribuidas al mismo. Se trata, por así decir, de propuestas “de segundo grado”.

La primera pregunta es, por consiguiente, doble:

– ¿Por qué no se han reproducido, en la parte central del texto formulada en latín, directa y exclusivamente las propuestas originales de los textos papales?

– En el caso de que las propuestas hagan referencia también a los comportamientos activos y omisivos del Papa, ¿se ha proporcionado una demostración suficiente sobre la congruencia de las mismas en relación a dichos comportamientos?

2.2. La segunda pregunta es:

– la calificación de herejía, ¿es considerada aquí en su sentido propio, concerniente a las doctrinas que requieren el asentimiento de fe teologal (doctrinas “de fide credenda”) según el can. 750 § 1 del Código de derecho canónico?

¿O los redactores pretenden atribuir la calificación de “herejía” también a las afirmaciones que contrastan sólo con las doctrinas “de fide tenenda”, según el can. 750 § 2 del Codice, entre las cuales, según la nota doctrinal ilustrativa de la congregación para la doctrina de la fe anexa al Motu proprio de 1998 “Ad tuendam fidem”, hay que incluir también no pocas verdades de orden moral? Y en caso positivo, ¿cómo se justificaría esta calificación, que no parecería ser conforme a las indicaciones de la misma nota?

3. Procedamos ahora con las siguientes preguntas a pie de página presentes en las sietes propuestas definidas “falsas y heréticas”:

1) “Una persona justificada no tiene la fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera imposible para los justificados; o como significando que la gracia de Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.”
¿En qué punto de su enseñanza el Papa habla de imposibilidad de observar los mandamientos por parte de quien está justificado?

¿Con esto se hace referencia a una imposibilidad absoluta o a una dificultad concreta más o menos grave, aunque sea temporal?

Las dos hipótesis ¿son equiparables en relación a la doctrina expuesta en el capítulo 11 del decreto sobre la justificación del Concilio de Trento?

2) “Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven ‘more uxorio’ con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.”

3) “Un creyente católico puede tener pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como resultado de este acto.”

Considerando que en el n. 305 de “Amoris laetitia” se dice que “a causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia”, ¿en qué sentido este pasaje reflejaría las afirmaciones presentes en las propuestas “heréticas” 2 y 3, mientras que parecería, en cambio, contradecirlas ciertamente, con referencia al requisito de la culpabilidad subjetiva?

Además, ¿en qué otro pasaje de sus documentos o discursos el Papa ha afirmado que dichos cristianos, en presencia de la plena consciencia de la naturaleza de su acción y con plena posesión de la voluntad, no estarían en pecado mortal?

4) “Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.”

¿De dónde ha salido esta propuesta, formulada en estos términos?

5) “La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.”

¿Cómo se relaciona esta propuesta con la de “Amoris laetitia”, n. 303, en la que se lee: “Pero esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo”?

¿Se trata de una diversidad sólo lingüística o de tipo expresivo, o también de una diversidad en el contenido?

6) “Los principios morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa de su objeto.”

La afirmación de “Amoris laetitia” 304 según la cual “es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares”, ¿de verdad contradice bajo cualquier aspecto la doctrina del “intrinsece malum”?

¿Sucede esto allí donde se tiene en cuenta, al valorar las situaciones particulares, los perfiles pertinentes a la culpabilidad subjetiva, que en cuanto tales no se atienen al objeto de las acciones?

7) “Nuestro Señor Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida.”

¿La intención aquí es decir que el abandono de la disciplina (entendida como disciplina canónica) subsiste también donde se recurra a la clásica “probata praxis in foro interno”, reconsiderada a la luz de las indicaciones de “Amoris laetitia”, en lo que concierne a la absolución en la confesión?

En lo que atañe a la Eucaristía, ¿cuál es la relación, según la “mens” de los redactores de la “correctio”, a los fines que aquí interesan, entre la noción de “pecado mortal” y la noción de “pecado grave manifiesto” del artículo 915 del Código de Derecho Canónico tal como es interpretada por la “Declaración sobre la admisibilidad a la Sagrada Comunión de los divorciados que se han vuelto a casar” del pontificio consejo para los textos legislativos, publicada en el año 2000?

4. Las preguntas que se sugieren aquí no agotan el tema. Sin embargo, se espera que provoquen ulteriores reflexiones en los autores de la “correctio” y en quienes desean compartir su propuesta sin ni siquiera imaginar la enorme complejidad de las cuestiones en juego cuando se utiliza la palabra “herejía”, sobre todo cuando se aplica a los textos magisteriales.

En cualquier caso, hay que animar al fiel católico que presta el necesario “asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad” (can. 752) al magisterio ordinario papal, en cuyo ámbito entra también “Amoris laetitia”, para que se mantenga en una disposición de espíritu positiva.

Para el resto, la cuestión de la interpretación y la aplicación de este texto tendrá futuros desarrollos y contribuciones por parte de pastores, teólogos y fieles.

Como tampoco hay que excluir la posibilidad de ulteriores -tal vez deseables- intervenciones de la sede petrina, en un futuro más o menos próximo.

La manifestación de Madrid y algo más

Juan Chicharro Ortega 
General de División de IM 
General Dávila.com


Sí, una ingente cantidad de manifestantes llenaban ayer las calles de Madrid : los más numerosos – convocados por la Fundación DENAES y la Sociedad Civil – en torno a la plaza de Colón, y aledaños, defendiendo la unidad de España y otros, bastantes menos, vestidos de blanco en torno a la Cibeles reclamando diálogo con los traidores secesionistas.

De la primera de las dos caben destacar muchos aspectos, entre los que yo destacaría: de una parte la inmensa afluencia de gente joven, ¡Por fin! , de otra la manifestación clara de exigir la unidad de España y finalmente el hartazgo con los mafiosos sediciosos y traidores de las Instituciones catalanas.

De la segunda, la celebrada en torno a Cibeles, la constatación de cómo los lobos se visten de corderos para reclamar un diálogo con los traidores cuando lo que realmente desearían es el triunfo de la revolución en Cataluña, antesala del caos que les gustaría instalar en España camino de su anhelada República Bolivariana.

Y mientras España se vuelca en las calles – más en Barcelona – el españolito de a pie, que se entusiasmó con las palabras de su Rey el otro día, continúa observando atónito como se proclama un golpe de Estado, como sus cabecillas siguen libres en la calle, y azuzando a las masas, y como estas siguen ocupando las calles ante la pasividad de la propia policía autonómica, ya claramente sediciosa.

Mucho se ha hablado de lo ocurrido el día 1 pasado en Barcelona más poco se dice que de lo ocurrido ese día aciago en el que se nos dijo que no habría referéndum, y siquiera siendo una chapuza enorme sí que lo hubo, habría que buscar la razón de lo ocurrido en el enorme error del Gobierno de no haber tenido los bemoles de aplicar la Ley de Seguridad Nacional y haber puesto a los mossos de esquadra bajo la dependencia directa del Ministerio del Interior. Poco se dice de que salvo lo relacionado con fronteras y algo más todas las competencias de seguridad ciudadana, tráfico y orden público siguen siendo a estas alturas responsabilidad de la policía autonómica y por tanto de la propia Generalidad. Es ciertamente asombroso que nos encontremos todavía con un Gobierno rebelde al que no se le priva de una fuerza armada considerable.

A ver, de haber estado la policía autonómica a las órdenes de una autoridad real el pasado día 1 de octubre no se hubieran producido los incidentes que se produjeron cuando fuerzas de la guardia civil y policía nacional intentaron evitar las votaciones en locales ya ocupados por una masa de gente bien controlada y manipulada. La imagen del coronel Pérez de los Cobos ninguneado por la jefatura de los mossos ha sido lamentable y vergonzosa ; claro que no cabía esperar otra cosa cuando la autoridad que se le confirió para cumplimentar las disposiciones judiciales era una autoridad de coordinación que es como decir nada. Hace falta ser ingenuo para pensar que la policía autonómica no iba a actuar como lo hizo.

Yo me figuro que en estos momentos nuestros servicios de información, tanto los del CNIcomo los de interior, deben de estar bastante enfadados con todo cuanto está pasando pues no me cabe en la cabeza el que no hayan advertido al Gobierno de lo que pasó y lo que pasará si no se desactiva a los mossos de esquadra; o esto o es que son unos perfectos inútiles algo que obviamente descarto; claro que después de ver todas las urnas en sus locales respectivos uno ya no sabe a qué atenerse.

Y mientras en la manifestación habida en la plaza de Colón se vitoreaba al Rey con mucha fuerza como valedor real del mantenimiento de la unidad nacional, y del orden constitucional, estamos ya a una semana del golpe de Estado sin que se atisben soluciones claras , más bien gran incertidumbre y temor a que de alguna manera el golpe acabe consolidándose; no parece en absoluto , de momento, que el Sr Rajoy esté dispuesto a aplicar la Ley , esa que lleva diciéndonos años que se va a cumplir y que no se cumple por ningún lado , y ponga en marcha el artículo 155 y la LSN. Aún se mantiene una cierta confianza general en que así será en el momento oportuno – así lo ha insinuado el Sr. Rajoy – más comoquiera que yo soy de los que piensan que estamos donde estamos por una clara inacción de este Presidente durante cinco años las dudas me asaltan.

No me cabe en la cabeza que el final de esta crisis acabe en una especie de negociación pactada en la que en gran medida los traidores no acaben ante el juez y posteriormente en la cárcel y es que eso sería añadir a la lista a muchos traidores más al orden constitucional.

Fue Julio César quien transmitió aquello de: “decidle a Roma que tenga cuidado con las iras de sus legiones”, frase que hoy desaparecidas las legiones podría transformarse en “decidle a Roma que tenga cuidado con la ira de un pueblo español engañado”.

08 octubre 2017

El día después…

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA

No es hora –creo yo- ni de recitar el “Oigo, patria, tu aflicción”, ni de preguntarse con Hemingway “Por quién doblan las campanas” –que, a mi entender, doblan este día por ti, por mí, por todos. 

 Ni, menos aún, es hora de pasar el tiempo asistiendo impávidos a tertulias de cotorras, que esta mañana pueblan el espacio. Cotorras digo, porque en el Diccionario de la Lengua, se llama cotorra a las personas que cotorrean, es decir, que hablan y hablan sin dejar hablar y sin decir nada interesante, como no sean ocurrencias casi siempre mondas y lirondas.

Es hora de serenarse; de rezar tal vez los que sepan hacerlo y quieran; y especialmente de reflexionar mirando la realidad sin anteojeras e intentando ser fieles a los hechos y no a la propaganda o a los montajes calculados o interesados. Difícil tarea en esta patulea en que los gritos ahogan a las razones por mucho que las razones intenten dejarse ver u oír.

Hay algo –para comenzar- que me parece, por evidente, innecesario demostrar: que el estropicio está servido.

Otro aspecto que igualmente me parece innegable: ante el estropicio, nadie se queda neutral. De una u otra manera, todos toman partido y dicen tener razón; la autocrítica se deja para otros o para otras ocasiones.

Y de este modo –otra idea a mi ver cierta- casi todos se dedican a buscar culpables, a ver a quién se le endosa el muerto y se le obliga a pagar los platos rotos –actitud muy bien avenida con políticos de tres al cuarto-, o a proponer soluciones de imposible cumplimiento racional, hoy por hoy, en un diálogo que no sería diálogo sino claudicación.

Es fácil –en estas situaciones tan pasionales- buscar los culpables en el otro bando (en los “partidismos” esa es la dialéctica usual, que, por eso, casi ninguna persona inteligente y libre se aviene a ser “hombre de partido”).

Es fácil tratar de revolver la tortilla de la razón a partir del ejercicio de la fuerza de la ley por las fuerzas del orden, las únicas legitimadas en una democracia para ello: que la fuerza de la ley no es la ley de la fuerza. Es fácil acusar de violencia al policía que trata de impedir que se incumpla la ley…

Es fácil en estos lances todo menos ser ecuánimes, valorar equitativamente la realidad conflictiva y, sobre todo, convertir la tristeza enorme que causa todo esto en voluntad seria de esforzarse para que las aguas revueltas se reposen, se clareen y vuelvan a sus anteriores cauces

Es fácil -en estas turba-multas- hacer héroes y seguir la voz de Andrea -el criado del astrónomo, en la Vida de Galileo de Bertolt Brecht-: “Pobre del pueblo que no tiene héroes” y no fiarse de la voz del sabio, más sensata y veraz, que al instante le replica que “Pobre del pueblo que necesita héroes”

Es fácil cualquier cosa menos construir sobre tierra y cimientos sólidos… Es fácil hasta que Maduro aplauda y llame dictadores a los que defienden la democracia, a pesar de que. Ni en democracia, nadie sea perfecto o esté inmune de equivocarse en situaciones tan fluidas…. Nadie…, aunque haya equivocaciones y equivocaciones.

Además, subiendo por un instante a los principios desde tan triste y ominosa realidad y sólo en aras de llamar a las cosas por su nombre, cualquiera con dos dedos de frente no ignora ese axioma de filosofía racional, según el cual “el que quiere y pone las causas está poniendo y queriendo los efectos”; a no ser que se trate de personas temerarias o inconscientes, como el que reta a la naturaleza y se despeña en el intento de escalar una pared vertical o el que, en sus ansias locas de lograr una medalla, se dopa y hace trampas para conseguirla.

Como quiera que sea, y dejando ya las retóricas, es hora de reflexiones, cada uno a su nivel y de acuerdo con sus percepciones y análisis. Es hora de reflexionar porque los caminos del re-encuentro, si no intransitables del todo, se han vuelto ayer –mucho más que antes- plagados de estorbos y erizados de barricadas.

El estropicio es descomunal y las recetas de cura las hay ya para todos los gustos, desde las de los “aprovechaos” siempre que se produce un estropicio, parecidas a los camelos de los buscadores de gangas en casos de derribo, hasta los verdaderamente preocupados que no saben qué decir, pasando por quienes se dedican a llenar quinielas cerrando los ojos. Es decir, más conjeturas que verdades..

Por ello, como de pensar en positivo se trata, sin escabullirse nadie de una sana autocrítica -a los fanáticos (que hay bastantes en el estropicio) dejémosles a parte por incapaces de otra cosa que de su testarudo afán de mirarse el ombligo a todas horas- y en esfuerzo de todos para unir a la parte sana y limpia de la sociedad –que es la mayor parte aunque guarde silencio y no grite-, más valdría ir ensayando sin tardanza un decidido querer volver a una convivencia en armonía que conviene a todos, incluso a los independentistas.

“El infierno son los otros”, dejó sentado el existencialista ateo y marxista J. P. Sartre en su negativo drama Huis clos. El infierno está en “los otros” es idea nefasta que acerca inexorablemente a los artesanos del “no” y el “nohilismo”. Es remedo plástico de su otro ensayo L’être et le néant: quien contraste los dos se podrá dar cuenta de que son “uña y carne·. Un atentado a la fraternidad universal y, más aún, a la cristiana. Es sencillamente sembradura del odio y salar la tierra hasta dejarla improductiva... Y en esas estamos.

¿Tenemos futuro? Es una última reflexión de mi “día después”.

Como paralelamente inquiere G. Steiner al cerrar la última de las cinco conferencias que componen su –para mí- cenital ensayo titulado Nostalgia del Absoluto al preguntarse por el futuro de la verdad –“La verdad, creo, tiene futuro; que lo tenga también el hombre, está mucho menos claro. Pero no puedo evitar un presentimiento en cuanto a cuál de los dos sea más importante”-, yo creo en el futuro del hombre, aunque lo subordine a la presencia de la verdad en medio de nosotros. Ahora mismo, con lo del “estropicio” de ayer y con sus causas y raíces, estoy a punto de dudar y en escéptico, aunque no lo quiero.

Insisto. ¿Tenemos futuro? Ojalá sí por el bien de todos como he dicho ya. Y si así no fuera –como pudiera suceder- que cada cual –tras la pertinente autocrítica- asuma sinceramente y sin trampas sus actitudes, sus decisiones y sus actuaciones. En todo caso, y como el estropicio ya está servido y los odios andan sueltos, que Dios nos coja confesados. Que hay cosas peores que ser malvado: odiar, por ejemplo, y todos saben que el odio es enfermedad del alma y de difícil cura.

+++ Antes de cerrar del todo estas reflexiones, vayan unos “flashes vivos” de lo de ayer. Con ironía y, a poder ser, conalgo de pimienta y sal.

-Las lágrimas del futbolista Piqué: entenecedoras. Aunque haya muchas clases de lágrimas.

-El partido de fútbol jugado a puerta cerrada: cálculo fenicio y malicia subversiva en la recámara.

-La pasividad de los “mossos”: cuando los trenes de judíos llegaban a Auschwicht y al descargar la mercancía, los guardiales o invocaban la “obediencia debida” o ponían música de Bach o Haendel

-La corrupción de menores: en la cima de todas las corrupciones

-Las cargas de la policía: no hubo muertos. En Venezuela pasaron de cien y en los Estados Unidos son frecuentes en las cargas de la policía.

-La Bolsa cae… La prima de riesgo sube… Con lo miedosa que es la “pela”, normal!.

-Y, al final, un recuerdo de lo que ayer leía en I. Linazasoro, en su Reírse a pesar de todo: “No cuentes tus males a los demás, que los divierta su padre”

Lo digo porque me consta qye ayer algunos corresponsales extranjeros en Barcelona se partían de risa o se frotaban las manos. ¡Qué imbéciles!, diría, aunque añadiendo, ¿ellos o nosotros?

Y cierro ya. 

Cuando todo invita al pesimismo, me resisto a ello y me digo que hasta contra toda esperanza se puede esperar sin caer en bobos o “Siempre deja la ventura una puerta abierta a las desdichas, para dar remedio a ellas”. Sólo en el infierno la esperanza se queda a la puerta como afirma Dante. Y esto, aunque sea grande el estropicio, aún no es el infierno.

Las últimas luces

Fernando García de Cortázar
Alfa y Omega


Pongámonos manos a la obra y reescribamos la historia del pensamiento universal con el legado insoslayable de unos humanistas españoles que, siguiendo el consejo de san Agustín, buscaron al hombre y su peripecia para encontrar a Dios.

Planes en una pequeña localidad situada al norte de la provincia de Alicante que no alcanza los 1.000 pobladores, con hermosos campos de cerezos y almendras y un paisaje de acantilados y barrancos, entre cuyos juncos y adelfas se escucha el canto del agua. 

Tierra morisca de donde fueron expulsados sus esforzados labradores en 1609, cuando el europeísta y corrupto duque de Lerma, para acentuar su sintonía con el viejo continente, decidió liquidar de España los últimos vestigios del islam. Entonces la balada del agua se mudó en llanto para despedir a aquellos buenos guardianes del regadío, enamorados de la acequia, de los que se desconfiaba por sospechar que en sus hogares, con las cortinas echadas, elevaban sus plegarias a Alá. 

Las huertas del reino de Valencia agonizan huérfanas de los sufridos y rentables moriscos mientras los terratenientes arruinados buscan subsidios en los gobiernos de Madrid con los que, a partir de entonces, establecerán vínculos más estrechos que los de la burguesía catalana.

El olvido del gran sabio exiliado
No tiene ya Planes memoria de aquellas penalidades porque, tras largos años de olvido y oquedad, su hijo predilecto, Juan Andrés, el jesuita expulsado de España con sus compañeros de orden por Carlos III en 1767 ha vuelto al pueblo gracias al trabajo impagable de Pedro Aullón de Haro y su grupo de investigación Humanismo-Europa, para cumplir el deseo de Dante en el Canto 25 del Paraíso de su Divina Comedia y «en la misma fuente en que fui bautizado recibir los laureles de poeta». 

En su caso, no ya de poeta sino de sabio ilustrado, la cumbre más alta del humanismo europeo del Siglo de las Luces, el monumento más glorioso de la alianza del saber clásico y la cultura moderna. No lo sabían ni los propios lugareños, que escuchaban atónicos y emocionados las revelaciones del catedrático de Toulouse Pérez Bazo, ni los mismos jesuitas que desconocen el lugar de la tumba de Juan Andrés en Roma, ni el conjunto de los españoles que nunca oyó hablar del erudito de Planes ni de un exilio intelectual que brilló con fulgor en tierras italianas.

Aunque el emperador filósofo Marco Aurelio escribiera: «la vida es una guerra y un exilio, la fama póstuma es olvido», hay omisiones injustificadas que no son solo indolencia y descuido, sino pura parcialidad y sectarismo. A pesar de los silencios que ha sufrido, hoy se empieza a reconocer que la Escuela Universalista del siglo XVIII, compuesta fundamentalmente de intelectuales jesuitas expulsados de España por Carlos III, es un hecho de primera magnitud en la historia del pensamiento universal. 

Cuando se ha venido escribiendo que apenas había existido una Ilustración española, sobre todo si se la compara con la francesa o la alemana, las investigaciones actuales obligan a afirmar que ciertamente la hubo y muy potente, enfocada a la emancipación del individuo no por medios revolucionarios sino por los de la ciencia y el saber. 

Esta Ilustración, humanista, científica y cristiana, esta Ilustración tan española de cambiar las cosas desde dentro, llegó donde nunca alcanzó a acceder la mera Ilustración política: abordó al hombre en su universalidad, en su caminar por la historia, en su irrefrenable afán de perfección y excelencia.

Cuando se divulgaban por Europa las obras de estos españoles transterrados, empezaban a apagarse las luces de la Ilustración y venía empujando fuerte el Romanticismo con su feroz subjetivismo, su desprecio de las normas clásicas y su exaltación de los sentimientos y las tradiciones nacionales. 

Tiene razón el poeta Gil de Biedma al afirmar que la historia es una marea que todo lo devora. Lo que hay bajo sus aguas son muchos espinazos rotos, muchos olvidos, muchos sueños extenuados. También yacía ahí hasta ahora la ciclópea obra de Juan Andrés, el cultísimo jesuita admirado por Goethe y reclamado –sangrante paradoja– por Carlos III para que volviera a su patria de donde había sido arrancado .

Está por hacer la crítica de la Enciclopedia francesa, la denuncia de sus plagios y deficiencias, pero no desconocemos su capacidad de influencia y hasta dónde pudo llegar con su aparato propagandístico, repartiendo honores y lanzando dicterios. En el mismo arranque de la obra Diderot pontificó que un hombre solo no podía escribir la historia universal de las ciencias y las letras.

Mal que les pesara a los enciclopedistas, fue eso precisamente lo que hizo Juan Andrés en su monumental Origen, progresos y estado actual de toda la literatura que lo convierte en figura mundial, el padre de la historia comparada de las ciencias y las letras. Y desde la misma ansia de universalidad trabajaron sus compañeros de religión y exilio Hervás y Panduro, creador de la lingüística moderna, el matemático Antonio Eximeno, autor de una teoría revolucionaria de la música, y una treintena larga de intelectuales.

¿Cómo es posible persistir en la omisión de esta gran escuela ilustrada, cuya existencia completa y modifica el concepto de la cultura moderna? Pongámonos manos a la obra y reescribamos decididamente la historia del pensamiento universal con el legado insoslayable de unos humanistas españoles que, siguiendo el consejo de san Agustín, buscaron al hombre y su peripecia para encontrar a Dios.

¿Qué es la posverdad…? La crisis global del pensamiento

Humberto Pérez-Tomé Román
Hispanidad


La corrupción de la razón es una de las consecuencias más evidentes del relativismo decadente, que provee al nihilismo contemporáneo de una existencia basura, sin futuro y de horizontes planos, porque nunca pretende ver qué hay de verdad o de mentira en los hechos y en las personas.

La verdad y la mentira es algo que orienta a las personas hacia una existencia real y personal, que nos sitúa en un plano de evidencia en relación con los demás y la sociedad en general. 

La verdad y la mentira están en el plano del juicio moral, por eso es importante. Tan importante es, que el relativismo se ha encargado de destruirlo y lo ha sustituido de manera casi inmediata, consensuándolo a través de la ley. La verdad y la mentira ya no es lo que es moralmente o no, que puede ser incluso subjetivo. La verdad y la mentira ya es lo legal y lo ilegal.

Las leyes han sustituido el concepto de bueno o malo por lo que la ley me permite y se puede hacer, o no. Es legal abortar pero no ir a más de 120 km/hora en la autovía. Una manera perfecta para manipular a la sociedad desde la ley, creando normas y fabricando nuevas costumbres, comportamientos humanos.

La posverdad ha llegado para deconstruir más la razón razonable porque se maneja desde la sinrazón de los sentimientos. Así, solo desde lo que somos capaces de sentir, podemos justificar de manera vehemente, incluso violenta, nuestra opinión, que no razón. Somos capaces de justificar desde el amor -de hecho así lo hacen muchos buenistas-, la homosexualidad o el animalismo, con las formas más agresivas que el pacifismo nos autoriza como son el acoso, el insulto y saltarse la ley si es necesario. 

Y por el contrario, desde el odio, por ejemplo, podemos agrandar la ola salvaje del nacionalismo porque nadie piensa en qué sucede y sus consecuencias. La acción solo está dominada por el sentimiento, sin pasar por la cabeza, y provoca un exacerbado amor a las ideas propias y por ende odio a las ajenas.

El relativismo imperante ha hecho rodar las tendencias más enfermas de la razón humana: materialismo, individualismo, nihilismo y la posverdad, que ha sido agitada intencionadamente desde las redes sociales por unos e imitadas por todos los demás, es decir, la mayoría, lo que provoca sin duda una tendencia de comportamiento relacional. 

¿Cuál es la evidencia de que somos practicante de la posverdad? Primero: prejuicios, va por delante una idea preconcebida de algo o alguien que nos pone a la defensiva. Segundo: nos creemos sin contrastar lo que nos interesa y rechazamos por lo mismo lo que consideramos que nos ataca.

La posverdad ha sido la puesta en marcha con evidente éxito por los populistas, porque la posverdad es un arma muy eficaz para hacer propaganda política y para las apologías más variadas.

Filosofía y sentido común (Sekotia). José Fernando Calderero y Andrés Calderero. Lo importante de este libro es la sencillez y el tono divulgativo de la obra. Una forma de acercarse a la filosofía de manera desenfadada demostrando al lector que filosofía es todo en la vida. Pero el trasfondo de la obra se centra en llamar a atención sobre no dejarnos llevarnos (huir de la posverdad) desde un pensamiento crítico analizando el por qué de las cosas, lo diga quien la diga, porque la televisión o las redes sociales, no pueden embargar tus conocimientos y capacidad de decisión, sobre la decisión inexistente.

Cómo ganar la guerra cultural (Ediciones Cristiandad). Peter Kreeft. Copio directamente de la sinopsis: Recuperar la felicidad de la gente sencilla que cada día intenta sobrevivir con dignidad en este mundo es un empeño para el que quedan deshabilitados los “expertos”, los intérpretes autorizados por la propia cultura dominante, y ya va siendo hora, dice Kreeft, de que el sentido práctico y común de la gente normal se rebele y plante batalla. Recomiendo seguir leyendo desde el enlace.

Imperiofobia y leyenda negra (Siruela). María Elvira Roca. Esta obra se ha convertido en el buque insigne del último año para explicar y derrotar a los tontos útiles que siguen erre que erre azotando a España y a la Iglesia con las mentiras propagandistas que hace siglos se crearon por intereses políticos, y que siguen casi con la misma eficacia de cuando salió. Y si la posverdad ahora domina las redes sociales, este es posiblemente el ejemplo más apabullante de que puede hacer mucho daño a muchos y mucho tiempo. Y sobre todo demuestra que la posverdad es la forma más tonta y malvada de ejecutar mentiras.

La cremallera

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


El encaje territorial viene de lejos

Se suele repetir que el 23-F quien anuncia la llegada de “una autoridad competente, militar, por supuesto”, es Antonio Tejero, quizá porque él lo diría exactamente con la misma precisión. Pero no fue Tejero, sino el capitán Jesús Muñecas Aguilar, amigo suyo y condenado a cinco años por su participación en el golpe frustrado.

En la asonada del otro día se produjo un anuncio similar, aunque en este caso cabe adjudicárselo al protagonista sin ningún género de dudas porque se televisaba en directo. La traducción de sus palabras al castellano es la siguiente:

“Es conocido por todos ustedes que, desde el mismo día siguiente al referéndum, se han puesto en marcha diferentes iniciativas de mediación, de diálogo y de negociación a nivel nacional, estatal e internacional. Algunas de éstas son públicas; otras no lo son, pero lo serán. Todas son muy serias y eran difíciles de imaginar hace solo un tiempo”.

Dicho en corto. Se espera la llegada de “un mediador competente, internacional, por supuesto”. Es un chico muy serio al que todavía no conocen ustedes, pero que en breve sí. Próximamente, en sus pantallas.

No hace falta grandes esfuerzos para suponer que el martes Puigdemont tenía ante sí un complejo discurso. Era la culminación del proceso, el ramo de una obra tan ambiciosa como desleal y conspiradora. Hasta ahí todo había encajado a pedir de boca desde el punto de vista de la secesión, pero ocurre como con las cremalleras que se han saltado uno o más dientes; que cuando se llega al tope, es imposible que cierre correctamente.

Al proceso le pasó lo mismo. Mientras no fue necesario dar la última puntada, sabían cómo avanzarlo, pero al venir todo sin ley ni orden, con pies de barro y saltado un diente, no cierra. Y ahora apelan a un elefante blanco, internacional, por supuesto.

04 octubre 2017

La gravedad del Rey y la irresolución del Gobierno

Editorial
Libertad Digital

El magnífico discurso del Rey ha puesto en bandeja al Poder Ejecutivo la suspensión de la Administración autonómica catalana, en manos de los golpistas.

No hay un solo dirigente político con representación parlamentaria que se haya atrevido a describir la "extrema gravedad" de la situación que se vive en Cataluña como lo ha hecho este martes el Rey, en un tal vez tardío pero solemne y espléndido discurso dirigido al conjunto del pueblo español. 

Lejos de apelar al diálogo y de lanzar ofertas de negociación –tal y como ha hecho la práctica totalidad de la clase política, incluyendo al Gobierno–, Don Felipe ha recordado sin medias tintas cómo, "desde hace ya tiempo", las autoridades de Cataluña han venido, "de una manera reiterada, consciente y deliberada", "incumpliendo la Constitución y su estatuto de autonomía".

El Monarca ha resaltado reiteradamente cómo han sido y son las propias "autoridades" autonómicas de Cataluña las que han "quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho" y "socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando, desgraciadamente, a dividirla"; cómo "han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles"; cómo "han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado". "Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña", ha recordado.

Don Felipe ha mostrado, en definitiva, una realidad que, ciertamente, conocerá una inmensa mayoría de los españoles, pero que nunca es descrita en tales términos por la clase política, que así no tiene que sentirse abocada a tomar una decisión que rehuye por falta de coraje moral y de lucidez intelectual –caso del Gobierno– o porque dificulta los planes para desbancar al actual Ejecutivo con la ayuda de podemitas y nacionalistas –caso del PSOE–.

En este sentido, se podría decir que el discurso del Rey ha puesto en bandeja al Poder Ejecutivo la suspensión, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, de la Administración autonómica catalana, en manos de unos golpistas que, a día de hoy, siguen en libertad y a sueldo del Ministerio de Hacienda. Esta medida ya no podrá evitar, obviamente, la ilegal convocatoria del 9-N ni la del 1-O, pero sí que desde las propias instituciones del Estado se siga atentando tan gravemente contra España y contra las normas básicas del Estado de Derecho.

Con todo, está por ver si el Ejecutivo de Rajoy –que asumió el pasado domingo el papel que le correspondía al Jefe del Estado para convocar a todos los partidos políticos, después de fingir poco menos que el Estado de Derecho había imperado en Cataluña– está a la altura y toma una medida que viene rehuyendo desde 2012. 

Y eso por no hablar de un PSOE que parece sólo interesado en el "diálogo" con los golpistas y en denunciar una "violencia policial" que, en realidad, causó más heridos entre los policías que entre los que participaron en la ilegal consulta separatista.

En cualquier caso, tras este magnífico discurso de Felipe VI –hoy más que nunca, nuestro Rey– no se puede dudar del compromiso de la Corona con la "unidad y permanencia de España". Eso es, precisa y dramáticamente, lo que está en juego.

El golpe de Estado es hoy

Gabriel Albiac
ABC

Si el mando supremo de los Mossos no duerme esta noche en la cárcel el golpe habrá triunfado

Ayer no sucedió nada. Sólo escena. No fue un golpe de Estado: no hay golpes de Estado sin que las armas aúpen un poder institucional nuevo. No fue un golpe de Estado, lo actuado. Fue su representación teatral: paso de danza, juego de salón. El golpe de Estado empieza hoy. Sabremos si ha triunfado o no muy deprisa. No hay «proporcionalidad» frente a un golpe de Estado: o es vencido o vence.

Si el mando supremo de los Mossos, que incurrió en rebelión armada el domingo, no duerme esta noche en la cárcel el golpe habrá triunfado. Si la autoridad regional de Cataluña, que planificó la violación de la ley y que llamó a la sedición, no duerme esta noche en la cárcel el golpe de Estado habrá triunfado. 

Si el responsable de las finanzas regionales, que robó dinero público para financiar la secesión, no duerme esta noche en la cárcel el golpe de Estado habrá triunfado. 

Si el Gobierno de la nación no abandona su pasivo actuar sólo a la contra, el golpe de Estado habrá alcanzado todos sus objetivos: contra un golpe de Estado no cabe agazaparse a la defensiva; o el Estado toma la iniciativa o no hay Estado; y entonces mejor rendirse cuanto antes. 

Si hay Estado, ninguna de las autoridades que incurrieron ayer en algo que tiempos menos eufemísticos llamaban «alta traición» puede dormir esta noche en su domicilio.

A eso se reduce todo. ¿Va a pasar el golpe de Estado catalán de la esgrima festiva de ayer al combate serio que empieza hoy? Nadie puede fingir sorpresa ante lo sucedido. T

odos sabíamos, desde 2014 por lo menos, que los jerarcas de la CUP y el PdCat iban a poner sobre las tablas la charada que serviría de prólogo a la secesión; todos sabíamos, desde 2014 por lo menos, que la Policía Autónoma era el germen de ese Ejército Nacional de Cataluña que los de Puigdemont no se han privado de reivindicar. La sorpresa está en otro sitio: en Madrid.

¿Cómo ha sido posible que un Gobierno legítimo, cómo ha sido posible que una oposición democrática puedan consentir que una fuerza armada, cuyos mandos se autoproclaman sediciosos, siguiera en activo sin ser desarmada y rehecha bajo mandos constitucionalistas? 

¿Cómo ha sido posible que un Gobierno legítimo, cñomo ha sido posible que una oposición democrática hayan podido tolerar que los más altos funcionarios del Estado en Cataluña hayan procedido públicamente a tejer un «Estado paralelo» con el dinero de todos los españoles sin aplicar el Código Penal con el rigor que un delito de esa gravedad exige? 

¿Cómo ha sido posible que una escena de doble poder haya podido ser desplegada durante tanto tiempo sin entender que no hay doble poder que no acabe en confrontación física?

Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Trapero y los demás sediciosos que tomaron ayer calle e instituciones dormirán, espero, esta noche en un calabozo. Todos lo esperamos. De no ser así, el Gobierno de España habrá dejado de existir, la oposición se habrá diluido en nada, el Estado será piltrafas… Y la nación, nada más que un recuerdo.

03 octubre 2017

Yo estuve allí y esto es lo que viví

Olga Bautista Camarero
EL ESPAÑOL


La autora, magistrada y miembro de la Asociación de Jueces Francisco de Vitoria, relata su experiencia en la jornada del referéndum ilegal, ante un colegio habilitado para la votación.

1 de octubre en cualquier lugar de Cataluña. No quería que me lo contasen, ni unos ni otros, por eso a las 8 de la mañana estaba en la esquina del colegio electoral de mi barrio. Había unas 200 personas, y poco a poco iba llegando más gente de todas las edades, sólo uno se arropa en la estelada, pero alguien le indica que se la quite y lo hace. Hay gente también en el patio del colegio, la puerta está cerrada, pero se encaraman en la verja. Son jóvenes; algunos, niños.

Una pareja de mossos d'Esquadra está en la esquina opuesta a la mía. No hacen nada, miran al infinito. Una joven se acerca a darle dos claveles blancos, que no rechazan, pero acto seguido los dejan en un banco cercano. Una madre con sus dos hijos pequeños, de entre 5 y 7 años, se acerca a la puerta del colegio. Los niños sacan unos instrumentos de música y se ponen a tocar Els Segadors. La gente se calla, escucha, uno de los mossos comenta que le parece emocionante; yo no doy crédito a tal comentario.

Por medio de megáfonos organizan el comienzo de la votación. Piden a los niños y a la gente mayor que se coloque en la puerta, que se forme un pasillo que proteja a los que van a votar. Hay hasta un octogenario con una silla que se ha traído de casa. Se forma una fila considerable de gente dispuesta a votar. Se comenta que se puede hacer sin sobre, en cualquier colegio y con cualquier papeleta que se hayan traído de casa. Todos consultan las redes sociales para tener información.

Me encuentro mucha gente conocida, me miran con perplejidad, les comento que he venido a verlo porque no quiero que me lo cuenten. Parece que les sorprende gratamente, me comentan la emoción que han sentido cuando, de madrugada, han llegado las urnas. Yo callo.

Sólo quedan dos minutos para que se abra el colegio, reconozco que no entiendo la pasividad de los mossos y que empiezo a indignarme. De pronto alguien avisa de que viene la policía.

Unos cinco furgones de la Nacional avanzan por la calle. Se deshace la fila y se forma una piña en la puerta del colegio. La gente sale a los balcones, la policía se despliega en silencio, comienzan los gritos de “asesinos”, “hijos de puta” y ”votaremos”. Se intentan acercar a la puerta del colegio, les increpan, les tiran agua. Aguantan impertérritos.

La gente forma una cadena abrazándose unos a otros para que no entren en el colegio. Los agentes disparan al aire, los niños se asustan y lloran y entonces la gente les insulta porque no tienen vergüenza, “¿no veis que hay niños?”. Y yo me pregunto, ¿qué hacen aquí estos niños? ¿No han sido sus propios padres quienes les han colocado en la puerta del colegio sin pensar en su integridad? Nuevamente siento vergüenza.

Los agentes no miran a la cara de los que, sin ningún pudor, se les colocan delante para insultarles.

Vienen más furgones, salen rápidamente los policías y se avivan los insultos, las consignas, los gritos. Algunos empiezan a correr, no sé muy bien por qué. Aumenta la tensión. Y entonces, por primera vez en mi vida, me identifico con el carnet profesional ante el inspector al mandointeresándome por si puede haber problemas. Me indica que tienen orden de no cargar, pero me ofrece un asiento en un vehículo si la cosa se pone fea. Se lo agradezco, pero estoy como espectadora y no tengo intención de molestarles en su trabajo. Me mantengo fuera del cordón policial.

La policía se mueve rápido. Algunos agentes forman un cordón protegiendo los vehículos e impidiendo el paso de la gente mientras el resto entra en el colegio a retirar las urnas y las papeletas. Y sí, hay un herido. La gente grita con fuerza que son "asesinos", y vuelven los insultos. Comentan que es "violencia" ante un "acto democrático".

De entre el tumulto sale mi madre, catalana y firme defensora del hecho diferencial, pero no independentista. Indignada me comenta que bastante había aguantado ya el policía al energúmeno que le escupía, insultaba y empujaba, y textualmente dice: “Antes le hubiera dado yo”.

Los agentes no miran a la cara de los que, sin ningún pudor, se les colocan delante para insultarles, reclamándoles respeto a la "democracia", recriminándoles su "opresión", señalándoles como "invasores". Son muchos, jóvenes, mayores, hombres y mujeres que sin reparo se colocan a escasos centímetros de los policías para increparles con todo lo que se les pasa por la cabeza.

Delante de mí un hombre descarga su ira verbal frente a un agente que desvía la mirada y ni se inmuta externamente; supongo que por dentro debe llevar la procesión. Cuando el individuo se cansa y se marcha, el policía me mira y no puedo reprimirme, vuelvo a sacar el carnet profesional, se lo exhibo al tiempo que le digo lo orgullosa que estoy de ellos. Sorprendido me sonríe y me da las gracias.

Incautadas las urnas se despeja la zona. Aquí no se votará. La policía se desplaza a otro punto conflictivo, y yo, después de dos horas de formar parte dela triste actualidad que nos ha tocado vivir en Cataluña, también me voy.

Siento indignación por lo que he tenido que escuchar, estupor por la ira que gran parte de la gente rezumaba, cierto temor por lo que pueda pasar mañana -y quien dice mañana dice de ahora en adelante-. Estoy convencida de que mi versión no será la que cuente la gente, porque no ofrece el victimismo buscado, pero yo estuve ahí, y esto es lo que viví.

Tiempo de adiós

Luís Herrero
Libertad Digital


Vi en Barcelona con mis propios ojos muchos colegios abiertos y largas colas de votantes. Había urnas. Y papeletas.

La política sirve para llevar esperanza a los ciudadanos, o sirve para muy poco. Se vota a quien puede hacer que las cosas mejoren, a quien resuelve problemas, a quien encuentra salidas en los laberintos. O, al menos, a quien merece la duda razonable de ser capaz de conseguirlo. Ayer, en Cataluña, se vio con claridad meridiana que el Gobierno de la nación no está a la altura de ese requisito.

Había contraído un solemne compromiso ante la sociedad española: no iba a haber otro 9-N. No habría colegios abiertos. Ni urnas. Ni papeletas. No habría más votación que la que pudiera producirse, de manera aislada y testimonial, en los pequeños pueblos de la Cataluña escarpada. La hemeroteca no me dejará mentir. Y la memoria de la gente honrada, tampoco.

Y, sin embargo, vi en Barcelona con mis propios ojos muchos colegios abiertos y largas colas de votantes. Había urnas. Y papeletas. Y policías de mirada pastueña contemplando con arrobo el espectáculo, tan ilegal como pacífico, tan tolerado como sedicioso. No vi en directo ninguna carga. Anduve durante horas y no tuve ocasión de toparme con ninguna escena de tensión.

Si no hubiera tenido acceso a la radio, a la televisión y a las alertas del teléfono móvil mi crónica -cargada de perplejidad, eso sí- hubiera sido la de una plácida mañana de domingo, cenicienta y húmeda, de otoño frente al mar, en una Barcelona perezosa, silenciosa y electoral. Solo había bullicio, y poco, en las puertas de los colegios. Una manzana más allá la astenia dominguera volvía a adueñarse del paisaje urbano.

Cerca de la Sagrada Familia, sucesivas oleadas de turistas japoneses le daban un soplo de vitalidad al bostezo cosmopolita de la ciudad adormilada. Quise entrar en el templo para ver si el cardenal Omeya lanzaba mensajes entreverados en la homilía de la misa de 12, pero un guarda jurado me dijo que el culto catedralicio era muy madrugador y que la siguiente misa sería a las nueve de la mañana del día siguiente. 

O me unía a las multitudes niponas, pasando por caja, o me quedaba sin ver por dentro la inventiva constructiva de Gaudí. Así que seguí paseando por las calles y elevé a definitiva mi conclusión particular: estaba pudiendo votar todo aquel que quería hacerlo.

¿Por qué, entonces, había querido regalarle Rajoy a los independentistas las imágenes de las cargas policiales que estaban ocupando los espacios preferentes de todos los medios de comunicación, nacionales y extranjeros? ¿Por qué permitía que Junqueras, Puigdemont, Colau, Forcadell y Ana Gabriel, los cinco magníficos de la rebelión, votaran ante la atenta mirada de la prensa, sin que ningún achuchón uniformado les incomodara, y en cambio mandaba acometer arbitrariamente a anónimos ciudadanos del común?

Si el plan era impedir por la fuerza la votación, lo congruente hubiera sido actuar del mismo modo en todos los colegios. Hacerlo solo en algunos, dando la falsa impresión de que la musculatura del Estado imponía su ley a chichón limpio mientras dos millones de catalanes se burlaban de ella paladinamente, es una asombrosa contribución a la estulticia política que bate todos los récords hasta ahora conocidos. 

No solo se ha votado -yo mismo lo he visto con estos ojos que ha de tragarse la tierra-, sino que además parece que se ha hecho con el heroísmo épico que exhibió David frente a Goliat.

La imagen es falsa, desde luego, pero el hecho es verdadero. Los independentistas querían votar y lo han conseguido. Que lo hayan hecho en una consulta sin garantías no debería consolarnos. Lo han hecho de la única forma que podían hacerlo. Nunca estuvo sobre la mesa un referéndum legal y riguroso.

 El reto de Puigdemont no era arrancar del Estado el permiso para hacer algo que la Constitución prohíbe, sino burlar su vigilancia para repetir la machada del 9-N, ahora frente a la oposición activa de jueces, fiscales y tricornios. Esos eran los términos exactos del desafío.

Anoche, el Rajoy más patético que yo recuerdo dijo en televisión que había logrado su objetivo de impedir que los independentistas se salieran con la suya. No fue solo un acto de negación de la realidad, sino la invención de una realidad distinta, imaginada a la medida de sus deseos. Rajoy actuó como un iluminado. Y lo peor de todo es que estamos en sus manos. 

Si ha fracasado en su intento de impedir que llegáramos hasta aquí, a la puerta misma de la declaración de independencia, ¿por qué hemos de creer que será capaz de arreglar el entuerto que nos aguarda a partir de ahora?

El Estado, con él en el puente de mando, no ha sabido encarar la rebelión sediciosa más Importante que ha tenido la nación española a lo largo de su historia. Lo de ayer era lo más parecido a una cuestión de confianza. De la eficacia de su respuesta dependía que el Gobierno conservara el poco crédito que le quedaba como gestor de este lío. Ahora ya no queda saldo alguno que gestionar. Estamos más solos que la una.

El plan de Sánchez -informo, no opino- era negociar con Junqueras, si los aurigas del procés se avenían a no forzar la declaración de independencia, generosidad judicial en los procesos abiertos, reforma constitucional y algún tipo de consulta pactada en tres o cuatro años a cambio de elecciones autonómicas y árnica temporal en las demandas independentistas. Esa es la opción de la alternativa: sacarnos de Guatemala para meternos en Guatepeor.

Así las cosas, por paradójico que parezca, lo menos malo que puede pasar es que el Gobierno catalán consume la amenaza con la que acabó anoche el mensaje institucional de Puigdemont de dar por instaurada la República catalana. Es la única forma de obligar al PSOE a prolongar la pantomima del apoyo al Gobierno de Rajoy. No resolveremos el problema, pero tal vez ganemos tiempo para poder despedirnos de la España que heredamos de nuestros padres con un poco de delicadeza.

02 octubre 2017

Clerigalla

Juan Manuel de Prada
Religión en Libertad


En su admirable Exégesis de los lugares comunes, Léon Bloy nos hacía el retrato de cierto tipo de clérigo remilgadito y lamerón a quien no interesa otra cosa sino halagar al mundo. Algunos pasajes de este retrato vitriólico mantienen una vigencia perturbadora: 

«Lo más sorprendente, desde mi punto de vista, es la agilidad de gacela con la que salta todos los obstáculos: los doce artículos del Credo, las Escrituras, la tradición, el culto a los santos, la penitencia, las postrimerías, el infierno y varias antiguallas más sobre las que no vale la pena insistir. La filosofía moderna, en cambio, le resulta de gran ayuda y sustituye con ventaja a la Revelación. Con ella, uno está seguro de cautivar a su público, especialmente si se dejan caer con cuidado algunas alusiones discretas a las ventajas de la democracia y a la tolerancia ilustrada de los gobernantes. Del Amor Divino, ni palabra. Así y no de otro modo es como se anuncia la Palabra de Dios. Generalmente me duermo y ronco de admiración».

Un siglo después, esta clerigalla soporífera campa por sus fueros. Cuando lanzan sus predicaciones inanes en la penumbra de una iglesia al menos podemos, siguiendo el consejo sarcástico de Bloy, "roncar de admiración"; pero el problema es que, a medida que pierden la fe en Dios, se hacen más mundanos y se ponen a evacuar pomposas proclamas de fe democrática y atufantes declaraciones de tolerancia, invocaciones brumosas al diálogo y farfollas politiquillas que dan grima y, además, constituyen una traición al Evangelio. 


Pues, como nos recuerda Chesterton, Cristo «jamás utilizó una sola frase que hiciera depender su mensaje del orden social y político en el que vivió». Pero esto fue así porque sus palabras de vida eterna tenían la dinamita suficiente para encender y transformar los corazones; en cambio, las palabras febles y arrugaditas de esta clerigalla no sirven ni para encender una colilla. Y tal cosa ocurre porque estos tibios curánganos han sustituido la religión del Dios que se hace hombre por la religión del hombre que se hace dios. 

Hablan con un cálculo indecente que se preocupa más de contentar a tirios y troyanos que de la salvación de las almas que les han sido encomendadas. Han dejado de creer en los doce artículos del Credo; han dejado de invocar el auxilio de los santos y de hacer penitencia (pues ellos mismos se creen santos); odian la tradición con un odio peludo y azufroso porque señala su traición; y, por supuesto, creen que el infierno está vacío (y tal vez lo esté, por hacerles hueco).

Cristo les dijo: «Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno». Pero esta clerigalla calla medrosa cuando los reyes de la tierra pisotean la ley de Dios; en cambio habla campanuda y meliflua, con circunloquios que no se le ocurrirían ni al que asó la manteca, en cuanto olfatea la posibilidad de hacer postureo mediático. 


Al menos los curas secesionistas, una vez perdida la fe, tienen el valor de echarse al monte de la soflama sin paños calientes; estos sepultureros de la fe, en cambio, no hacen sino embadurnarlo todo con un pringue de palabras ambiguas de las que ha desertado Dios (porque Dios no soporta el mamoneo y la cursilería). 

Son mucho peores que los fariseos; pues de aquellos aún podía uno aprender de sus palabras, ya que no de sus hechos. En cambio, esta clerigalla no es ejemplo ni en lo que hace ni en lo que dice; pues todo lo que dice y hace sólo sirve para desalentar a los fieles.

Ya que hemos empezado este artículo citando al gran escritor católico Léon Bloy, tan odiado por todos los tibios, lo clausuraremos también así: «Jesús muere hoy por segunda vez, pero no en la Cruz, sino en el umbral de su Iglesia, asfixiado por el asco».

Publicado en ABC el 30 de septiembre de 2017.


Triste y merecido

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


Mentiras sobre mentiras

Fundamentalmente ha sido una mañana triste, viendo cómo miles de ciudadanos se agolpaban en filas, ansiosos de arrebatarme mis derechos, con el aplauso de otros muchos a los que este atraco a cara descubierta les parece la quintaesencia de la democracia.

Líbreme el cielo de tan tóxicas relaciones y de inaugurar un nuevo diccionario político donde lealtad signifique traición, y delincuencia, justicia. A semejante bajeza no nos van a doblegar, así se pongan cinco millones en fila india, o veinte de cuatro en fondo.

No sé qué puede nacer de un bochorno como el de ayer; de una chapuza, de un pucherazo, de un carnaval, de una farsa y de un robo. Porque como dice Luis Sánchez Merlo, y como hay que recordar a los entusiastas del secesionismo, todo esto se inventó para que los ladrones de la burguesía catalana se libren de la justicia cuando el secreto bancario no les proteja de la responsabilidad por las fechorías cometidas, de las cuales Jordi Pujol y su familia, son los abanderados.

Ésos sí que vienen de cuatro en fondo y por ocultar su mamandurria son capaces de enfundarse en la estelada como la imbécil de Karmele, e incluso de acostarse con Anna Gabriel, la de la CUP, aunque a media noche, después del polvo, se meta el dedo en el sobaco y se lo dé a oler. Eau de Sobac. Pichí Catalán.

Son ustedes unos pazguatos. Llevan demasiado tiempo oyendo una sola canción y el mundo está lleno de sonidos. Ahora bien, unos y otros, los robados y los aspirantes a serlo, nos merecemos estos sustos a principios de otoño. Los hemos aprobado, financiado y aplaudido. No hay partido que no haya gobernado en su connivencia, ni que haya opuesto el más mínimo freno a que ocurran semejantes cosas.

Son las tres de la tarde. Hay heridos, pucheros y simulacros. Falta mucho día, pero no escribo más.

Escepticismo y decepción

Santiago Panizo Orallo 
CON MI LUPA 


En tiempos y coyunturas de zozobra e incertidumbres, individuales o colectivas; “cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa”, y para no acabar llevando a la vida “nuestras parcialidades y apetitos”, ni tener que confiarse “al instinto de su caballo”, como Palacio Valdés propone en la primera escena de su Testamento literario; si las cosas no van de broma sino que son notoriamente graves, es cuando más se necesita la batuta del director de orquesta y que quien ha de dar el tono llame a las cosas por su verdadero nombre. Es de sentido común.

Amigos, por mucho que uno lo intente, no hay manera de liberar el alma de la pesada losa de la “pasión catalana” -como algunos llaman al actual episodio de furor independentista. Si tuvieran razón los que así le llaman –es probable que la tengan a juzgar por algunos indicios vehementes-, nada extrañarían las cegueras, las ideas fijas, los arrebatos y otras reacciones de parecido cuño. Hay veces que son las pasiones y no la razón lo que rige la conducta de los pasionales. 

Como enseña la psiquiatría, “mientras uno conserve un dominio suficiente sobre sí mismo, la pasión puede ser fecunda. Pero, muy a menudo, alcanza una intensidad patológica que puede conducir a reacciones anormales” (cfr. N. Sillamy, Diccionario de psicología, 1974, p. 235). No parece benéfico en este caso el culto a La pasión si se observa que cada día una sima llama a otra sima, un descosido a otro mayor y así, vaya usted a saber hasta dónde o hasta cuando. El caso es, como digo, que uno, por libre de pensar y decir que sea, ve su libertad asaltada por hechos y concomitancias de esta pasión.

En verdad, hoy es una concomitancia, aunque para mí relevante y digna, por tanto, de reflexionarse, la que pide vez a mis pensamientos. Es ciertamente grave la coyuntura y no sólo desde planos políticos estrictos sino éticos y morales. Por eso, a pesar del hastío , me avengo a darle paso.

El terreno –he de prevenirlo- es de arenas movedizas. Nadie lo duda, creo yo. Como son así bastantes de los caminos que ha de pisar la Iglesia en su peregrinar terrenal. Pero –como apunto al comenzar- es justo en estos terrenos donde la Iglesia ha de esforzarse por ser clara y concreta. Es en ellos donde está llamada –y obligada- a moverse con verdad, con lógica, con fidelidad estricta al mensaje de Jesús (“Mi reino no es de este mundo…. Yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad” -Jo. 18, 37).

El testimonio de la verdad Jesús lo dio en forma de principios básicos de su reino. Por ejemplo: Se ha de “dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar; o el de la obligación de aspirar a ser perfectos como Dios es perfecto, o el de que no sólo de pan vive el hombre, o que quien a hierro mata a -hierro muere. Tiene que haber teoría y principios para que las bases del mensaje no queden a merced de todos los vientos. Es necesaria la teoría para que la praxis sea posible y no se quede en plumas al viento. Pero Jesús en su Evangelio no fue un mero teorizante…

Jesús dió el testimonio de la Verdad de Dios pisando el terreno y poniendo la mano en lo concreto de la deteriorada condición humana. Hasta con violencia lo hizo una vez –quizás la única en que Jesús perdió un tanto la compostura y fue al expulsar, látigo en mano, que él mismo se habilitó con cuerdas entrelazadas, a los mercaderes del templo de Dios en Jerusalén. Siempre –porque un vencejo no hace verano- con la sola fuerza de la palabra clara y las actitudes inequívocas y, por supuesto, “a pié de obra”, como se dice: la mujer adúltera, el samaritano, el tullido de la piscina, alternando con publicanos y pecadores y un largo etcétera que cubre la mayor parte del evangelio.

Era plenamente consciente de que asumía riesgos -quién lo duda!- allla ar a las cosas por su nombre verdadero y además concreto; que eso le llevaría directamente a la insidia de sus enemigos y a la cruz. Y no era masoquista Jesús, ni un inconsciente que buscase notoriedad o publicidad alardeando de revolucionario o anti-sistema. Era el Hombre-Dios, llamado a ser –por designio divino- “evangelizador de Dios”, enviado al mundo para revelar a los hombres lo que, de la infinita plenitud de la divinidad era necesario y suficiente para poder elevarse de sus miserias de hombre. Quiere decirse con ello que no hay otro camino hacia Dios que el de la verdad de Dios y que esa verdad está patente en el Evangelio de Jesús.

Cualquiera que piense un poco ha de saber que la verdad se alimenta de teorías y principios, pero que. si se quedara en eso, corre un riesgo casi seguro de quedarse en la media verdad y la “media verdad” no es la verdad, como apostrofa el poeta A. Machado en una de sus sugerentes romas: “Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”; o el de no contentar a nadie y defraudar a todos.

Una Nota con el posicionamiento de la conferencia episcopal sobre el complicado “affaire” levantado en torno al referéndum de independencia era esperada por los católicos españoles, tal vez por todos los que, aún sin ser católicos, conceden a la Iglesia un cierto nivel de independencia frente a la polìtica y la libertad suficiente para no quedarse en medias tintas ni en equidistancias calculadas ni en vaguedades. Era esperada desde hace tiempo y el silencio era sorprendente para muchos. Ya lo he reflejado antes, Es normal que los creyentes, especialmente en situaciones-límite (y ésta lo es, creo yo), orienten al “pueblo” fiel a sus creencias cristianas; y es derecho del mismo recibir en tales situaciones una “palabra” que ilumine, conforte y tranquilice, porque la mayoría del catolicismo espalol está seriamente preocupado.

He visto la Nota. La he escuchado de labios del Presidente de la conferencia. Me he tomado tiempo pàra reflexionarla. Incluso he oído las glosas de varios obispos a la misma. Sobre todo, me propuse desde el primer momento no quedarme en la superficie sino pasar de ella para nutrirme de sustancia. 

Tal vez de tanto esperarla y de haber visto ya otrss actitudes de gente de Iglesia que me han parecido anti-evangélicas (por más que se empeñen sus autores en decir lo contrario), y hasta atentados solemnes y concretos a la dignidad del hombre (niños y jóvenes escolares manipulados por maestros y hasta por padres para enaltecer la ilegalidad, la falta de respeto a la Justicia y hasta el odio a los “otros”), habré de confesar que me sentí profundamente dececpcionado. 

Como lo digo y sin quitar aire alguno a la palabra: decepcionado a pesar de las “buenas palabras”. Es algo. Es algo más que nada, y en esto merece loa. Pero eso ya era -casi todo- conocido y recomendado Los obispos catalanes, hace unos días, ya había salido del paso pidiendo sensatez, diálogo, proporcionalidad. Y lo mismo Pedro Sánchez, y hasta Pablo Iglesias, no han cesado de hostigar al gobierno con el diálogo, como si un diálogo fuera posible cuando uno de los dialogantes pone sobre la mesa la “pistola” del referéndum a toda costa y sin alternativa. Ni de sordos puede llamarse tal diálogo.

La Nota del episcopado –a mí me lo parece- va de teorías y moralinas que, en este momento crucial de nuestra historia, suenan a cataplasma cuando de curar una tuberculosis se trata. Los complementos que ofrece ahora el episcopado me dan la impresión de sobrevolar la concreta realidad sin fijarse bien en ella.

Me siento decepcionado. Eso es todo, en lo que a mí respecta.

En lo que a otros respecta…. Seguramente habrá de todo, desde los que aplauden a rabiar porque la Iglesia no ha de meterse en polìtica, hasta los que –estando de acuerdo en que la Iglesia “no ha de meterse en política”- saben de sobra que una cosa es “hacer política” (eso es para mí “meterse en política”) y otra muy diferente asomarse juiciosamente a lo que va por debajo de la política y que hace que la polìtica sea buena o mala política, sea la del Estado o la de cualquier otro gobernante a la sombra del Estado.

Habré de insistir. El “boom” real en este caso de los escolares, por ejemplo, adoctrinados para el odio, la ruptura social consiguiente, los derechos humanos periclitados, la convivencia trampeada, los acosos, los insultos, las falseadas razones de la falta de diálogo y un largo etcétera que todos podrían rellenar con solo tomar un boli y escribir, no es cuestión de “hacer política”, sino de sus bases y principios. Ni Maquiavelo hubiera sacado tal cosa de su idea, o creencia mejor, de que, en polìtica, el fin puede justificar los medios.

Ayer tarde, conversé un largo rato, por teléfono, con la esposa de un catedrático de una selecta universidad madrileña. El y ella son católicos practicantes y no lo ocultan; por su mutua formación jurídica sobre todo, a parte de la religiosa, además de saber separar el bien del mal en las cosas que les afectan, tienen capacidad crítica para discernir con lucidez y buen juicio en las cosas que pasan o nos pasan. 

Son, por supuesto, de los que se responsabilizan de su fe católica y les duele la Iglesia, como les duele España, siempre que o los representantes de la Iglesia o los gobernantes de España no están, a su ver, a la altura de las circunstancias. En el curso de la conversación, salió a colación la Nota episcopal. Esta mujer –sensible a la realidad de los hechos y, como jurista, avezada a ver los hechos en la perspectiva existencial de la ley- lamentaba el largo silencio del colectivo episcopal y la actual inanidad o vaporosidad de la Nota. 

Demasiada teorización y postureo para tan poca “chicha” vino a decir. Y no sólo se sentía defraudada como mujer que es de acendrada fe católica, sino seriamente preocupada por el perjuicio enorme que estas actitudes producen a la religión católica, tan baqueteada ya y tan irrelevante -como nunca lo había estado hasta estos tiempos- en la visa social.

La prudencia es una virtud cardinal que el Cristianismo asume, le dije, para mitigar su pesar. Es verdad, me replicó, pero hasta en la virtu pueden darse demasías; y de este modo, cuando , por exceso de prudencia, se deja de lado el deber, ya no es prudencia sino imprudencia. Nos despedimos y nos deseamos buena suerte para el resto del día.

El tema era martilleante y cumplía conmigo.. Al final del día me puse a pensar en dos personajes modernos, cuya vida, inquietudes e ideas me sirven con frecuencia para recrearme mentalmente, porq ue los dos me parecen serios y comprometidos –ambos- con la busca y encuentro con la verdad en todo. Los dos me salen otra vez al paso con ocasión de esta Npta. Albert Camus y Julián Maías. Uno era existencialista y además ateo y el otro, además de un gran y fino pensador, era católico sin fisuras. Los dos con frecuencia me sirven de mentores en cosas como la actual.

Albert Camus, en el verano de 1946, tuvo presencia en unas conversaciones habidas en el convento de los Dominicos de Latour-, cuyo tema central era “lo que esperan los incrédulos de los cristianos”. Después de alabar la “generosidad” de quienes –no compartiendo sus ideas- le habían invitado sin embargo a departir con ellos sobre esas mismas ideas, y sentar previamente algunos puntos de “partida” –su censura, por ejemplo, del que llama “fariseísmo laico” y -puesto que no se considera en posesión de la verdad total- su respeto a las caras de la verdad que puedan venirle de fuera de si mismo, Camus pasa a decir que “le monde d’aujourd’hui réclame des chrétiens qu’ils restent des chrétiens”, que no falseen de ningún modo su cristianismo. Lo dice como conclusión a sus ideas inmediatamente anteriores: con la verdad por delante en todo.

Julián Marías –un pensador católico y comprometido con la religión- habla del papel del sacerdote y de los deberes de todo cristiano ante la verdad, la verdad de las exigencias fundamentales de su fe cristiana (Ver Obras, vol. III, pp. 132-137). En lo que a los sacerdotes se refiere (Ver f vol. VII, pp. 254-259), sus anotaciones vienen como anillo al dedo de estas reflexiones sobre la Nota del episcopado. 

He de limitarme a reproducir sólo algunas frases, aunque por gusto lo reproduciría todo: “El sacerdote, para tener cura o cuidado de las almas, tiene que estar entre los hombres, en su mundo, en su tiempo, tiene que medir lo que significan las cosas en las circunstancias reales en que se encuentra. Sus respuestas, si han de ser eficaces, tienen que serlo a las circunstancias de los hombres a quienes tiene que cuidar, atender, iluminar. ¿De qué sirve la verdad objetiva de una enseñanza si no responde a la angustia, la duda o la dificultad de aquel a quien se enseña?... A veces inquiera, y hasta acongoja, que, en una época en que los grandes pecados que amenazan a la sociedad y a los individuos son el odio, la mentira y la injusticia, los sacerdotes insistan casi exclusivamente en el tema “playas y piscinas·… sin que casi nunca se diga una palabra sobre las cuestiones verdaderamente graves, sobre las que deberían dejar sentir el peso de su autoridad y no deslizarse hacia la complicidad del silencio”

Ante estas frases y otras más que se pudieran transcribir, cualquiera se pregunta por qué un pensador católico, al que Pablo VI nombró observador oficial del Concilio Vaticano II por su inteligencia, seriedad y auténtico compromiso cristiano es tan poco citado y tan poco tenido en cuenta por el catolicismo español… Da que pensar.

Como más de una vez hago ante posturas de medias tintas o de verdades a medias en la Iglesia (por ejemplo, ante la última reforma del proceso matrimonial canónico), cierro estas reflexiones con un veredicto sintético y personal: un algo de ilusión y bastante más de escepticismo. Por supuesto, decepción intensa, como la de bastantes católicos.

Ah!!!. Y me voy a seguir leyendo ese otro libro de J. Marías –España inteligible. Razón histórica de las Españas, un libro serio, documentado, científico, razonable- para no embutirme sin remedio en los mismos riesgos que he querido realzar.