26 abril 2018

Año XV - Nº 1085

El eclipse de Dios

Editorial
Forum Libertas


Se ha eclipsado Dios en España.

La metáfora del eclipse es de un fino periodista y escritor, Antoni Puigvert, que mantiene un continuado diálogo con la fe cristiana y sobre su situación: “Dios ha desaparecido del mapa. Ha muerto tan intensamente que los jóvenes ya no tienen ni noticia… se pierde incluso el recuerdo; se está volatilizando”. 

Y ciertamente es así. Los datos son evidentes: los católicos practicantes se han reducido del 53,4% en 2006, según datos del CIS, al 26,4 en el 2017, casi igualados con el porcentaje de ateos y no creyentes. Los datos exactos podrán discutirse, pero la tendencia y los órdenes de magnitud no. 

La Iglesia ha registrado todos los impactos de la modernidad tardía y ninguno de los renacimientos religiosos de otros lugares, o al menos estos han sido pequeños, demasiado pequeños. Porque no se trata de negar la existencia de ejemplos de vitalidad, de los resplandores de la fe que brillan, sino de constatar el cambio cuantitativo y cualitativo de la sociedad española. 

Y de no hacer nada nuevo la tendencia es irreversible porque es demográfica: van despareciendo por la edad las generaciones que concentran un mayor número de católicos practicantes, y son sustituidos por generaciones jóvenes donde la práctica es aproximadamente nueve veces menor. Esta es la tendencia.

Sería un error pensar que el mundo es como España. Al revés, somos una excepción en un mundo donde el catolicismo crece al mismo ritmo que la población.

Necesitamos una gran transformación. “Siempre hay que recomenzar. Tan solo nuevos comienzos temporales aseguraban una continuación de la regla perpetuamente eterna”, sostiene Péguy. Empezar siguiendo Santa Teresa de Jesús. “Confianza y fe viva/ mantenga el alma/ que quien cree y espera/ todo lo alcanza”. Empezar con la virtud cantada por Kipling: “Si puedes contemplar, roto, aquello a que has dedicado la vida/y agacharte y construirlo nuevamente…”

Porque la oscuridad del eclipse permite ver los resplandores que brillan dispersos. Parroquias formidables, grupos de evangelización, Guías y Scouts de Europa y otros grupos de jóvenes, algunos movimientos y organizaciones, forman un entramado fulgurante de fuego y brasas surgidas de la fe y de la esperanza, la más pequeña de las virtudes, como la califica Péguy.

Sí. Recomenzar, pero ¿cómo? Lo resumiremos en una visión y misión que no es nuestra: La Iglesia no tiene que seguir a la sociedad, sino vivir para ser seguida. Hay que asumir que Su gran riesgo es que yendo detrás del mundo ofrezca buenas escuelas, se transforme en un magnífico hospital, una gran ONG, pero pierda la capacidad de explicar y presentar la gracia y el misterio de Dios porque ya no recuerde como se hace.

S.O.S. de la sociedad y de la Iglesia

Cardenal Antonio Cañizares
Religión en Libertad


La semana pasada tuve ocasión de tener acceso a los datos de las vocaciones sacerdotales estos dos últimos años en España. 

Hay diócesis que tienen ya una media de edad en el clero de 75 años. Otras no andan muy lejos. ¿Diez menos? ¿Ocho menos? ¿Qué más da? Edades muy altas en los diferentes presbiterios españoles. Seminarios Mayores en los que este curso no han tenido ni un nuevo ingreso. Diócesis en las que no ha habido ni una sola ordenación sacerdotal.

El mismo presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal don Ricardo Blázquez, en su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la Conferencia, se hizo eco de la situación muy preocupante que atravesamos. Situación que podríamos calificar incluso de terrible y desastrosa por todo lo que ello da a entender, lo que le subyace. No voy a entrar en eso que digo «subyace» ni me va a ganar el desánimo. 

En cualquier caso, todo lo contrario, por paradójico e incluso «insensato o descabezado» que parezca, acrecienta en mí, y debería acrecentar en todos: la esperanza. ¿Esperanza? ¿Es posible y sensata la esperanza en esta situación? Sí, precisamente porque las cosas están así. La esperanza siempre es virtud para tiempos difíciles, «recios», diría la Santa de Ávila.

Recuerden al Profeta Isaías, profeta de la esperanza, en tiempos muy difíciles de destierro y sin aparente salida. La Carta a los Hebreos: sus destinatarios, la comunidad a la que se dirige el autor de esta carta, se hallan en situación interna y externa, casi límite: es una llamada y proclamación de la esperanza. Algo semejante podríamos decir de la situación en que vivían los destinatarios del Apocalipsis: sin salida, pero difícilmente se puede encontrar texto de mayor apertura a la esperanza.

¿Qué quiero decir? Sencillamente que ahí es donde podemos confiar en Dios, Señor de la historia. Él la conduce donde va a manifestar la fuerza de su amor y llevarnos a una situación que va a ser muy distinta y novedosa en un futuro no lejano. Pero hay que luchar, confiar, orar, y hacer las cosas mejor que venimos haciéndolas. Todos, la Iglesia y la sociedad, a la que también afecta e implica esta escasez de sacerdotes: el que haya tan pocas vocaciones no es bueno ni para la Iglesia ni tampoco para la sociedad, por muy laica y anticlerical que ésta se muestre.

Después de casi dos milenios de cristianismo, cuando la voz de Jesucristo ha llegado a casi todas las partes, necesitamos su amor transformador, su luz, para que haya un futuro distinto para esta humanidad, que necesita ser renovada desde dentro y presentarse con un rostro nuevo enteramente, un mundo nuevo en que habite la justicia y brille una nueva civilización del amor, y en que reine la paz y resplandezca la dignidad inviolable de todo ser humano sin exclusión. Precisamos vocaciones a la vida consagrada, a la acción misionera, al ministerio sacerdotal.

El mundo que vivimos parece que está diciendo a los jóvenes, abiertos a decidir su vocación y su futuro: en la nueva sociedad, en el futuro de un mundo nuevo, laico y adulto, que fabricamos los hombres no habrá ya sacerdotes, ni vida consagrada, no vayáis, jóvenes, por esos caminos, buscad otra profesión. 

Pero ante esto mismo, esta manera de pensar, el escuchar esas voces, comprendemos precisamente, por el contrario, que hay una gran necesidad, aún mayor que en otros tiempos, de sacerdotes y de hombres y mujeres enamorados de Jesucristo, consagrados a Él y a su Iglesia, al anuncio y presencia del Evangelio, al servicio de los hombres. El mundo en el que vivimos hoy, con su cultura de alejamiento y silenciamiento de Dios, quiebra al hombre en su humanidad más propia y la destruye.

Los hombres de hoy y mujeres de hoy necesitamos de Cristo para recorrer los caminos de la vida. Sabemos que el Señor busca obreros para su mies. La oración se intensifica al llegar a estas situaciones, en las que las comunidades eclesiales de todo el mundo se unen con un solo corazón y deseo en esta petición común, porque un mundo sin Dios y sin el Evangelio es más pobre y angosto, carente de futuro y esperanza. 

Nuestro mundo, sacudido por transformaciones lacerantes, «necesita, más que nunca, del testimonio de hombres de buena voluntad y, especialmente, del de vidas consagradas a los más altos valores espirituales, a fin de que a nuestro tiempo no falte la luz de las más altas conquistas del espíritu» (Juan Pablo II). 

Nuestra sociedad de hoy, en tantos aspectos rica, pero en tantos otros tremendamente empobrecida, está especialmente indigente de Dios. Por ello tiene necesidad de hombres que den testimonio de Dios ante un mundo que lo niega o lo olvida; que muestren el valor de la gratuidad en un mundo en el que todo se compra y se vende. Este mundo necesita sacerdotes que hagan presente en obras y palabras a Jesucristo, el Evangelio vivo del amor, y Dios nos los dará.

Publicado en La Razón el 25 de abril de 2018.

Sobre la funesta manía de pensar

Fernando Sánchez Dragó
EL MUNDO


Ese dictum nunca estuvo, como tantos creen, en el frontispicio de la Universidad de Cervera (topónimo que no guarda relación con el Almirante de igual nombre y supuesta ideología prefascista que acaba de ser borrado de la historia de la España Heroica por la postfascista Colau), pero viene que ni pintado a cuento de la gota de agua fría que ha generado una ciclogénesis en el ámbito de la enseñanza pública que los españoles padecen.

Tuve yo la suerte de estudiar dos carreras (terminadas) y parte de otra (que no terminé) en una universidad que aún lo era. Me refiero a la Complutense, entre los años de 1953 y 1963, que son los que estuve en ella. En sus aulas sentaban cátedra maestros como Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Santiago Montero Díaz, Vicente García de Diego, José Luis Aranguren, Rodríguez Adrados, Miguel Artola, Joaquín de Entrambasaguas, Manuel Terán y Emilio García Gómez, entre otros muchos de gratísima memoria. Por todos ellos siento veneración y a todos ellos debo buena parte de lo que soy. 

Sertorio, nom de guerre y cauteloso burka bajo el cual se esconde en defensa propia un egregio profesor, acaba de publicar en la revista El Manifiesto un artículo titulado Titulitis. La redundancia es mía. En él habla de la pandemia (sic) provocada por ese "parásito endogámico al que llamamos universidad. Hasta el Plan Bolonia, que convirtió las facultades en máquinas tragaperras, estas instituciones académicas servían para proveer a la sociedad de cuadros medios y altos. Bastaba con una licenciatura de cinco años para convertirle a uno en un profesional. El resto de los saberes se adquirían con la experiencia.

"Como sabrá el lector que haya pasado por una de ellas -en especial las de Humanidades-, las facultades son ecosistemas protegidos, cerrados cultivos de laboratorio en los que no se adaptan especies exógenas y donde se producen fenómenos asombrosos de ciencia infusa, ya que el inmenso saber de profesores y catedráticos se transmite por la sangre y otros fluidos a hijos, nietos, sobrinos, primos, esposas y amantes, formando verdaderas dinastías, monarquías hereditarias en este foco de republicanismo. A esta casta de brahmines académicos hay que añadir una variada servidumbre de profesores asociados, doctorandos, alumnos de posgrado y demás famulato que busca un sitio en el departamento. A diferencia de la casta política, la académica no se elige, se accede a ella por ius sanguinis o por imposición de manos.

"¿De qué vive esta extraña tribu? De la ganadería. De despellejar, trasquilar y desplumar a la incauta fauna de bachilleres que entran en la facultad con el propósito de obtener un título. ¡Pobrecitos! No saben en qué laberinto de cursos van a quedar enredados hasta casi la cuarentena. Tampoco es muy extraño el que caigan como pardales en la red de los depredadores académicos. Los tiernos e imberbes alumnos que han salido de la enseñanza secundaria con una ineptitud insigne llegan al alma mater por centenares. Estas desnortadas bandadas de chorlitos son el producto de la moderna pedagogía, cuyo didacticismo extremo logra que un mozo alelado se gradúe de bachiller sin saber absolutamente nada, ni siquiera la españolísima gramática parda. Está por estudiar el papel de los pedagogos (o pedabobos) en la cretinización de la juventud europea de los últimos cincuenta años.

"Los cursos de postgrado sirven, en teoría, para suplir las lagunas (a veces verdaderos mares interiores) de ese bachillerato reforzado en que se han convertido las carreras universitarias. El alumno paga, realiza unos trabajos que son citas de citas que citan citas de otras citas y, al cabo de regurgitar un argumento de autoridad tras otro, recibe el fruto de su inversión y su tedio escolástico en forma de un título más que colgar en las tristes paredes de la casa paterna, donde el interesado rumia su paro entre convocatoria y convocatoria de oposiciones.

"El "conocimiento" que se imparte en las facultades de letras es especialmente sangrante. Las enseñanzas técnicas y científicas exigen un mínimo de calidad: no podemos permitir que los puentes se caigan con un chubasco, que los quirófanos se conviertan en salas de despiece o que los laboratorios exploten con mezclas chapuceras. Con las letras, los experimentos son siempre con gaseosa y no tienen mayores consecuencias prácticas. Secuestrados por la izquierda extrema desde los años ochenta, los departamentos de Humanidades son el más rígido, inmovilista y dogmático baluarte de la corrección política. Hoy ya no se puede dar una conferencia en una universidad si el ponente no pertenece a la izquierda radical. Por supuesto, la libertad de cátedra es una ficción jurídica, ya que los censores ideológicos vigilan en las aulas lo que uno dice. Si a eso le unimos el microespecialismo, que convierte al investigador en un minucioso erudito en naderías, tenemos bien claro el panorama desolador de la universidad, degradada a expendeduría de títulos y a elemento de agit-prop de la biempensancia, con todas las admirables excepciones (y su situación, luchando como están entre las fieras, no es desde luego de envidiar) que todavía pueden existir".

¿Algo que objetar?

Valle de los Caídos: ¡Salvemos a España de la necedad colectiva!

Eulogio López
Hispanidad


La exhumación de tumbas en el Valle de los Caídos: un cúmulo de mentiras.

Lo ocurrido el lunes 23, festividad de San Jorge (incluso de Sant Jordi) en el Valle de los Caídos es digno de mención. Un momento histórico, naturalmente. 


Se trata de una nueva obra de misericordia: des-enterrar a los muertos. ¿Me siguen, verdad? La humanidad lleva años enterrando a sus muertos. Ahora toca desenterrarlos.

Exhumación de cadáveres de la Guerra y postguerra civil española, acaecida entre 1936 y 1939. Esto es, concluida hace tan sólo 82 años.

Allí había un abogado que habló de ‘humanitarismo’, un término de lo más masoncete que, como tantos términos masoncetes, no quiere decir nada pero suena ‘dabuten’.

Lo mismo da: nuestro atildado jurista está ganando dinero, fama y honores.

Aseguraba el leguleyo que al Valle habían acudido familiares (por lo menos bisnietos) de combatientes de ambos bandos, ergo era una forma de concordia… y humanitarismo. Seguro.

Muy cierto, allí se dieron cita un par de tontos útiles de víctimas de los franquistas, muy emocionados ante la posibilidad de llevarse a casa al bisabuleo. Supongo que un poco de polvito con ADN certificado.

Españoles, la patria se encuentra en grave peligro de idiocia colectiva. ¡Acudid a salvarla!

Y luego estaba la señora que gritaba justicia. En efecto, era lo que estaba esperando su bisabuelo: que le hicieran justicia extrayendo de su tumba algún hueso tardío. Por cierto, sólo hay enterradas 34.000 personas.

¿Y por qué justicia? Está clarísimo, porque habían enterrado en una basílica a su tatarabuelo, que era agnóstico, como ella bien sabía. Y encima junto al “dictador” Franco, en una de las más graves injusticias perpetradas por Franco y Primo de Rivera, cuyos huesos andan por allí cerca y deben ser trasladados a algún lugar ignoto o tirados al mar como Ben Laden para que se los coman los tiburones.

Justicia y nada más que justicia.

Ahora bien, por la boca muere el pez, y nuestra buena bisnieta republicana descubría así el detalle olvidado: que todo este montaje cursi no tenía más que una razón: la cristofobia. Porque lo que no soportan los progres -de derechas o de izquierdas- del Valle de los Caídos no es la presencia de Franco o de Primo de Rivera sino la cruz, la más grande de Europa, el símbolo de Cristo. Eso sí que no lo soportan y entonces se ven obligados a montar numeritos como el del lunes 23 de abril, festividad de San Jorge.

Españoles, la patria está en peligro de necedad colectiva ¡Acudid a salvarla!

Cifuentes encadenada

Ángel F. Fermoselle
EL ESPAÑOL


El vídeo que ha acabado con la numantina resistencia de Cristina Cifuentes ha merecido una calificación del todo asombrosa por parte de Pablo Iglesias. 

El líder de Podemos ataca a quien lo ha publicado con su más feroz e hiriente artillería dialéctica. 

Pero, ¿ha hecho OK Diario de verdad periodismo de cloaca?

Disparar al pianista, o culpar al mensajero, son dos nefastas estrategias. Si suena mal, la culpa puede ser del vocalista. Además, si le disparan, como en el salvaje Oeste en 1860, no podrá tocar más. Igualmente, si las imágenes grabadas resultan desastrosas para quien las protagoniza, la culpa no es de quien filmó, ni tampoco de quien distribuyó. No era del pianista.

Es evidente que todo el mundo tiene un pasado. Y que algunos son más oscuros que otros. Y también es irrefutable que no resulta sencillo encontrar individuos que se sientan orgullosos de cada una de las acciones que han realizado en su vida. Todos cometemos errores. ¿Quién está libre de ellos?

Pero es incuestionable también que un personaje público con una elevada responsabilidad política, una persona que representa a todos los ciudadanos de una Comunidad, no puede eludir la necesidad de que sus faltas nazcan de la ingenuidad o de la inexperiencia. 

Que el bochorno provenga, si acaso, de un idealismo mal entendido, o de un tropezón imprevisible debido a un exceso de tolerancia o, tal vez, como consecuencia de un efímero paso por una filosofía impropia. Y, por supuesto, resulta sin duda imperativo que la falsedad no inunde las justificaciones.

Iglesias considera que hay límites en política, y que “no se puede destruir así a un ser humano”. Pero en realidad la responsabilidad de esa destrucción en absoluto recae sobre la Prensa, que se ha limitado a mostrar la humillante situación que vivió la ex presidenta.

El problema no es que se exponga esa realidad; el problema es que existió esa situación cuando Cifuentes era, en mayo de 2011, vicepresidenta de la Asamblea de Madrid.

Cifuentes no obtuvo el máster al que después renunció; y tampoco se puede decir que su olvido en el comercio al llevarse esas dos cremas anti-envejecimiento sin abonarlas previamente resulte ejemplar. Pero sobre todo, lo que no se le perdona, es precisamente, no pedir sinceramente perdón.

Conozco a un psiquiatra que sostiene que la verdad está sobrevalorada. Quizá tenga razón; en cualquier caso, todos estamos encadenados a ella. Cifuentes, también.

Con su cabeza ya rodando hacia la puerta de salida de la política, se debería preguntar qué hubiera sucedido si hubiera admitido; si hubiera explicado; si hubiera pedido perdón y buscado clemencia hace algo más de un mes. Quizá, con una perspectiva menos arrogante y más comedida, hubiera obtenido la indulgencia necesaria para seguir siendo una potencial alternativa a Mariano Rajoy. Pero está claro que, al final, le demos o no el valor adecuado a la verdad, ésta siempre acaba imponiéndose.

24 abril 2018

La familia al pairo

Juan Antonio Sagardoy Bengoechea
De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
ABC


La familia es la piedra angular de la sociedad. La suma de individualidades no hace la familia porque hay algo más y fundamental: la “affectio familiaris”. 

Esta especialísima cohesión que da la sangre tiene tal fuerza que un notable jurista italiano, Jemolo, decía sabiamente que “la familia es una isla que el mar del derecho puede rozar, pero rozar solamente: su esencia íntima permanece más allá del Derecho”

Por eso la norma jurídica es muy respetuosa con la vida dentro de la familia porque piensa, y piensa bien, que los lazos familiares pueden más que las normas legales. De ahí que si fallan esos lazos el daño es mayor que en las relaciones extrafamiliares y más dolorosas.

No es que el ordenamiento jurídico considere los intereses familiares como no dignos de protección, sino que los considera ya protegidos por los propios familiares, en virtud de razones morales y afectivas. En definitiva, por el lazo de la sangre, aunque con excepciones como son los hijos adoptivos, y hoy, en algunos países, por esa llamativa novedad de los hijos gestados en “vientres de alquiler”. 

En este último caso, lo que acaba primando es la “afectio familiaris”, el valor de la convivencia y el cuidado de esos hijos. En el ámbito laboral el trabajo familiar queda, en general, fuera de la ley, y solo se estima relación laboral (con los derechos y deberes de un trabajador normal) cuando las partes así lo quieran y se den las notas de un contrato de trabajo. 

A salvo de esa voluntad, el Estatuto de los Trabajadores excluye de su ámbito al cónyuge, ascendientes, descendientes, y parientes hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad e hijos adoptivos. Todos ellos cuando trabajen en la empresa familiar no son trabajadores.

Como dice Cicu, “antes que el Estado y más que el Estado, la familia se presenta como un agregado de formación natural”. Los civilistas plantean la cuestión de si la familia es una institución de derecho público o de derecho privado. Yo me inclino por la tesis privatista, es decir, por considerar a la familia una institución natural, anterior e independiente del Estado. 

Ello no significa que no pueda y deba tener intervenciones normativas, sobre todo en interés de los hijos menores de edad y en todo lo relativo al derecho de sucesión patrimonial. Pero es deplorable que las instituciones públicas suplanten el papel de los padres en temas como la educación o no digamos (como caso extremo) en la regulación del número de hijos.

Nuestra Constitución, en su art. 27.3, dispone con claridad que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”

De ahí que resulte asombroso que se quiera justificar una determinada formación impuesta por las autoridades políticas o educativas. Resultaría inconstitucional. Y creo que no es forzada la interpretación de la Carta Magna en el sentido de que es contrario a su mandato a favor de los padres el que se les imponga una educación para sus hijos en una lengua concreta, distinta del castellano, máxime cuando el castellano “es la lengua oficial del Estado que todos tienen el deber de conocer” (art. 3.1 de la CE).

La familia, a pesar de su fuerte componente tradicional, no es inmune al paso del tiempo y al cambio de costumbres y cultura vital. Así, por ejemplo, se ha dado una notable reducción de lo que se considera familia. El civilista Puig Peña decía con rotundidad que la historia de la familia es la historia de su descomposición. Se ha ido reduciendo de modo notable, pues desde la “gens” romana a la “sippe” germánica y a nuestro “linaje” medieval, los componentes de la familia se han ido estrechando de un modo imparable. 

Como dato de interés, nuestras Partidas definían la familia como “el señor della, su muger, todos los que viven de él, así como los hijos e los sirvientes e los otros criados”. Hoy el panorama es muy distinto. No solo en cuanto a la reducción de lo que se considera familia, sino también en cuanto a su propia estructura. Algunas cifras son tremendas. 

Así un 25% de los hogares españoles (4,6 millones de personas) están formados por una sola persona y en casi dos millones de dichos hogares (el 41%) su único miembro es mayor de 65 años. Además es muy frecuente el matrimonio o unión de personas del mismo sexo. Con independencia de otras consideraciones, no cabe ninguna duda de que esas familias rompen los esquemas tradicionales y tienen una problemática distinta.

En la familia actual es interesante reseñar con Víctor Pérez Díaz (en un estudio de la Fundación La Caixa) que el 78% de los padres encuestados consideran que la principal responsabilidad de los padres es la educación de sus hijos. Y es que la educación de los jóvenes es algo clave para un país. “Dadme las escuelas y me daréis la Nación”, decía un viejo político. 

En una encuesta solvente leí que en cuanto a los valores que infunden los padres a los hijos, el 37% optaron por el “respeto a los demás”; el 18%, “tener una buena educación”; el 13%, “el valor de la familia”; el 10%, “ser honrado”; y el 9%, “ser buena persona”

Es curioso, por decirlo de alguna forma, que no aparezcan como algo importante a transmitir la lealtad, el sacrificio, el emprendimiento, la patria, etc. Eso es lo que hay. 

Otro punto trascendente de la familia actual es la falta de comunicación y relación personal y directa con los hijos. Un factor de enorme incidencia en esa falta de comunicación (almuerzo familiar, charlas, ayuda en los problemas, etc.) es la aparición de los instrumentos tecnológicos, especialmente los teléfonos móviles y las tabletas. La tiranía del móvil (aislamiento digital) nos lleva a una incomunicación no sólo oral sino incluso visual. Algún estudio dice que miramos el móvil cada nueve minutos. Tenía mucha razón Unamuno cuando decía que “la tecnología calienta los estómagos y arruina los corazones”.

Nos jugamos mucho con el desarrollo armónico de la familia. Desde el punto de vista de los gobiernos, optar por la familia hoy en día pasa por establecer medidas de orden jurídico, económico y cultural que la promuevan eficazmente a través de la estabilidad conyugal, el aumento de la tasa de natalidad y la conciliación de la vida laboral y familiar. En todas estas materias está muy extendida la regla de lo “políticamente correcto”. 

Así la estabilidad conyugal es un claro dato positivo en la vida matrimonial, aunque sea muy respetable y comprensible la ruptura del vínculo. Y eso tiene repercusión en los hijos. A veces positiva, es cierto, pero hay que tomar las medidas para que el impacto sea mínimo. Y en esa línea yo siempre pienso que la mejor medicina es el cariño. Volcarse en el querer a los hijos, en formarlos, en ser su apoyo, aliento y estímulo. Esa es la clave. Es importante recordar con el Papa que “no hay familia perfecta por lo que no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. Sin perdón, la familia enferma”.
Y en todo ello el papel fundamental, sigo pensando, lo tienen los padres. Estudiamos largas carreras pero nadie nos enseña a ser padre o madre. Educamos más con el corazón que con la cabeza. En esa educación deben figurar como asignatura indispensable los valores de la persona, para que sea íntegra, y desde luego dar a manos llenas el buen ejemplo y el cariño. Eso nunca falla. Yo pienso, y así lo práctico, que “sólo dos legados podemos dejar a nuestros hijos: alas y raíces; ilusiones y tradiciones”.

El perdón

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progredo


Unos y otros según Mingote 

Si un día fuimos ETA, hoy trataríamos de salvar en parte el tiempo dedicado a jugar sucio. Fueron tantos años con el discurso invertido que no les sale conforme a derecho ni queriendo.

Además hay muchos flecos pendientes y pretenden ganarlos todos. Acercar a los presos, dejar los asesinatos sin resolver y la impunidad. Ésas son sus razones para mantener la dicotomía. A un lado estaban ellos y al otro, nosotros. Cierto, hubo víctimas inocentes en el medio por las que pedimos perdón.

Peros todos sabemos que no fue así y que si se pretende contar la historia a partir de ese planteamiento estará condenada a que nadie la reconozca, porque aunque las guerras las cuenten los ganadores y lo hagan mal, nada garantiza que haciéndolo los perdedores se consiga un relato perfectamente estructurado, sino que se cometerán los mismos errores con distintos protagonistas.

Por otra parte, está tan reciente la herida que es imposible verle las cicatrices. Hay muchas familias destrozadas por crímenes sin resolver, y si todavía cuesta trabajo asomarse al 39 sin padecer el vértigo de la sangre; si el 14 de abril o el 18 de julio son fechas que levantan pasiones enfrentadas y se mantienen al menos dos maneras de analizarlas cada una de ellas, a los años del plomo del País Vasco les falta mucho tiempo para que no tiemblen las letras, salvo que hagas como Aramburu y cuentes una historia con dos caras.

Sin ser sangrante, la herida de Cataluña se está contando también hoy desde dos trincheras que parecen irreconciliables. En los tres casos siempre hay una parte que se rebela frente a lo establecido. Lo curioso es que cuando unos lo llaman golpismo, los otros lo consideran patriotismo, y viceversa.

Por eso ETA jamás va a pedir perdón.

23 abril 2018

«Necesitamos una, dos, cien Covadongas, multiplicar las voces críticas con el poder», pide Esparza

Pablo J. Ginés 
Religión en Libertas 


Álex Rosal, director de ReligionEnLibertad, presentó a José Javier Esparza ante los asistentes al encuentro de celebración por los 10 Años de ReL

El sábado 21 de abril se celebró en Talavera de la Reina, en el colegio Orden de Nª Señora, el Encuentro de 10º Aniversario de ReligiónEnLibertad, en el que participaron redactores, blogueros, articulistas y patronos de la Fundación Nueva Evangelización, responsable de nuestro diario digital.

El orador invitado al encuentro fue el popular periodista y escritor José Javier Esparza que elaboró una exposición organizada en dos partes:

- Qué está pasando (en España y el mundo, con la fe, los valores y la sociedad)
- Qué debemos hacer (los cristianos y la gente que cree en la virtud y el bien)

Resumimos algunas de las ideas principales:


¿Qué está pasando? 

1 - Lo que antes llamábamos izquierda y derecha ahora son lo mismo, piensan lo mismo y hacen lo mismo; en España aún tienen algún desacuerdo respecto a temas de historia, pero son indistinguibles en valores, temas de ética, familia, vida...

2 - En España y Occidente se permite cierto folclor religioso y sus manifestaciones, pero por lo general el poder trabaja para ocultar la religión y la pregunta religiosa

3 - Mayo del 68 (la modernidad, la revolución) ha ganado, y como ya lo tiene conseguido casi todo, perderá su impulso y morirá. ¿Qué le sustituirá?

4 - Por primera vez, hay en la historia una civilización que proclama que sólo la técnica y su eficacia dan sentido y dan respuestas, y que niega todo valor a la religión; y esta civilización es la actual y hegemónica en Occidente.

5- De reaccionar contra la autoridad religiosa (Renacimiento), contra la autoridad de los clásicos (Ilustración) y contra la autoridad política tradicional (Revolución Francesa) hemos pasado a reaccionar contra uno mismo, en el individualismo extremo de la Ideología de Género, donde cada uno impone si se le ha de considerar hombre o mujer por su mera decisión. Es un individualismo extremo.

6- Este individualismo "hasta la locura" lo aprueba y fomenta el capitalismo y el espíritu burgués actual. Cuando decimos que ha triunfado Mayo del 68 decimos que ha triunfado una mezcla de capitalismo sin límite y pensamiento "progre" radical. "El mundo 'single', los individuos que están solos, consumen más que el mundo familiar, con su lógica de contención y austeridad".

7 - Para consumir más, hay que acabar con las trabas morales y fomentar el consumismo hedonista; hundir la familia forma parte de eso. Que haya menos niños también lo encauza. Lo siguiente será "tratar con el exceso de viejos".

8 - Para camuflar el desastre (poblacional, económico, familiar y humano) hay que distraer a la gente con entretenimiento infinito y barato; Internet ha sido muy útil para eso.

9 - Los descontentos deberían (deberíamos) protestar al poder... pero ya no sabemos quién es el poder, dónde está ni a quién protestar. Ya casi no tienen poder los políticos. Las cosas grandes las decide gente que nadie vota.

10- El Apocalipsis ya está aquí, y no consiste en que un ángel toque una trompeta y todos lo vean; más bien, consiste en que todo se cae, todo se deshace, mientras la gente está distraída enganchada a su ordenador.

¿Qué debemos hacer?
1- "Necesitamos una, dos, cien Covadongas", dijo Esparza, aprovechando que el santuario asturiano celebra su Jubileo. "Hay que multiplicar las voces críticas". Pueden ser asociaciones, pueden ser autores, pueden ser colegios...

2- Internet, la red, permite suscitar esas voces, esas "Covadongas" contra el poder que parece hegemónico. Por desgracia, Internet no da dinero. Hay que apoyar esas voces con financiación, recursos, ánimos...

3- Sí vale la pena insistir en Internet: "las redes a menudo son más reales que la llamada política real", insistió Esparza.

4- Los cristianos y las personas que creen en los valores del bien común deben organizarse, protestar y "lograr que el poder te tema". "Si el poder no te teme es que eres irrelevante. Si el poder no te teme, estás perdido".

5- Actuar significa cambiar de mentalidad para muchos. "Hay que dejar de pensar que somos 'gente de orden'; el orden ya no es lo que era en la época de tus abuelo. Hoy el orden es que con tus impuestos pagan el Orgullo Gay mientras cierran viviendas sociales".

6- ¿Qué aconseja a quien quiera escribir, filmar, argumentar contra ese poder hegemónico? "Que tus argumentos sean mejores que los del contricante", exhortó a un joven redactor de ReL que le preguntó. "E intenta entender los argumentos del contrincante: ¿por qué los usa?".

7- La respuesta debe tener una triple dimensión: la religiosa, la identitaria (la patria, la historia) y la comunitaria (comunidades vivas, reales). "Hay que dar vida a estos tres campos".

8- La defensa cristiana de la sociedad ha de entender que una sociedad cristiana no es solo la que "hace misa": es la que defiende los derechos humanos, el prójimo, la razón...

9- A quien no ve la importancia de la religión, hay que explicarle que lo religioso forma parte del hombre, que si se reprime se generará una neurosis, también a nivel social; la religión es socialmente necesaria, y la más racional es el cristianismo, que durante 2.000 años ha hecho filosofía y ha trabajado por los hombres.

10- Todo eso debe servir para limitar el poder, y no solo el de los políticos, que ya no mandan mucho, sino también el económico, el mediático... hoy son cosas que van juntas.

Puede ayudar a que ReL siga siendo "una Covadonga" en Internet haciendo clic aquí

Algunos libros de José Javier Esparza aquí en OcioHispano

Del color del cristal

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur


El peso específico de los hechos no se corresponde con su peso relativo. 

No es por comparar, ni mucho menos por cobijar el tú más, pero el despliegue mediático producido por el máster (magister) de la Cifuentes (léase en tono folclórico), siendo cosa intrascendente, es un millón de veces más notorio que el generado por los ERE institucionales, producido en esta tierra de María Santísima. 

Dicen las lenguas de doble filo que apenas si hay prensa de izquierda, seguramente sin advertir los servicios prestados al PSOE por una gran cadena de radio. Y hasta puede que algo haya de verdad al respecto, pero no veas cómo se nota el color si uno se fija en el grueso de los jóvenes, y no tan jóvenes, profesionales de la comunicación.

El error de la Cifuentes (manténgase el tono folk) ha sido, antes de cualquier otro, dejarse invadir por la vanidad y rendirse al halago de los quitacaspas que abundan incluso en las esferas de la intelectualidad. No te afanes presidenta, que tienes muy poco tiempo –le dirían–, ya te lo arreglamos nosotros. Y la presidenta se dejó querer en vez de cesar a la oligarquía golfa que se le había aproximado. Justamente ella, que es la que puede cesar a los cargos de la jerarquía universitaria. 

La génesis de la Universidad Rey Juan Carlos ayuda a no sorprenderse de que pasen cosas así. Lo más malo es que las autoridades políticas permitan que el chalaneo encuentre plaza en instituciones que debieran inspirar confianza y respeto. Pero, no nos engañemos, son las personas las que dignifican o manchan con sus actitudes y comportamientos, los referentes de la sociedad en la que habitan.

Incluso la cobarde paliza a los guardias de Alsasua –ayer portada del diario ABC de Madrid– ha servido de telón a la escena del banquillo, la del personal de los ERE en la Audiencia Provincial de Sevilla. 

No obstante ser todo un espectáculo de exhibición del cuadro de actores del tercero de los golpes (1.200 millones) en el ranking de dinero defraudado en estos años de democracia. Olvidando a los Pujol, los otros dos que van por delante, también son andaluces. 

El caso EDU, de los cursos de formación, es el segundo (súmese al montante de los ERE) con una estimación de alrededor de dos mil millones de euros defraudados, precedido del caso Malaya (Marbella) con unos dos mil ochocientos. 

Todo ello en gris oscuro ante la luminosidad exultante de la truculenta historia del máster de la Cifuentes.

Las causas de la sequía

Santiago Martín
ABC


La Plenaria del Episcopado español ha comenzado, como siempre, con un discurso de su presidente. 

El cardenal Blázquez, entre otras cosas, ha querido llamar la atención sobre un hecho que él mismo ha calificado de «fuente de sufrimiento»: la escasez de vocaciones al sacerdocio e incluso aún más a la vida religiosa. 

«No podemos resignarnos a la administración de la escasez», ha dicho el presidente de la Conferencia, después de haber constatado que esa sequía vocacional lleva aparejado un envejecimiento del clero, que en algunas diócesis está ya en los 75 años de edad media.

Pero, una vez constatado el problema, lo que hay que hacer es analizar cuáles son las causas, porque de lo contrario no se podrán encontrar soluciones. Es verdad que el factor nacionalista juega un papel muy importante: cuanto más independentista es el clero de una diócesis, menos vocaciones hay; es natural, pues no se puede servir a dos señores. 


Pero, para ser honestos, hay que reconocer que esa no es la única causa; diócesis nada independentistas, como Segovia por ejemplo, están en situaciones de penuria extrema; en general, las diócesis rurales están muy despobladas, sobre todo de jóvenes, y por lo tanto no hay «materia prima» de donde puedan salir las vocaciones. Nacionalismo y baja natalidad son, pues, dos de las causas que explican este desastre. 

Pero tampoco son las únicas. Hay una tercera que quizá es aún más influyente que esas dos: la escasa espiritualidad y la infidelidad doctrinal en muchos sacerdotes, que en lugar de servir de ejemplo atractivo se convierten en lo contrario; de hecho, las diócesis más conservadoras tienen más vocaciones que las que son más liberales o progresistas y lo mismo pasa con las congregaciones religiosas. 

Pero, por desgracia, no parece haber mucho interés en fijarse en este ingrediente decisivo. Muchos prefieren morir antes que renunciar a su progresismo, hasta el punto de que, me consta y tengo datos, hay diócesis que rechazan sacerdotes de instituciones conservadoras, aún teniendo muchísima necesidad de clero.

No hay fórmulas mágicas, por supuesto, pero, aunque no sea la única causa, cuando falta espiritualidad los seminarios están vacíos. Lo saben de sobra y no parecen decididos a hacer cambios. Si esto es así, que no se quejen. Tienen, simplemente, lo que merecen.


¿De verdad quiere el Gobierno Rajoy derrotar al independentismo?

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Pues no está nada claro, la verdad, o cada día está más oscuro. Con el independentismo empeñado en la internacionalización del conflicto que mantiene con la oprobiosa España, su Constitución y sus leyes, el Gobierno que preside Mariano Rajoy sigue sin dar la cara, desaparecido en combate, sin tomar ninguna medida que permita intuir un final feliz para los intereses de la España democrática. 

Es como si el Estado estuviera librando la batalla contra el golpismo con la única ayuda del poder Judicial, porque el Ejecutivo ni está ni se le espera. Y del Legislativo, mejor ni hablar. Desaparecido de la escena del crimen, el Gobierno hace tiempo que no comparece, que ni siquiera opina. Y cuando lo hace, simplemente es para empeorar la situación. Para dar la razón a los sublevados o para echarles un cable. Es la novedad más reciente de esta bochornosa situación: que ya no sabemos para quién vendimia Mariano; que ya no está nada claro que este Gobierno quiera de verdad derrotar al independentismo.

La alarma se extendió cual mancha de aceite tras la sorprendente declaración con la que Mariano saludó el fallo del tribunal de justicia de Schleswig-Holstein en torno a la extradición de Carles Puigdemont, y el posterior posicionamiento de la ministra federal de Justicia, Katarina Barley, una señora que vino a decir, o a sugerir, que España no es un país libre en el que Puchimón pueda tener un juicio justo, un comportamiento que a Mariano, a la sazón en Buenos Aires, le pareció “modélico” (sic), porque “el Gobierno alemán ha dicho que no tiene por qué entrar en un tema que no le corresponde porque eso es un asunto judicial” (…) “Nadie de ningún Gobierno debe entrar en hacer comentarios sobre este tema” (…) “Por tanto, su comportamiento me ha parecido propio de una nación europea de las clásicas y de las de primera”. 

De donde se deduce que la ministra de la cebada debe ser un ujier del ministerio de Justicia federal, pero no, desde luego, la titular de la cartera. Desconcertante. E inaceptable que al Gobierno de España le parezca perfecto el sopapo propinado por un tribunal alemán de menor rango al Supremo español.

Esta misma semana hemos asistido a otro episodio donde el silencio del Gobierno, su escandaloso mutis por el foro, ha retumbado por las cuatro esquinas de la piel de toro. Me refiero a la presencia de CC.OO. y UGTentre las organizaciones convocantes de la última manifestación en favor de los “presos políticos” celebrada en Barcelona. En este episodio, como en tantos otros, el Ejecutivo no ha dicho ni mú. 

Ni una leve crítica a esos desnortados dirigentes capaces de transformar a los sindicatos mayoritarios en simples comparsas de un entramado golpista, capaces de convertir a CC.OO y UGT en perritos falderos de esas xenófobas elites de la derecha catalana que reclaman Estadito propio para poder seguir robando a mansalva sin que les moleste ningún juez o justicia que no hayan elegido ellos. 

Silencio tanto más sorprendente cuanto que el Ejecutivo tiene medios más que suficientes para ponerles contra la pared, sin ir más lejos, vía las subvenciones y el dinero de la formación para el empleo con el que esos sindicalistas financian su acomodado nivel de vida.

Mariano calla. Mariano necesita a los sindicatos para lidiar su particular batalla política. Este Gobierno en minoría reclama la ayuda de los dirigentes sindicales para firmar acuerdos (en diciembre, la subida del SMI hasta los 850 euros en los próximos tres años; y en marzo la del sueldo de los funcionarios para el mismo periodo) que no puede alcanzar con los partidos, y con los que pretende presionar en la negociación de unos PGE para 2018 que la izquierda (sin ningún fundamento, porque estamos ante unos presupuestos descaradamente socialdemócratas) critica con dureza. 

Se trata de que Mariano pueda argumentar que los partidos no le apoyan en el Parlamento, pero que los sindicatos sí lo hacen en la calle, razón por la cual la presencia sindical en la manifa indepe del domingo no le produce el menor rechazo, ni frío ni calor, cero grados, y demos gracias que no salga en la tele o llame a su despacho a la agencia EFE para decirnos que lo de UGT y CC.OO. desfilando del brazo del nazionalismo le parece perfecto, un ejercicio de democracia por parte de los sindicatos más democráticos del mundo. Como lo del Gobierno alemán, más o menos.

Las declaraciones del sargento Montoro

El último episodio que ha venido a cuestionar la existencia de un Gobierno empeñado en defender la unidad de España y la vigencia de su Constitución, lo acabamos de tener con las declaraciones del sargento Montoro. “Yo no sé con qué dinero se pagaron esas urnas de los chinos del 1 de octubre, ni la manutención de Puigdemont. Pero sé que no con dinero público”, manifestaba el lunes en El Mundo. Escándalo al por mayor. 

De modo que ayer mismo, el juez Llarena se vio en la obligación de requerirle para que, “a la mayor brevedad posible”, le facilite el “soporte objetivo” que le permite afirmar que en el referéndum del 1-O no se emplearon fondos públicos.

Justo ese día, el magistrado, instructor de la causa abierta en el TS contra los líderes del prusés, comenzaba a interrogar a quienes se hallan en prisión preventiva. Y como era de prever, los procesados se han aferrado en sus comparecencias al salvavidas que oportunamente les ha lanzado el genial Montoro para negar la existencia del delito de malversación. ¿Cabe mayor dislate? ¿Son demasiado torpes o estamos ante gente demasiado lista que cree que los demás somos demasiado tontos?

Tanto Junqueras, como Rull y Turull, el famoso dúo Tururú del independentismo, se han agarrado al clavo ardiendo tendido por el ministrín: si el propio titular de Hacienda dice que en el referéndum no se utilizó un euro público, y si afirma que desde septiembre mantiene un férreo control sobre los 35.000 millones que maneja la Generalitat intervenida, entonces nosotros, señoría, querido juez Llarena, no tenemos más que decir amén. Increíble, pero cierto.

De modo que ahí están los jueces tratando de cumplir con su deber de aplicar la ley en contra no solo de los golpistas, que obviamente niegan la mayor, sino del propio Gobierno de la nación. ¿Está Montoro intentando “blanquear” el golpe siguiendo instrucciones de su jefe y amigo, el inquilino de la Moncloa? ¿Se trata de eso? ¿O se trata de cubrirse las espaldas ante la contingencia de que un día de estos llegara a demostrarse que el asalto a la legalidad se financió con dinero público por falta de celo del titular de Hacienda? ¿Se trata del miedo que les embarga a una denuncia contra todos ellos, contra el Gobierno entero, por no haber cumplido con su obligación de aplicar la ley y hacer guardar la Constitución?

Decir que no se malversó dinero público es dar la razón a los golpistas que sostienen que la rebelión, en la cual se han invertido ingentes sumas de dinero durante años, se ha financiado del aire. El affaire Montoro debería ser motivo suficiente para que los españoles se echaran a la calle decididos a exigir la dimisión del Gobierno. 

Que el poder judicial se vea en la obligación de corregir al Ejecutivo en un caso de golpe de Estado es de una gravedad extrema o a mí me lo parece, revelación en todo caso de que este Gobierno refugiado bajo las togas de los jueces es incapaz de hacer frente a un desafío de esa naturaleza y que hay que sacarlo de la Moncloa cuanto antes. 

Mariano está hundiendo al PP y parece decidido a hundir en el mismo naufragio a España entera. No lo deberíamos permitir. A la España democrática, la España que con todas sus insuficiencias ha sido capaz de garantizar el mayor periodo de paz y prosperidad de nuestra historia, le va en ello su ser o no ser.

18 abril 2018

Año XV - Nº 1084

Los valores no suplen la gracia

Editorial
Forum Libertas


Los valores no suplen la gracia, y la gracia solo se alcanza en el camino y la verdad de Jesucristo. La conclusión es una obviedad. 

El primer valor para los cristianos es el anuncio de Jesucristo y la buena nueva. Es a partir de Él y con Él que se desarrollan los restantes valores.

Pero toda una parte del cristianismo no considera lo obvio. ¿Cuántas escuelas católicas anuncian que “educan en valores”, son “Una comunidad de valores”, y todas las variaciones que se quieran en torno a aquella palabra, y a la vez mantienen a la persona de Jesucristo en una rigurosa discreción, cuando no en el anonimato? 

Ahora mismo, una gran organización que depende del obispado de Barcelona celebra su sesenta aniversario. Se trata de la Fundación Pere Tarrés, que tiene su origen y base en el Moviment de Centres d’Esplai Cristians. Se trata de una amplia aplicación cristiana de un movimiento cívico extendido en Cataluña, Baleares y Valencia, basado en el disfrute del tiempo libre de los niños y jóvenes, sobre todo en los fines de semana y durante las vacaciones, y que, como también sucedió con el escultismo, ha tenido un fuerte impulso en el ámbito de las parroquias y diócesis. 

Como define la propia comunicación del evento conmemorativo “la educación en valores ha sido el hilo argumental del encuentro”. Este es solo un ejemplo de los muchos disponibles, referido además a una organización diocesana grande, potente, que funciona muy bien bajo parámetros de eficiencia, pero de la que ha desaparecido el anunció de Jesucristo. Es uno de tantos casos del eclipse de Jesús dentro del propio ámbito cristiano. 

 ¿Cómo puede extrañar entonces que el catolicismo español presente un claro declive, sobre todo entre los más jóvenes? Declive en las conciencias individuales, en el ámbito cultural, en la incidencia de su visión en el ámbito de las leyes.

Los valores, sin más, no definen nada, convirtiéndose en el cajón de sastre del emotivismo. Si se quiere abordar los valores para eso ya existe una disciplina que los estudia, la axiología, en la que más allá de una metodología académica encontraremos una pluralidad de significados. No existe un acuerdo sobre lo que es un valor y ni sobre sentido y jerarquía, como no puede ser de otra manera en el ámbito intelectual construido por la Ilustración.

La visión genealógica de los valores de Nietzsche, poco tiene que ver con la kantiana. Se puede aducir con razón que cuando las instituciones, escuelas, hospitales, universidades católicas hablan de valores, lo hacen a partir del implícito cristiano. Entonces, siendo así, se hace como muy extraño que puedan abordarse sin conocer la vida y el relato de Jesucristo. Seamos claros: es intelectualmente imposible y comporta un riego de relativismo, instrumentalización y subjetivismo extraordinario, porque sin conocer la fuente, su relato, todo queda en manos del interpretador.

Ahora que estamos en tiempo de Pascua vale la pena recordar lo que dice Hechos 5,42 “Cada día en el Templo y en las casas no paraban de enseñar y anunciar la buena nueva de que Jesús es el Mesías”. Esa es la misión de todo católico, y no digamos ya cuando se trata de organizaciones que desarrollan actividades seculares para llegar mejor con el anuncio. 

No se trata solo de escuelas, de educar el tiempo libre, de atender a los enfermos, a los más necesitados. Se trata de que esto se haga anunciando la fe que le otorga todo su sentido.

Las civilizaciones no mueren asesinadas, se suicidan

Humberto Pérez Tomé
Hispanidad


La democracia es eso, libertad. Sin embargo, cuando la libertad está consensuada por unos pocos gracias al empoderamiento al que acceden por medio de las urnas, la libertad no es lo que es, sino la forma ineludible de actuar en sociedad. Libertad. 

La RAE específica hasta 12 acepciones para esta palabra que ha sido sobada, manipulada y deformada por políticos populistas, filósofos interesados y el vulgo siempre cuando le ha convenido. Pero me quedo con las dos primeras que creo que son las que de alguna forma más nos afectan: 

1.- Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 

2.- Estado o condición de quien no es esclavo. En democracia se vende este concepto porque se nos dice que podemos elegir libremente a quien deseamos que nos gobierne, es decir, a esos cuya confianza formalizamos en las urnas para que cuiden de nuestras vidas y favorezcan el bien común. Una libertad que nos hace creer que si salen los nuestros nuestras vidas mejorarán y, si no, no serán tan buenas como podríamos imaginar. 

Por lo tanto tendremos que asumir la responsabilidad de nuestros actos cuando a los que votaste una vez que gobiernan, no lo hacen pensado en nosotros, sino en sí mismos. Es decir, la democracia actual consiste en que participamos en libertad para que los políticos se blinden con nuestros votos en una dictadura. Una dictadura que, cuando es mayoría, se vuelve en dictadura absoluta. 

Cuando los políticos o las personas que acceden a gobernar no se rigen por los principios que les definen y son corrompidos por el poder, corrompen a los que les rodean y corrompen la razón para que todo esté de su lado, da lugar un Estado fallido porque estafa la libertad prometida al ciudadano. 

Cuando las decisiones de Estado se rigen por la ética del pensamiento dominante y carece de razones morales, el ciudadano está perdido porque no tiene más salida que soportar heroicamente lo que deciden por él. Entonces el punto 2 de la acepción de Libertad deja de tener sentido, porque somos esclavos de una libertad consensuada. 

Populismos llenos de eslóganes y vacíos de soluciones; nacionalismos que excluyen otras formas de pensar y querer vivir; leyes que se ejecutan aboliendo uno de los principios fundamentales de un Estado de Derecho, como es la presunción de inocencia; los medios de comunicación convertidos en voceras de los intereses financieros e ideológicos; y la masa social cautiva por su baja intelectualidad, moral y reflexiva... 

Entonces estamos ante un país camino de la ruina. Toynbee dejó muy claro este punto: Las civilizaciones no mueren asesinadas, sino que se suicidan. Llevamos años de vaciado moral, huyendo hacia delante de nuestra identidad cristiana, en una constante disolución de nuestros principios y nuestras costumbres. 

Apisonados por una cultura constante de la muerte: el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, la degeneración de la lucha de géneros. Unos pocos empujan y empujan para que la sociedad sea una masa enorme y deforme fácilmente manejable. Muchos ya lo ven como algo normal, una vana evolución del ser humano. Menos se rebelan contra este cambio pero callan cómplices, o cobardemente, casi peor. Y pocos, muy pocos, pelean arriesgando su fama, su carrera, su fortuna, estudiando y formándose para combatir desde la intelectualidad este ataque salvaje y democrático contra la dignidad del ser humano. 

La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana (Paidos), de Steven Pinker. Estupendo ensayo que desmonta el planteamiento global de la lucha de géneros solo porque haya modos y formas de pensar o vivir la vida, tratando de explotar ciertas debilidades humanas para crear una falsa antropología moderna. 

La decadencia de las columnas jónicas (Sekotia), de José Antonio Fortea. Breve ensayo que pretende mostrar otra forma de Estado orgánico que controla de forma orgánica a los políticos, las leyes y su comportamiento. Ahora que todos estamos hartos de máster inexistentes, sobres de dinero B, reyezuelos autonómicos que quieren montarse su propia república... Sería bueno revisar ideas nuevas. 

Democracias y falacias (Letra Clara), de Julio Bárceno. Autor de varios títulos basados en la idea de la conciencia del pensamiento hace un recorrido de lo dicho y hecho por la política en España. Elogios, pero sobre todo denuncias de los vacíos éticos, morales y legales que dejan en mal lugar la deseada democracia por todos aquellos que vivieron desde el principio la transición española. 

Dice la sinopsis de la obra: El solo hecho de permitir que los ciudadanos voten de vez en cuando no constituye por sí mismo una democracia, y menos si las mismas votaciones están viciadas antes y después de depositar las papeletas en las urnas.

17 abril 2018

Cristina Cifuentes, agente doble

Antonio Burgos
La Semana


Cuando me pregunté para qué demonios quería Cristina Cifuentes un máster de mentirijillas, qué falta le hacía meterse en ese borde de navaja para presumir en unas líneas de su currículum, subrayé que, al modo de Celia Villalobos, era una dirigente del PP perfectamente intercambiable con el PSOE. 

Díganme qué pinta en el PP una señora que se ha mostrado, y usando maneras populistas, a favor del aborto, de la República, de los vientres de alquiler y de todo cuanto falta hiciere para aparentar progresismo y modernidad, en el eterno complejo de la derecha española, pero acentuado en este caso: hacerse perdonar lo que es.

Pensé en un momento que Cristina Cifuentes era un agente secreto. Aunque esto de "Cifuentes, agente secreto" suene a nueva españolada con Santiago Segura y premio Goya asegurado por los de la Ceja, que me imagino son todos muy amiguitos de la Masteresa Cifuentes, le pega una barbaridad. 

Pensé que era agente doble, encargada de defraudar todavía más a los hartos y hastiados votantes del PP y echar a paletadas sus votos hacia Ciudadanos, que ya dan las encuestas como partido ganador en Madrid.

 ¿No lo van a dar, si el PP tiene al frente de la Comunidad de Madrid a una señora que aventaja a su jefe Rajoy en la especialidad del partido? ¿Qué cuál es la especialidad del PP? ¿Defender los valores conservadores y liberales acaso? No. ¿Defender la libre iniciativa frente al intervencionismo estatalista? 

No. Nada de eso. Eso, en todo caso, puede ser en campaña electoral y de boquilla. Pero cuando llega al poder, la gran especialidad del PP es ponerse de perfil, no dar la cara, no ponerlos sobre la mesa y gobernar contra sus votantes, por cobardía, por tibieza, por conveniencia y por Arriola.

Eso me creía, como les digo, que la Masteresa Cifuentes, aunque intercambiable con el PSOE, era agente secreto de Ciudadanos para perder Madrid cuanto antes. Pero la ola de titulitis que nos invade me hace pensar distinto. De momento, Cifuentes ha vuelto loca a la geografía. Gracias al falso máster de Cifuentes resulta que, investigando a Pablo Casado, otro especialista en roneos de másteres, hemos descubierto algo insólito. 

Descubrimiento geográfico a la altura de la llegada de Colón a América: que la Universidad de Harvard no está en Massachusetts, sino en Aravaca. Al menos allí reparte los másteres de plastilina que tanto gustan en esta nación de falsas titulaciones y de ingenieros de Podemos que no lo son. Me imagino que si Pablo Casado también ha pasado por Yale para coger un Máster Express en cuatro días, Yale no estará en Connecticut, sino, tirando lejos, en Majadahonda.

Una pena que la Masteresa no haya ido para su paripé de currículum a ninguna de estas raras universidades; que sacara su título por la Universidad Rey Juan Carlos y no por Oxford, que estará seguramente en Pozuelo, por no ser lugar menos pijo que la Harvard de Casado. No le hacía falta, porque Cifuentes no ha sacado un máster falso, sino una bomba de humo para tapar los falsos ERE y que no se hable de los ex presidentes de la Junta en el banquillo. 

Se está juzgando la mayor estafa política que vieron los siglos, los ERE amañados por el Régimen de la Andalucía del PSOE. Así que estamos ante un mangazo de 850 millones de euros de dinero público como mínimo, con 170 imputados, 22 altos cargos implicados, una ex ministra y dos ex presidentes de la Junta de Andalucía en el banquillo y ni los telediarios ni los periódicos dicen ni palabra del juicio oral por este gran escándalo: todo lo tapan Cifuentes y la titulitis. Está claro. Cifuentes es agente de Griñán y de Chaves para que nadie hable de ellos y mucho menos de los ERE, que ésos sí que eran falsos.

Despreciar la universidad

David Jiménez Torres
EL ESPAÑOL


Una vez me encontré con uno de mis estudiantes en la parada del autobús. Nos pusimos a hablar, llegó el 627, subimos, nos sentamos juntos y seguimos hablando. Me contó su vida y yo también le conté algunas cosas de la mía. 

Cuando ya llegábamos al final del trayecto me preguntó: “Oye, y tú cuando tenías mi edad, ¿qué querías ser?”

La pregunta me extrañó, y así se lo dije. “Hombre”, me respondió, “no me irás a decir que de joven soñabas con trabajar en una universidad”. Y enfatizó cada sílaba de esta última palabra, como si la estuviera pisoteando, como si se tratara de algún exótico tuercebotas del mundo del fútbol (“y va Guardiola y ficha a Chigrinsky”).

Los estudiantes suelen ser una caja de resonancia de lo que se dice y se piensa en amplios sectores sociales. Es una de las razones por las que dar clase supone una saludable toma de contacto con la realidad. Y es, también, la razón por la que me tomé aquel comentario como muestra de que muchos problemas del sistema universitario español nacen del desdén que nuestra sociedad siente hacia una institución tan fundamental como esta. 

En ocasiones parece que hemos pasado de una idealización de la universidad durante el tardofranquismo -cuando una carrera era un factor clave para la movilidad social- a una idea de la universidad como un purgatorio sórdido y cutre del que tanto los jóvenes como los profesionales con talento deben escapar lo antes posible.

Es indudable que algunos gestores universitarios han hecho mucho para que el sistema adquiera esa mala reputación. Pero, como suele suceder con los tópicos del pesimismo nacional, estamos ante una pescadilla que se muerde la cola. En vez de contribuir a la reforma del sistema, el desprecio hacia la universidad paraliza las iniciativas de mejora al cortocircuitar la mentalidad que las haría posibles.

Lo estamos viendo estos días en la polémica por el máster -o no- de Cristina Cifuentes. Lo que debería enfocarse como un síntoma de problemas del sistema universitario que se pueden y se deben resolver por el bien del país, se está abordando por el lado más superficial, folclórico y televisivo: la titulitis de algunos políticos, las miserias de una universidad concreta, los cálculos electorales de este partido o de este otro. 

Da la impresión de que una vez dimita Cifuentes y Casado haya cumplido con su cuota de patíbulo mediáticola sociedad dará por cerrado el asunto. Se entiende que parezca más sencillo cambiar a una presidenta regional que modificar la educación superior en España, pero no que lo primero se nos venda como más urgente que lo segundo.

Como sugerían los autores de un excelente texto en el blog de economía Nada es Gratis, lo mejor que podría hacer la sociedad española ante este escándalo sería utilizarlo como revulsivo para mejorar la universidad en general, y no solamente aquella que estos días copa el prime time. 

Una mejora que no puede dejarse solamente en manos de los políticos ni de improbables golpes maestros del BOE, sino que requiere también un cambio de mentalidad. 

A nuestro sistema universitario no le falta regulación; más bien le sobra esa cultura de hecha la ley, hecha la trampa que evidencia el caso Cifuentes. Una cultura que se alimenta del desdén hacia la universidad como institución, y que se debe cambiar desde las familias, desde los medios y desde las urnas.

16 abril 2018

Trump busca restablecer la credibilidad de las amenazas estadounidenses perdida con Obama

Hermann Tertsch
ABC


Hay prioridades. Y cuando se prepara una acción militar no son tiempos de diplomacia. 

Es por tanto una pena que Donald Trump suspenda su gira Iberoamericana pero es evidente que si algo no va a hacer Donald Trump es dejar pasar en la impunidad un ataque con armas químicas como el del pasado sábado en la ciudad de Duma. 

Trump está decidido a que la impunidad hacia las armas químicas quede como un estigma indeleble de Barack Obama. Cuando este se negó a castigar un ataque con este tipo de armas por parte del régimen de Assad, el entonces presidente Obama rompió él sus propias reglas y permitió a los demás que se violaran sus propias líneas rojas. Así precipitó toda la crisis en Oriente Medio que hundió la reputación de EEUU y convirtió rápidamente en grandes triunfadores en la región a Rusia, al propio Assad y a la República islámica de Irán.

Una vez establecido que este ataque es responsabilidad del régimen de Bashir el Assad queda claro que va a pagar un precio por ello. Solo quienes diseñan este golpe saben donde se asestará pero parece claro que Trump quiere restablecer una credibilidad de las amenazas norteamericanas y el golpe ha de ir por tanto más allá de una operación cosmética. 

Hace ahora un año, Trump ordenó un ataque con casi 60 misiles contra una base militar siria utilizada por los rusos. Ya fue explicado como una represalia por un ataque químico también de las tropas de Assad pero las circunstancias eran otras. El ejército ruso que utilizaba aquella base aérea fue avisada para que evacuara el lugar antes del ataque.

Pero la situación es hoy distinta y todo sugiere que el ataque tendrá otra calidad. Claro está que tanto EEUU como Israel consideran la consolidación en Siria del régimen de Assad con la presencia reafirmada de Rusia e Iran es un estado de cosas que no puede ser asumido a medio plazo.

Titulitis contagiosa

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


Entre los birretes vuela una gorra Hay que ver la modestia que adorna a algunos de nuestros personajes públicos en cuanto a títulos universitarios se refiere. Ada Colau, por ejemplo. 

Mira tú que pudiendo decir que es ICAI-ICADE cum laude, o que se ha licenciado en lenguas moribundas por Moscú, va la tía y se conforma con decir que es abogada. Menuda birria de mentira. Tírate el pingüi, chavala, y sácate un doctorado en Harvard por el mismo precio.

Ella, como se disfrazaba de Robin y corría alegre por entre los desahucios, abogaba por la causa, y claro, de abogar a abogada hay unas letritas de nada. Alguno habrá a su lado que se las ingenia para no dar golpe y dirá que es ingeniero.

El señor Franco _ el de A Pobra de Brollón que acusa a Cifuentes de sacarse un máster de juja, no el del Ferrol _, se puso a sí mismo una licenciatura en Matemáticas que no se la saltaba un galgo, y le ha dicho Pedro Sánchez que no le salen las cuentas. ¿Pero tú no me habías dicho que eras catedrático de Álgebra? No eres franco conmigo.

Eso es culpa de la modestia que atesoran. La propia Cristina solo aspira a un máster de la Universidad Rey Juan Carlos. Hombre, qué trabajo le costaría estirar un poco más el chicle y hacerse con un diploma en Oxford.

Por la misma puerta de chiqueros sale el secretario de Organización de Podemos en Galicia, vigués él, que ha recurrido al retruécano para redactar su currículum. Dice textualmente el chaval que es “Ingeniero. Se formó como ingeniero industrial…”, que es como si yo digo que soy “cocinero, me formé como chef abriendo una lata de bonito del norte y ahí paré, porque puse la cocina perdida de aceite…”

Modestia y más modestia. Deberían aprender de Ana María B.J., aquella mujer que se hacía pasar por hija del Rey para pimplarles el dinero hablándoles de la Bolsa.

Si el papel todo lo aguanta, ¿por qué quedarse en licenciado?

Yo no me arrepiento de nada. De hecho, soy un cretino

Eulogio López
Hispanidad



No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón; el perdón de poco sirve sin el arrepentimiento. 

Me temo que si no entendemos esta frase de Karol Wojtyla no entenderemos nada de lo que nos ocurre.

Sobre la justicia no se pueden plantear paz alguno, sólo sumisión.
Pero el hombre no es perfecto, y ninguna ley, por justa que sea, puede asegurarnos contra la ofensa.

Por eso, de nada sirve la ley justa sin capacidad para perdonar y, ojo, para ser perdonado. Por eso mismo, la frase debe cerrarse con este remoquete: de poco sirve el perdón sin el arrepentimiento. Todo seguirá igual.

La actitud más nefasta de todas sigue siendo la muy escuchada: yo no me arrepiento de nada. Lo cual debe contemplarse con la siguiente sentencia: soy un verdadero cretino.

Letizia y la educación de una futura reina de España

Jesús Cacho
Voz Pópuli


La reina Sofía, de la mano de sus nietas y el rey Juan Carlos veta a Letizia en el hospital

Un alto cargo autonómico de cuyo nombre no quiero acordarme viajó a Madrid no hace mucho tiempo para mantener en Zarzuela una larga reunión de trabajo con Letizia Ortiz Rocasolano, hoy Doña Letizia. 

Se trataba de discutir los pormenores de la inauguración de un nuevo campus universitario en la capital de una comunidad relativamente cercana a Madrid. A la antigua locutora de RTVE le gusta documentarse y preparar a fondo los actos oficiales en los que interviene. Son sus “sesiones de trabajo matinales”, y en aquella entrevista quiso saber hasta el último detalle de aquella invitación que, no tras mucho cavilar, había decidido finalmente aceptar.

Se trata de inaugurar un anexo al campus universitario, en el que se van a instalar nuevas facultades, que va a ser de enorme utilidad para esta Comunidad Autónoma, y cuya primera piedra, por cierto, pusieron hace ya unos cuantos años don Juan Carlos y doña Sofía

-¿Cóóóómo? ¿Ééééésos? ¿Y yo voy a ir ahora a inaugurar algo que hicieron éééésos hace 20 años? ¿Yo mezclada con éééésos a estas alturas? ¿Yo haciendo lo mismo que éééésos? ¿Yoooooo? –

Los dedos índices en paralelo apuntando hacia fuera, los pulgares hacia arriba, en gesto de profundo disgusto, en ademán desafiante del pistolero a punto de abrir fuego- ¡Quééé horror! ¡Quééé horror! Repetía conmocionada. 

Y el pasmo de la Consorte era tan evidente que se puso en pie dando vueltas alrededor de la mesa, las manos a la cabeza, como si no lo pudiera creer, como si le hubieran insultado gravemente, como si le acabaran de anunciar una desgracia familiar irreparable. 

Porque nada que haya tenido que ver con Juan Carlos I y/o con la sufrida Sofía de Grecia puede/debe contaminar el buen nombre, el inmaculado crédito de esta mujer ridículamente progre que detesta a sus reales suegros, que reniega de la figura de Juan Carlos y Sofía por motivos, para empezar, puramente ideológicos.

Terminó acudiendo a la inauguración. El gesto agriado, la sonrisa glacial que luce en las ocasiones en que quiere evidenciar que le da por el saco el acto de marras, que no está a gusto y que se quiere ir cuanto antes. Y después de la breve inauguración protocolaria, pasaron todos al salón de actos donde esperaban las autoridades regionales, con el presidente de la Comunidad y el señor obispo, puede que arzobispo, cardenal incluso, a la cabeza, y un grupo de estudiantes invitados. 

Letizia, su chaquetita corta y su pantalón ajustado, vestida de “pobre” para la ocasión, porque ella sabe vestir pobre cuando la ocasión lo pide, saludó de prisa y corriendo, mueca incluida, a las autoridades y se dirigió directamente a los estudiantes con los que departió muy animada, mostrando su trasero al señor obispo, durante casi media hora. Cuando se cansó, dio media vuelta, saludó con idénticas prisas a las atónitas autoridades y puso rumbo a Madrid seguida por sus escoltas.

Esta es el reina consorte -¿reina con suerte?- de España. Este es el material humano que anida en esta señora. La soberbia de una señora que no sabe estar, que nunca llegará a saber estar, que no ha interiorizado su papel como representante de la institución monárquica y las obligaciones que ello conlleva, que ignora que las formas son fundamentales a la hora de preservar la institución. 

Han pasado ya unos cuantos días desde el escándalo por ella protagonizado a la salida de la misa de Pascua en la catedral de Palma. Los servicios de información de palacio han logrado adormecer la polémica surgida, sobre todo en los grandes medios, ello con la ayuda de las Cifuentes que a diario sacuden la actualidad de la casa patria. 

Pero el resplandor de la hoguera sigue intacto. Porque este no es un revolcón de prensa rosa. Esta ni siquiera es una pelea matrimonial, por más que afecte a la pareja real. Este es un asunto de Estado en tanto en cuanto afecta a la heredera al trono de España, la princesa Leonor, a la futura Jefa del Estado, y por ello a la propia estabilidad del Reino.

Éramos pocos y parió la abuela. Bueno, quien en realidad parió fue la nuera. Una mujer que ha mostrado en público el sistema de valores que está insuflando en sus hijas, la heredera del trono y su hermana: el de un total desapego hacia los padres del actual Rey de España y hacia toda la familia Borbón, como si esta bella niña Leonor fuera a encabezar la dinastía plebeya de los Borbón-Parla, nada que ver con la italiana de los Borbón-Parma, la dinastía populista del honrado bisabuelo taxista y la abuela sindicalista de CC.OO., desafección como prueba de una falta de respeto hacia sus mayores, y de ahí ese gesto airado, resabiado, con el que la bella niña rubia rechaza la mano sobre el hombro que le tiende su abuela, una Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, una royal emparentada con todas las casas reales europeas, porque ella no quiere que la toque, le da asquito, tantas veces se lo habrá reiterado la consorte, y este es el gesto que ha escandalizado a España entera, un gesto que fue un insulto a su suegra, la reina Sofía; a su marido, el rey Felipe VI, y a todos los españoles de bien a quienes Felipe VI representa, y representa muy bien como demostró el 3 octubre pasado.

Un episodio digno de estudio psicológico

Un incidente –el del rechazo de la mano de su abuela, y ese otro, aún peor, consistente en pasar la mano por la frente de la heredera para borrar de su piel el estigma de ese beso furtivo que le acaba de dar doña Sofía, en episodio digno de estudio psicológico-, que está mal si responde a un incontrolado impulso de la heredera, un arranque de infantil incomodidad, pero que está mucho peor si, al final del camino, es consecuencia de la comedura de coco a la que esta señora está sometiendo a sus hijas en contra de sus abuelos, los Reyes eméritos. Es la auténtica lección que cabe extraer de este penoso incidente, y la pregunta inevitable y dolorosa que plantea: ¿en qué manos está la educación de la futura reina de España?

La inseguridad. Una inseguridad que le lleva a desconfiar de todo el mundo y que le provoca esos prontos linderos con la arrogancia, ese gesto de crispación, esa falta de naturalidad, ese envaramiento. Y la obsesión por proteger a sus hijas, ocultar a sus hijas, evitar todo contacto con sus abuelos, los reyes eméritos, alejarles de la familia Borbón… 

Letizia no autoriza ninguno de los viajes que la futura reina debería estar ya haciendo, con el tiento debido, por los cuatro puntos cardinales de España, y no permite que sus hijas acudan al funeral celebrado en Madrid al día siguiente del escándalo mallorquín con motivo del 20 aniversario de la muerte de don Juan de Borbón, inexcusable falta por parte de una heredera al trono por muy joven que sea. 

Todo como si las jóvenes princesas fueran propiedad privada, como si temiera que pronto se las fueran a quitar, sabedora de que con el paso del tiempo las niñas serán inevitablemente llamadas a tareas de representación que las alejaran de ella, un destino que las aproximará a los Borbones hasta confundirse con el apellido en la misma medida que las alejará de los Rocasolano y su pequeño mundo.

Y ese peculiar universo de Zarzuela que puede acabar explotando entre el entorno del Rey –con Jaime Alfonsín como Jefe de la Casa, con Martínez Palomo como secretario general, con Miguel Herráez como responsable de Seguridad-, y el de la Reina –con José Manuel Zuleta (duque de Abrantes con grandeza de España, y varios títulos más) como jefe de su secretaría, todos con sus correspondientes valet de chambre, dos universos paralelos plagados de celos y dispuestos al enfrentamiento, a la putada consuetudinaria, hasta el punto de que, tras un análisis detenido de las imágenes filmadas a las puertas de la catedral de Palma, de quién las filma, y del “tempo” de su difusión, hay quien llega a la conclusión de que alguien ha dado el visto bueno para que salieran a la luz, de que ahí ha metido mano la dirección general de RTVE, la vicepresidenta Soraya y el señor Alfonsín, entre otros, para ilustrar lo que sería una seria advertencia del entorno de Felipe VI –temeroso de lo que el entourage de Letizia pueda llegar a maquinar un día- a la Reina Consorte. El momento de darle una lección y enviarle un mensaje claro: chica, te estás pasando varios pueblos…!

El entorno de la Casa del Rey, el de la secretaría de la reina, y dos círculos concéntricos más: el espacio exterior de los amigos y aduladores de Letizia, la “corte” privada de la reina consorte, sus celebradas amigas, muchas de ellas periodistas, con las que suele escaparse a cenar de cuando en cuando, y sus amigos periodistas, los Grijelmo, Urdaci y demás, y naturalmente el entorno íntimo de los Ortiz Rocasolano, con la mami Paloma como alter ego, la mujer que se ocupa de cuidar a las niñas cuando los reyes están fuera –doña Sofía no puede poner un pie dentro del pabellón de los Reyes; tiene vetada la visita a sus nietas-, que al parecer pasa más tiempo dentro de Zarzuela que fuera y cuya influencia en las niñas es más que obvia. 

Cuatro mundos atrayéndose y repeliéndose, potaje indigerible, cóctel explosivo que difícilmente puede salir bien y que terminará explotando algún día por algún lado. Temor que el ridículo montaje ideado cuatro días después a las puertas de la clínica donde el emérito acababa de ser operado –la nuera ejerciendo de obsequiosa abrepuertas, y las nietas haciéndose la foto de la mano de la abuela- no ha hecho sino incrementar. ¿Y qué pensarán esas niñas a las que ahora se les dice que no deben rechazar la mano de la apaleada abuelita por mucho asquito que les dé…?

Isabel II y la futura reina Leonor

Una cóctel explosivo cuyo primer responsable es el rey Juan Carlos, quien, en lugar de ocuparse en mantener y sacar adelante una familia unida por el amor y la atención constante, de cuidar la educación y las amistades de sus hijos, se empleó a fondo en ver qué mujer iba a visitar su cama la noche de aquel día y de dónde iba a lograr sacar un duro más para engordar su peculio, por lo que no cabe extrañar que tanto el príncipe Felipe como las infantas Elena y Cristina terminaran haciendo unos matrimonios deleznables. 

Si la princesa Leonor ha de llegar un día a ocupar el trono de España, su reinado no se podrá parecer en nada al de aquella otra Borbón que lo ocupó en la primera mitad del XIX, y mucho menos su educación: “Carecía absolutamente de genio y se convirtió exactamente en lo que su educación hizo de ella, y su educación fue tan mala que difícilmente hubiera podido ser peor… La virtud no estaba en la familia y la virtud política menos aún… No podía por lo tanto aprender nada bueno observando el ejemplo de ninguno de sus padres y pasó sus años impresionables bajo la influencia de cortesanos que le enseñaron que el reino era su propiedad privada, y su capricho un principio suficiente para dirigir la elección de sus ministros.Más aún, a la edad en que aún debería haber estado en la escuela, la casaron con un marido que carecía de los atributos esenciales de un marido. Y eso teniendo le diable au corps”. Es la descripción que de Isabel II hizo su primer biógrafo (“The tragedy of Isabella II”), el inglés Francis H. Gribble.

“A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran los juguetes y los perritos. Por haber estado en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”, dijo de ella el conde de Romanones. 

“Yo creo que Letizia ha traspasado todas las barreras que protegían la convivencia en el seno de la familia real y lo ha hecho en público y de forma ostentosa”, asegura alguien que sirvió muchos años en Zarzuela. “Lo ocurrido es muy grave, y me parece que como no la metan en cintura la cosa acabará mal”. 

Un cóctel, el de Felipe VI, para el que solo parece haber una solución razonable, pero que compete en exclusiva a su vida privada. Mucho más importante, casi trascendental, es todo lo que atañe a la educación de la futura reina Leonor. 

¿Corolario? La educación de la princesa heredera no puede quedar ni un día más a cargo de su madre y mucho menos de la abuela Rocasolano. Es una cuestión de Estado. 

Alguien debería tomar cartas en el asunto (algo que no hará el calzonazos Rajoy), como ocurriría en cualquier monarquía parlamentaria del mundo civilizado.