17 noviembre 2017

Año XIV - Nº 1062

Las elecciones en Cataluña: una previsión

Editorial
Forum Libertas


Si observamos los resultados de la encuesta de La Vanguardia observaremos poco movimiento en la superficie, pero algo más notable en el fondo. Los resultados confirman la tendencia de encuestas precedentes (CEO, Sigma Dos para El Periódico). 

El bloque independentista obtiene la mayoría absoluta más o menos como ahora, y en el peor de los casos, obtiene la mayoría para continuar controlando la Generalitat.

Pero, examinando con más atención las cifras, se observa un importante aumento de voto independentista porque la mayoría actual se obtiene sobre una participación del 72% y La Vanguardia prevé una mucho más alta, del 81%. En las últimas elecciones obtenían un 39,6 sobre un total del 72%, y en la previsión de La Vanguardia sería de un 39,7 sobre un 81%, nueve puntos porcentuales más de participación.

Además, el sistema electoral prima las circunscripciones pequeñas. Un diputado en Barcelona cuesta el doble de votos que en Lleida, lo que favorece el independentismo. Corolario: no se puede confundir mayoría de diputados con legitimación de una mayoría de votos. Si todos los votos valieran igual la mayoría independentista reduciría sus escaños hasta 64 (la mayoría absoluta está en 68), los partidos no independentistas se situarían en 60 y Cataluña en Común mejoraría en uno o dos, llegando hasta los 11 escaños.

Primera nota a tener en cuenta: el aumento de participación no merma la mayoría independentista. ¿Puede ser por el efecto encarcelamiento? Muy probablemente. Observando otras respuestas, puede formularse la hipótesis de que entre 15 y 18 puntos porcentuales son votos adheridos provocados por la situación. ¿Perderán todos estos votos? Quizás en alguna parte, no en toda. 

El relato de la campaña: 155, libertad presos políticos (casi el 60% está en contra de uno y otro; este es el yacimiento que ayuda a mejorar el voto independentista) está diseñado para mantenerlos. Pero no es seguro que lo logren plenamente. Lo que sí que es más evidente es que si el voto no independentista no se moviliza al máximo, la mayoría absoluta incluso puede crecer.

Las primeras conclusiones derivadas son dos: (1) Las decisiones de Madrid reavivando continuamente la campaña independentista (2) El control del relato continúa en sus manos y no se construye ninguna alternativa.

La existencia de un relato, un proyecto de país alternativo no limitado por las etiquetas de partido podría reducir a corto plazo el independentismo a su raíz, a su “tierra”, situado en torno al 30%; y en un plazo más largo, resituarse entre el 20% y el 25%, que es el núcleo que todavía cree que la independencia es posible. Pero, mientras el antídoto sea lo que ofrecen por su parte PSC, C’s y PP, parece difícil que se puedan dar aquellas reducciones.

También se puede hacer una consideración de signo opuesto: si con el 155 y gente en la cárcel no superan el 50% ¿cómo quieren lograr la independencia? De ahí que solo un 23% vea factible una DUI.

Conclusiones:

(1). ERC (45-46) gobernará con el PDeCAT (14-15), y buscará incorporar a los Comunes (9-10) y los soportes externos de la CUP (7-8). La alianza con los Comunes será en base al relato electoral: 155 y presos políticos, y el acuerdo para gobernar Barcelona, ​​la Diputación y la apuesta por cambiar el “Régimen del 78”, con Iglesias, como camino necesario para la independencia

(2). Si el escenario no se altera por la disrupción de un nuevo proyecto, en el sentido de marco de referencia o frame, el conflicto quedará enquistado en una especie de guerra de posiciones, la sociedad catalana cronificará su división y antagonismo, y el efecto económico negativo se consolidará a medio plazo.

El talón de Aquiles del independentismo

Emilio Campmany
Libertad Digital


Entre las muchas contradicciones del golpismo separatista está la de que participa en unas elecciones que tacha de ilegales e ilegítimas. De haberse negado a concurrir a ellas y provocado una abstención cercana al setenta por ciento, el Gobierno de Mariano Rajoy se habría visto en un grave aprieto. 

Y el Gobierno resultante de ellas habría tenido un serio problema de legitimidad. Sin embargo, los independentistas, incluso los de la CUP, han decidido acudir a la convocatoria. ¿Por qué? Se dirá que porque creen que ganarán. Desde luego, pero hay más. Lo hacen sobre todo por dinero.

El oxígeno del independentismo catalán es el presupuesto de la Generalidad. Sin su control, los separatistas son incapaces de hallar financiación suficiente. Prueba de ello son las dificultades que está encontrando Artur Mas para reunir la suma que en concepto de fianza civil le exige el Tribunal de Cuentas. 


Si los que votaron a favor de la independencia de Cataluña el 1 de octubre hubieran aportado 2 euros y medio, el expresidente catalán no se vería en trance de tener que hipotecar su casa. El dinero donado por las asociaciones independentistas no vale porque lo que éstas reciben es sobre todo dinero público.

Los independentistas pueden estar más o menos inclinados a colgar la estelada en sus balcones, a acudir a manifestaciones de protesta, a obstaculizar la acción de la Justicia, a cortar calles y carreteras o a hacer escraches. Pero no a pagar el aparato de propaganda con el que el independentismo gana adeptos. Ese aparato está hoy financiado con el dinero de la Generalidad. 


Si los separatistas consintieran en perderlo por dejar de presentarse a las elecciones, no sólo las asociaciones independentistas morirían de inanición, sino que los medios de comunicación públicos dejarían de fomentar el odio a España y los privados sólo podrían seguir haciéndolo a su costa. Por eso no pueden permitirse el lujo de atenerse a sus principios y dejar de concurrir a unas elecciones que ha convocado el presidente del Gobierno de España artículo 155 mediante y no quien ellos sostienen que es el legítimo presidente de Cataluña.

La cuestión es que, pasadas las elecciones, sobre todo si las ganan, ya no podrán continuar sosteniendo la ficción de que Puigdemont sigue siendo presidente de la Generalidad. Tras participar en la convocatoria, tendrán que aceptar la legalidad del presidente que salga de las urnas y reconocer la legitimidad de la aplicación del artículo 155, en base al cual se llamó a ellas. El motivo de tamaña falta de decoro no es otro que la necesidad ineludible que tienen de volver a apropiarse del dinero de la Generalidad.

Así que no parece que el movimiento independentista sea muy sólido cuando los millones de seguidores que dicen que tiene no están dispuestos ni siquiera mínimamente a financiarlo. En consecuencia, encontrar el modo de impedir que los golpistas puedan emplear el dinero público en subvencionar su movimiento separatista cuando vuelvan a tener el poder en Cataluña es la clave para acabar con él. Hay maneras de hacerlo, pero ésa es otra historia.

Cataluña como mentira

Manuel Trallero
EL ESPAÑOL


No creo que nadie en sus cabales confiara en un médico, un abogado o un asesor bursátil a sabiendas de que no nos está diciendo la verdad, que nos está mintiendo.

Sin embargo, eso ha sucedido en Cataluña con su Gobierno, con la clase política con la mayoría del Parlamento, con la mayor parte de los medios de comunicación, con muchos periodistas, con las universidades, con los colegios profesionales, con las escuelas de los niños... 

Y lo más grave del caso es que muy posiblemente vuelva a suceder igual tras las próximas elecciones de 21D. Han mentido a sabiendas y lo volverán hacer de nuevo. Todo el mundo lo sabía, pero nadie se atrevió a decir que el rey iba desnudo. Es bien conocido el adagio de que es más fácil engañar a una multitud que a un solo individuo.

En Cataluña ha regido y rige la mentira, es su imperio. Ni posverdad, ni Donald Trump, ni Brexit. No hay otra. Las cosas no son como son, sino como parecen que son, puras apariencias. Vivimos instalados en la mentira, se ha vuelto nuestro medio natural, ese líquido amniótico que nos protege, estamos en ella como pez en el agua. Todos lo sabían, todo el mundo decía --eso sí, en privado-- que la independencia no era ni siquiera imaginable, menos aún posible. 

Todo el mundo sabía lo de la financiación de Convergència --¿por qué no se ha hecho pública todavía la sentencia del caso Millet, que tiene que dictar el tribunal presidido por la esposa señora esposa de Juanjo Queralt?-- los negocios de los hijos de Pujol o lo de Banca Catalana. Pero ¿para qué decir la verdad? ¿A quién le puede interesar? 

Y sobre todo ¿qué beneficio nos puede deparar? Ninguno. Hemos contraído todos, algunos más que otros, una grave responsabilidad ya fuera por acción o por omisión, o simplemente por callar demasiado tiempo. Podemos buscar mil excusas en las actuaciones de los demás, de los otros, de los adversarios... pero, como reza el pasaje evangélico, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra. La culpa reside en cada uno de nosotros, es demasiado fácil --y barato-- echársela a los demás.

Hemos confiado, como sociedad, en unos mentirosos porque esta es una sociedad caciquil y clientelista, anudada por estrechos lazos de intereses, una tela de araña. Cataluña es una gran familia, eso sí que lo tiene. Nos conocemos todos, y todos nos hemos visto alguna que otra vez en pijama o incluso sin él. ¿Para qué nos vamos a hacer daño? ¿Que ahora toca independencia? Pues independencia, como antes tocó ser comunista, católico o franquista y alzar el brazo. 

¿Después? Después ya veremos... La cosa consiste en ir pasando sin levantar nunca las alfombras, sin tirar de la manta, sin decir esta boca es mía, sin cambiar. ¿Para qué? Cataluña es una sociedad silenciosa y silenciada, en donde no hay lugar para la discrepancia ni para un "sí, pero...".

Ellos a decir que la culpa es de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, que habían ganado unas elecciones cuando habían perdido, a llenar las calles una y otra vez para hacer ver que son mayoría, cuando no lo son y encima lo sabían. Hacer ver que todo está preparado para el día después cuando no había nada previsto, y así, una y otra vez, durante cinco extenuantes años. En Cataluña no había fractura social ni violencia sino cohesión social, un solo pueblo, y sobre todo pacífico, muy pacífico.

Todos lo sabíamos, claro está, porque, como decía mi abuela, aquello que parece mentira es por la poderosa razón de que no es verdad.

15 noviembre 2017

¿Reformas territoriales?

Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes
Catedráticos de Derecho Administrativo
EL MUNDO


 (Ilustración: Javier Olivares) 

El inicio de los trabajos en la subcomisión parlamentaria que va a ocuparse de posibles reformas territoriales es buena ocasión para reflexionar sobre ese empeño y hacerlo, al modo que nos enseñó Tácito, sine ira et studio. 

No es fácil porque España atraviesa una época convulsa en la que se han roto muchos pactos que sirven de base a la convivencia y, con ellos, los elementos de integración que son fundamentales para pensar en alterar esta o aquella pieza del edificio constitucional. 

No hay más que ver qué ha ocurrido con su composición a la que ya han renunciado a asistir tres de los siete grupos políticos.

Una muestra dolorosa que pone de manifiesto la inexistencia de una comunidad políticamente vertebrada. Porque la creencia en unos valores comunes que todos comparten es el fundamento de ese artilugio que llamamos Estado y la Constitución, ordenación jurídica de ese Estado, es el receptáculo que recoge los esfuerzos sociales y los anhelos de esa comunidad. De ahí que la legitimidad de la Constitución sea un problema en buena medida de fe en esos atributos compartidos e intereses comunes que permiten al grupo vivir juntos y constituirse en Estado.

Pues bien, nuestra tesis es que las fracturas sociales y emotivas que alimentan, de un lado, los populismos y, de otro, los nacionalismos separatistas conforman el ejemplo de manual de una Constitución carente de esos elementos de integración indispensables para hacer posible su vigencia ordenada y fructífera. Mientras tales populismos y nacionalismos, el 28% de la representación parlamentaria -¡ahí es nada!-, sigan defendiendo concepciones dirigidas a destruir el patrimonio comúnque supone la existencia de un Estado que ha de ser indiscutido hogar común carece de sentido pensar en la alteración de este o de aquel artículo de la Constitución.

Dicho de otro modo, mientras no nos pongamos de acuerdo en un credo compartido y libremente asumido, en un prontuario de cuestiones básicas, entre ellas, obviamente, la existencia misma de ese Estado, pensar que diseñar una nueva distribución de competencias puede servir de algo es fantasear.

¿Debe esta amarga circunstancia de nuestro presente conducirnos a la parálisis?

No y explicaremos la razón: con todas las dificultades descritas se debe intentar al menos para que las fuerzas políticas constitucionalistas dispongan de un plan que ha de ser pedagógico en el presente y también para que las generaciones venideras no puedan acusar a sus mayores de falta de esfuerzo, de estímulo creativo y de un compromiso integrador seriamente urdido con el futuro.

Para este fin, lo adecuado sería confiar los trabajos de preparación de cualquier reforma a expertos. ¿Por qué? Porque los tales expertos son personas que han estudiado en los mismos libros, bebido en las mismas fuentes y apaciguado sus ansias de saber en las ideas nuevas que están en los textos viejos. Así equipados pueden contribuir a sosegar el ambiente, relajarlo y mantenerlo alejado de los excesos partidarios o sectarios. Luego ya vendrá la hora de los políticos y después del pueblo cuyos movimientos a veces son tan impredecibles como los de la mar.

Seamos prudentes y sepamos que a los cambios, como a las revoluciones, hay que cogerles el pulso desbocado y restaurarlo en su ritmo adecuado con el fármaco del razonamiento técnico que serena, refresca y templa.

Cuando hablamos de expertos no nos referimos exclusivamente a juristas especializados en derecho público o hacendistas (inevitables en todo caso) y ello porque, si queremos reflexionar seriamente sobre la reforma del Estado autonómico, es preciso, como tarea prioritaria, analizar qué ha funcionado bien y qué, ay, ha resultado un fracaso en los decenios de su vigencia y por ello procede corregir.

Se oye hablar insistentemente de elevar "los techos", de "aumentar el autogobierno" y ese es un método desacertado por atrevido metodológicamente y además porque, a la postre, resulta estrecho y raquítico. Ampliar el ángulo de visión exige que personas expertas expliquen cómo se han observado las transferencias realizadas a las comunidades autónomas en materias como las infraestructuras regionales, la gestión de los montes tras tantos incendios forestales, la calidad y depuración de las aguas, el cuidado del patrimonio cultural, el resultado de la Educación en sus distintos niveles, de la investigación, de la Justicia, de la atención sanitaria y de la dependencia... Sólo entonces podremos llegar a conclusiones fundadas. Y, a partir de ellas, valoraremos si debemos ratificar la validez del sistema instaurado hace años o es conveniente rectificarlo en este o en aquel asunto. Con el resultado de que tan plausible sería engordar la descentralización por un lado como someterla a una dieta de adelgazamiento por otro.

Porque importa mucho que nos metamos en la cabeza que el Estado descentralizado se ha de justificar ante los ojos de los ciudadanos por su solidaridad y por su eficacia, siendo al cabo todos nosotros los llamados a valorarlo como usuarios de la amplia oferta de servicios públicos que las comunidades autónomas prestan.

Y para conformar nuestro juicio será determinante la situación en que nos encontremos el hospital donde nos atienden, las instalaciones educativas, las viviendas de protección oficial, la periodicidad y regularidad del transporte público... Digámoslo claramente: el elevado coste de un Estado descentralizado, con sus parlamentos y sus gobiernos propios, no puede acreditarse ante el contribuyente más que si advierte que la cercanía ayuda a gestionar mejor los asuntos que determinan su vida diaria.

Esta labor que proponemos nunca se ha hecho y, lo que es peor, no parece echarse de menos. Por eso creemos que confiar a un grupo de diputados el esfuerzo de proyectar nuevas reformas sin contar con esos estudios previos técnicos es sencillamente un desatino, por bien aparejadas que sean las intenciones de nuestros representantes de las que nadie duda.

Nuestro consejo es calma. Vamos a recabar dictámenes de los gestores del agua, de los servicios sanitarios, de los centros docentes, de las denuncias ambientales de las instituciones europeas, del uso de las subvenciones públicas y de tantas otras cuestiones antes de cambiar una coma y embarcarnos en idear soluciones originales.

Políticos a la violeta: abstenerse.

Por último, cualquier corrección que se practique nunca ha de ser para que los nacionalistas catalanes "se sientan cómodos", como de nuevo ha deslizado imprudentemente un ministro del actual Gobierno, bendiciendo el error mayúsculo cometido durante toda la Transición. No se trata de aparejar una oferta mobiliaria con más confortables cojines o un escabel lindamente tapizado para poner los pies sino de que los ciudadanos libres e iguales de un Estado de las autonomías eficaz y solidario, los ciudadanos de Barcelona, de Cuenca, de Almería, de Astorga, de Baeza, de Teruel y de tantos y tantos pequeños municipiosse sientan bien representados por sus instituciones democráticas y satisfechos con los servicios que reciben financiados a través de sus impuestos.

En este momento, en el que se ha visto el embeleco, el gigantesco trampantojo que había tras la oferta separatista, es momento de enfatizar esta perspectiva y no perderla de vista ya nunca. Después de financiar los gobernantes catalanes, durante años, tantísimos estudios para cimentar técnicamente las aspiraciones de dominación feudal de su parcela territorial, después de haber llegado a emplear un lenguaje de olímpico magisterio frente al resto de los españoles, lo cierto es que todo ha quedado en un temblor claudicante ante las puñetas de un magistrado del Tribunal Supremo. Con las palabras del soneto cervantino "caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada".

En achaques catalanes, la notación de la partitura a tocar es bien sencilla: hacer justo lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora.

La independencia era una broma ejecutada por un circo de payasos

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Así contestaba el 18 de diciembre de 2012 Marta Rovira a una periodista de France24 que le preguntó, rueda de prensa mediante, "cómo piensan financiar la separación con España"

Y aquí la experta, tras un acollonado "pues, buena pregunta" que suena a no tengo idea, a me has pillado en bragas, empieza a balbucir tras el atril, "umm, la verdad es que, ummm, tendremos muchas posibilidades de hacerlo porque, ummm, estamos estudiando una nueva vía de ingresos ennnn, ummmm, los presupuestos de la Generalitat de Cataluña, contaremos también con, ummm, una, una Agencia Tributaria propia, aaaa, ummmm, y por lo tanto empezaremos a hacer la liquidación y recaudación de nuestros impuestos y, a dedicar, ummmm, en lo más riguroso que sea posible, aaaaa, a invertir los actuales recursos, tanto humanos, como también, aaaa, ummm, institucionales de las Administraciones, pues de la mejor manera posible para, para que el presupuesto dedicado a esta trasc, transición nacional sea justo, sea estricto, y, en fin, ummmm, sea lo que toque para… (largo silencio) para financiarlo".

Es la transcripción literal de la respuesta. El vídeo sigue estando al alcance de cualquiera en YouTube, pero les advierto que su visionado puede herir seriamente la sesera de cualquier persona mínimamente leída y acostumbrada a expresarse con un mínimo de soltura y racionalidad. 

La número dos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), la Secretaria General del partido muy posiblemente llamado a ganar las próximas elecciones autonómicas, no tenia, no tiene, ni idea de cómo se iba a financiar esa República Catalana de la que iban a manar ríos de leche y miel para felicidad de sus habitantes en cuanto se declarara la independencia. 

La doña, una señora de porte agradable por lo demás, tuvo ocasión de expresarse, que uno recuerde, en el Congreso de los Diputados el 8 abril de 2014 con otro penoso discurso, memorizado y mal recitado, rociado de un falso sentimentalismo, en el que vino a quejarse amargamente de la incapacidad de los españoles mesetarios para comprender las aspiraciones y anhelos del independentismo. De vergüenza ajena.

Esta indigente intelectual, esta cabeza de chorlito incapaz de enhebrar una sencilla frase con sujeto, verbo y predicado (descartemos las oraciones subordinadas como misión imposible), cuyo protagonismo ha sido más que notorio en estas últimas semanas (recuérdenla haciendo la señal de la victoria, brazo en alto, tras depositar su voto en aquella urna circunstancial en la Independence Night del 27 de octubre; recuérdenla también, más recientemente, llorando desconsolada tras la prisión incondicional para Junqueras y otros siete ex consellers: 
"No nos rendiremos, no lo haremos, lucharemos hasta el final. Lucharemos hasta el final porque tenemos derecho a vivir en un país más justo, más digno y más libre" es todo un poder fáctico en el Movimiento independentista, llamada a ocupar un puesto protagonista en un futuro Govern a la sombra del gran Junqueras, otro lumbreras, supuesto historiador metido a conseller de Economía sin idea del asunto, con tan poca idea que aseguraba, sin temblarle la voz, que las empresas jamás huirían de Cataluña en caso de independencia.

La señora Rovira voló ayer a Bruselas para parlamentar con el prófugo Puigdemont y el resto de consejeros huidos. Poco se sabe de este viaje, presumiblemente orientado a seguir manteniendo la ficción del “President Puigdemont” de cara a esas bases indepes desconcertadas, que Junqueras y Puchimón no se hablan, se detestan con saña sin que intenten siquiera disimularlo, pero hay que seguir fingiendo, hay que seguir engañando, farsantes, a la parroquia de ilusos que ha comprado la mercancía averiada de la independencia, hay que seguir alimentando la gran estafa intelectual y moral de este Movimiento de gañanes mantenido por esas elites del catalanismo que, siempre en la retaguardia, sin dar nunca la cara, han apostado un dinero de bolsillo en la ruleta de la independencia, colocando como mascarón de proa el rostro pétreo de estos indocumentados que han sido capaces de llevar a Cataluña hasta el borde mismo del abismo.
Una estafa a casi 2 millones de catalanes

Puchimón nos ha sorprendido desde Bruselas con la nueva de que es "posible" una solución para Cataluña que no sea la independencia, una confesión que habría que tomar a chirigota si no fuera por los costes que para la convivencia, no solo para la Economía, ha tenido esta aventura. 

Coincidía así con la sectaria ex consejera de Educación, Clara Ponsatí, que este fin de semana aseguraba que esta tropa no estaba "suficientemente preparada" para desarrollar la república, reconocimiento también asumido ayer mismo por otro de los fugados a Bruselas, el ex consejero de Salud Toni Comín, para quien el Govern no estaba listo para asumir la independencia hasta las últimas consecuencias: "ahora toca fijarse en los límites y ser conscientes de que la independencia, que sólo se puede hacer de manera pacífica, requiere un trayecto más largo". 

Ahí le duele. Ahí apunta sin pretenderlo Comín al corazón de un problema que el Gobierno Rajoy debería haber dejado resuelto, con la ley en la mano y 155 mediante, para los próximos 50 años. ¿Te parece ese un trayecto suficientemente largo, Comín?

Ahora resulta que la independencia era una broma ejecutada por un circo de payasos de la talla de Puigdemont, Junqueras, Rovira et altri. Una broma con la que han engañado a casi 2 millones de catalanes. No estaban preparados para el gran salto, y su proclamación fue un acto meramente "simbólico", argumento con el que la sacerdotisa del prusés, presidenta del Parlament, señora Forcadell, dio esquinazo a la cárcel con ese ejercicio de apostasía que incluyó "renunciar a la actividad política futura o, los que desean seguir ejerciéndola, renunciando a cualquier actuación fuera del marco constitucional", lo que en otras palabras equivale a decir que la feroz Forcadell se ha ciscado en esa Declaración Unilateral de Independencia (DUI) con la que estos supremacistas alicatados hasta el techo nos han martilleado durante años. El paisaje para después de la batalla que ofrece el Govern es tal que así: unos han apostatado, otros están en la cárcel, y otros más han huido a Bruselas. Son los tontos útiles, los indigentes intelectuales que han puesto la cara. Los responsables ideológicos, los Pujol, los Mas, los Rodés, los Carulla y por ahí, siguen escondidos y en espera del pacto.

Que a nadie se le ocurra, sin embargo, cantar victoria. Con un Gobierno como el que preside Rajoy es una locura imaginar siquiera esa victoria que, dada la calaña intelectual y moral de los contrincantes, tendría que haber sido por goleada. Todo está en el aire. Todo pendiente de lo que deparen los dados del 21 de diciembre. 

Con los "malos" disponiendo a placer de casi todos los medios para seguir ejecutando su pérfido programa de intoxicación colectiva. En Barcelona y en Madrid. La señora Rovira sigue sin tener ni idea de cómo se financiaría la República Catalana, ni falta que le hace. Ella tiene suficiente con poder seguir mintiendo impunemente en esos medios de comunicación que pagamos todos.

Puigdemont, Junqueras, Rovira, Forcadell, Gabriel (¡no te vayas, Anna, por Dios, no nos dejes, qué haríamos sin ti!), Rufián… Un ramillete de enajenados cocidos a fuego de una mentira recitada una y mil veces, que han situado a Cataluña y al resto de España al borde del abismo, mientras Mariano toca la lira de la moderación desde los altos de la Moncloa.

14 noviembre 2017

Eucaristía y vida

Santiago Martín
Católicos ON LINE


Pasan muchas cosas en la Iglesia cada semana y a veces son tan graves que no queda más remedio que fijarse en ellas para aportar un poco de luz en medio de la confusión. 

Sin embargo, con eso se corre el riesgo de ver sólo lo negativo, lo cual no deja de ser tan parcial y tergiversador como si sólo se viera lo bueno y se pretendiera vivir en un mundo feliz mientras casi todo se derrumba a nuestro alrededor.

Aunque esta semana nos ha sobresaltado -y asustado- la afirmación del cardenal Cupich de Chicago de que, en aras del diálogo, hay que estar dispuesto a renunciar a “nuestras más queridas convicciones”, mientras él no sea más explícito y diga a qué convicciones se refiere -quizá la presencia real del Señor en la Eucaristía o la virginidad de María- podemos dejar pasar esa afirmación como una de tantas que se echan a correr más como globo-sonda que como proyecto concreto. 

No me parece a mí que en Chicago aquel famoso Eliot Ness dialogara mucho con Al Capone, pero a lo mejor estoy equivocado y nos han vendido una “fake news” y resulta que ambos eran amigos de colegio y jugaban juntos a las cartas todas las noches.

En cambio, esta semana lo bueno es mucho. Bueno y más que bueno es la decisión del Papa de dedicar sus catequesis de los miércoles a la Eucaristía. La de esta semana ha empezado por afirmar lo mismo que dijeron los martes de Abilene en la última persecución que sufrieron los cristianos a manos de los emperadores romanos: “Sin la Eucaristía no podemos vivir”

Sin la Eucaristía, efectivamente, no podemos ni llevar la cruz de cada día ni encontrar el consuelo, la paz, la esperanza que necesitamos. La Eucaristía es Cristo y sólo su existencia evita que estemos a todas horas diciendo aquello que repetían San Pablo y Santa Teresa: “Para mí la vida es Cristo y una ganancia morir”.

Una buena noticia es la aprobación de las virtudes heroicas de dos futuros beatos: Juan Pablo I -el Papa breve, que dio paso a San Juan Pablo II y que iluminó el mundo con su sonrisa- y un sacerdote jesuita, Tomás Morales. No conocí al P. Morales, pero sí a algunos de sus hijos e hijas espirituales y, como se suele cumplir aquello de “por sus frutos les conoceréis”, debió ser un gran santo. Lidia Jiménez, la responsable de la rama femenina de su institución, es una de las mujeres más valientes, inteligentes y santas que he conocido. Felicidades a ella y a todos los que beben en la sana espiritualidad ignaciana del P. Morales.

Por último, otra buena noticia que, de paso, debe hacernos reflexionar. En Francia, el presidente de los evangélicos ha hablado en la asamblea del Episcopado y ha pedido a los obispos que católicos y protestantes hagan un frente común para defender la vida y la familia. 

En varios países de América han sido los protestantes los más valientes y claros defensores de los tres “principios innegociables” de Benedicto XVI, ahora muchísimo menos defendidos por los católicos, quizá por aquello del diálogo de que hablaba el cardenal Cupich. Los protestantes están asumiendo la bandera de la defensa de la vida que estamos dejando los católicos y eso sí debería hacernos reflexionar.

En todo caso, no olvidemos lo que nos ha dicho el Papa esta semana: “Sin la Eucaristía no podemos vivir”.

Cuando chasque los dedos…

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


Eres independentista y solo me votas a mí 

El 155 está permitiendo a los independentistas camuflar ante sus votantes el monumental fracaso político que acaban de protagonizar, lo cual supone al mismo tiempo ventajas e inconvenientes.

La aplicación del eficaz artículo trajo el punto final del proceso y la convocatoria inmediata de elecciones. Los partidos implicados en la deriva golpista apenas tuvieron tiempo de digerir el ridículo cosechado por no perder el tren electoral. Ni uno lo ha hecho. De modo que en la oportunidad perdida de pasarles factura, se ha ganado un nuevo intento de estabilidad.

A muchos no les gustó dejar viva Tv3 en la creencia de que así volverán a las andadas. Sin embargo, el porrazo ha sido de tales proporciones, que todo podría quedar desprocesado para una larga temporada al margen de los resultados del 21D.

Claro está. Si de las elecciones sale un gobierno no independentista, miel sobre hojuelas; pero incluso al revés, Cataluña necesita normalizarse tanto para frenar el descalabro económico, que puede ser suficiente.

Por eso se buscan, con rapidez inusitada y en medio de un gran nerviosismo, todo tipo de combinaciones, y por eso la gran pregunta de estos días previos a la campaña es saber si el sueño cataléptico administrado a manos llenas durante el proceso será dosis suficiente para que los votantes olviden, perdonen o justifiquen a los partidos causantes de los mayores daños en todos los órdenes que ha sufrido Cataluña, y los aúpen de nuevo y sin solución de continuidad a las responsabilidades de Gobierno.

En una situación normal _ sin hipnosis _, esos partidos podrían despedirse del poder durante unos cuantos años.

Pero Cataluña no vive una situación normal desde hace tiempo, sino en una prolongada sesión de ilusionismo, y es posible que el mago no haya chascado los dedos para marcar el fin.


13 noviembre 2017

Las cosas de Dios y las otras cosas

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA


Todo pontífice o sacerdote, entresacado de los hombres, es constituido a favor de los hombres en las cosas que se refieren a Dios”. 

Esta frase de San Pablo (Carta a los Hebreos, 5) es un referente teológico y pastoral que mis reflexiones de hoy atisban en cuanto desarrollo particular de lo que, en el evangelio de ste domingo de octubre, aparece como centro del pensamiento central del día: el principio programático, directivo, constituyente, del ser y del estar de la Iglesia de Cristo en su andadura terrenal: el imperativo categórico de “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

El diseño evangélico del “reino de Dios” lo va perfilando Jesús punto por punto y paso a paso; al aire de los diferentes escenarios de su trayectoria vital de Hombre-Dios, de la calidad humana de los interlocutores y de las variadas circunstancias del existir concreto. 

En parábolas unas veces; en diatriba o debate con sus antagonistas (el diablo entre ellos),otras; y las más, enunciando sencillamente, de palabra o de obra, los caracteres diferenciales de su “reino” espiritual y sobrenatural. El sermón de la Montaña, los milagros, los simbolismos, las conversaciones vis a vis con la samaritana, con la adúltera, con Nicodemo, con Pilato, con el Buen Ladrón, etc., son piedras del camino por el que llegar al conocimiento del estatuto fundacional de la Iglesia.

En la estructura de la Iglesia de Cristo, el principio de “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” se eleva a valor supremo por la fuerza misma del texto y del contexto de su formulación; de tal manera que, si fallase este principio, difícilmente se podrán cumplir otros preceptos y consejos del Evangelio. Es un principio constitucional en la Iglesia, como se dirìa en el argot del constitucionalismo moderno. La importancia del precepto la muestra el entero porte de la escenificación.

La escena es de dialéctica pura y dura. El fariseísmo judío intuía el peligro que el “nuevo orden” religioso anunciado por Jesús representaba para sus carreras de mandamases religioso-políticos en aquella sociedad. Era la carta de defunción de la vieja ley, por su provisionalidad, sus limitaciones y, sobre todo, su nacionalismo excluyente. 

Tan segura intuición les ponía tan nerviosos y preocupados que se echaron al camino de las conjuras, de la maquinación y hasta del odio. No lo podían remediar y en sus furias indisimuladas el fin justificaba los medios. Pero, como no eran tontos, trataban de hacerlo con disimulo y astucia.

Sus emisarios -los canallas inteligentes no suelen dar la cara y suelen esconder la mano y las intenciones- entran en la escena con ese talante zalamero, de dar coba, para dar buena impresión. Comienzan adulando a Jesús con algo que ya era vox populi y que arrastraba multitudes. “Sabemos, maestro, que eres sincero y que, con verdad, enseñas el camino de Dios sin darte cuidado de nadie porque no tienes acepción de personas”. Danos tu opinión. “Es lícito pagar el impuesto al Cesar, sí o no”.

Jesús, que sin necesidad de ser Dios estaba al tanto de sus verdaderas intenciones, además de llamarles farsantes –la hipocresía es una forma de farsa-, antes de pronunciarse, les pidió información para poder hacerlo con rectitud. Ante el denario que le mostraron, preguntó de quién eran la efigie y la inscripción; y, cuando ellos le confesaron que eran del Cesar, dio su veredicto: "Hay que dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. 

La respuesta fue tajante, sin matices ni reservas, de proyección general y ultra-nacionalista, válida por tanto para todo tiempo y espacio, secular o religioso. Anota el Evangelio, que, al oírlo, “se quedaron maravillados” y se fueron porque la respuesta poco más daba para decir. Realmente era cosa de maravillarse; no se lo podían esperar; el principio marcaba una tercera vía que por igual se distanciaba de la teocracia de los judíos y del secularismo de los romanos; se abría con ello un Antes y un Después en las relaciones entre Religión y Política.

En efecto, Dios es Dios y el emperador de Roma, el mandamás del mayor imperio conocido entonces. El emperador era omnipotente y estaba divinizado. Nadie –ni Dios- pasaba antes que él. “Señor de horca y cuchillo” como serían más tarde los “señores feudales” del Medio Evo, todo estaba bajo sus pies. El ciudadano romano, libre y no esclavo, era súbdito ante el gran señor de vidas y haciendas. Toda a la orden del que mandaba, hasta algo tan íntimo, personal e intransferible como la conciencia y el alma. El Dios y el Rey eran la misma cosa y se fundían los dos papeles. Dios rubricaba lo que el Rey mandaba. Era totalitarismo puro. La justicia y la verdad eran lo que salía de la mente o la boca del emperador-Dios.

Era normal que la teocracia judía y el secularismo romano (en el fondo, otra forma de teocracia) se inquietasen ante el “nuevo orden” predicado por Jesús. Si las judíos no paran hasta crucificarle, los emperadores ensartan persecuciones, una tras otra, durante tres siglos contra los seguidores de Jesús. Era una cuña metida en la médular de los dos sistemas y ambos se revuelven.

Este principio básico del ideario cristiano, que -con altos y bajos, peor o mejor acierto en la “praxis” sobre todo- ha sido ensayado en los veinte siglos de Iglesia en la tierra, es constitutivo esencial del programa querido por el fundador de esa Iglesia.

Un domingo de octubre, coincidiendo con el evangelio del tributo al Cesar, se celebró el día anual del homenaje al misionero y a la tarea evangelizadora que los misioneros, en nombre de la Iglesia, desarrollan por todo el mundo. Los misioneros no son colonizadores, ni buscadores de tesoros, ni opresores de las conciencias. Son mensajeros del Evangelio de Jesús. Salen de su tierra para “estar” en otra –más necesitada y mísera seguramente que la suya- con una sola finalidad, hablar del “Dios con nosotros” a hombres, mujeres y niños en necesidad material y espiritual. 

 A nadie le obligan a recibir la fe; a todos sin embargo se acercan para ayudarles en todo lo que pueden, quieran o no quieran aceptar el Dios que ellos les predican. El misionero es un activista sublime del amor de Dios sin cotos ni reservas. No les llamemos “héroes” –yo al menos no creo en los héroes pre-fabricados-; digamos mejor hombres y mujeres que han querido hacerse a la medida del Dios en el que creen a pies juntillas; de fidelidad eviterna, es decir, sin fecha de caducidad, a su vocación sentida. El misionero no juega a la farsa con su religión porque no es ni un oportunista de su fe ni un infiel a su vocación sentida.

Ese es su Día grande; el Día de las Misiones y de los Misioneros. Su profesión, “las cosas de Dios” y a tope. Solamente ellas, que dan para mucho si se las quisiera enumerar. Sin tergiversaciones, sin vistas a los politiqueos, sin poner las urnas de una política en medio de una iglesia y con los sacerdotes orquestando la farsa, sin firmar manifiestos que –por vueltas que se les dé- no son otra cosa que trucar las cosas de Dios con las del Cesar. Ellos, en cambio, los misioneros, son –dentro del catolicismo- los que más y mejor prestigian la “Marca Iglesia”.

Este es –creo yo- el mensaje del día de las Misiones –en la teoría y en la práctica; en la teoría del evangelio imperando, en bases de justicia, dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo suyo también, y en la práctica de los miles y miles de hombres y mujeres que, voluntariamente y por sentirlo así, prsstan su vida a otros para mejorar la que tienen, a miles de kilómetros de su patria y de los suyos. Además de amor, generosidad y solidaridad, hacen justicia dando como ellos hacen a Dios “lo suyo”, que son “las cosas de Dios” sin mezcla de “políticas”

Como el guión lo requiere me vuelvo otra vez a la noción de la farsa tal como Ortega y Gasset la refiere al homenajear a su amigo don Pìo Baroja al que lo que más en el trato con los hombres le sublevaba eran la mentira y los farsantes. “Un hombre que defiende exuberantemente unas opiniones que en el fondo le traen sin cuidado es un farsante; un h
 ombre que tiene realmente esas opiniones, pero no las defiende y patentiza es otro farsante”. Y una ulterior especie de farsa sería la del que –al filo del principio de Dios y el Cesar- lo disfrazan y tratan de camuflar a Dios bajo el manto del Cesar. Engaño y farsa.

A Dios lo que es de Dios; al Cesar lo que es del Cesar. Yo, al rememorarlo hoy, sólo aspiro a que mis reflexiones lleven luz –aunque fuere la de una cerilla- a este difícil arte de diferenciar “las cosas de Dios” de las “cosas del Cesar”. No es fácil, aunque haya veces que, a simple vista y a distancia, se ve que huelen a injusticia, o tal vez a profanación, ciertas mezclas de lo de Dios con lo del Cesar. Espabilemos, pues, para alcanzar cordura y discernimiento. Como “dar lo suyo”, a Dios o al Cesar, es cosa de justicia y de razón, la “manga ancha”, en un sentido o en el otro, no deja de ser patente de injuria, a Dios o al Cesar. Y lo mismo es uno anrti-sistema por una cosa o por la otra. ¡O no!!!

Que todo pontífice o sacerdote, entresacado de los hombres, es constituido a favor de los hombres en las cosas que se refieren a Dios”. Si a veces, como digo, es arduo separar las lindes, otras son tan claras que saltarlas sólo puede deberse a cualquier cosa menos a confusión excusable. Los misioneros son por eso grandes en la Iglesia: porque su fidelidad se debe por entero a las “cosas de Dios”, las del cuerpo y las del alma, que por todas ellas puede andar Dios sin, por eso, entrometerse en “las cosas del Cesar”.

Cosas de gente joven

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur


Un joven y bien situado periodista decía hace unos días y ante bastantes compañeros, que prefería corruptos a comunistas. 

Sin duda, aun sospechando que son para él descalificables los dos supuestos, le parece más peligroso tener cerca a quien hubiera abrazado la ideología por excelencia –es un decir– inspirada en la filosofía del prusiano Karl Marx, que seguramente jamás imaginó la extraordinaria influencia que ejercerían sus pareceres.

Las purgas comunistas elevaron a Stalin por encima de sujetos de la categoría de Adolf Hitler y de otros criminales de alto standing, cuya humanidad, y a veces ternura, ensalzan no pocos colaboradores que les fueron cercanos en su día a día. De hecho, el propio Marx, durante su exilio londinense tuvo relaciones sexuales habituales, e incluso un hijo, con su sirvienta, Lenchen, lo que da a su personalidad ese toque de normalidad del que algunos, para no erosionar al mito, quieren privar a las grandes figuras de la historia.

Sería muy difícil distinguir, en lo esencial, comportamientos asociados a grandes fascistas y a grandes comunistas. O llegar a conclusiones nítidamente diferenciadoras de sus inspiraciones políticas. Porque lo importante es que en ambos casos se trata de un contexto único y excluyente, de naturaleza dogmática, donde el concepto de libertad tiene unas características singulares que nada tienen que ver con lo que por tal se entiende en los regímenes democráticos. 

La verdad es que fascistas y comunistas, si admiten la convivencia democrática, de la que los primeros aparecen sistemática y abiertamente excluidos, es a modo de transición al momento histórico que permita la obligada sumisión al pensamiento único y la eliminación de la individualidad.

Confieso que aún estoy expectante. La afirmación de ese joven periodista, que cuando la oí me dejó estupefacto, me ha dado que pensar. La ratio de jueces por cada cien mil habitantes, es en España la mitad que la de la media europea, y ya hay algún fiscal por ahí afirmando que la escasez de medios humanos en la justicia española es deliberada. 

A pesar de tener algo más de 17.600 cargos públicos aforados que, por lo tanto, no están al alcance de los tribunales ordinarios, un millar largo de políticos de todos los pelajes tiene causas abiertas por corrupción. No creo que hoy haya en España tantos comunistas fetén como lo eran los de la vieja escuela. Habría más donde escoger entre los corruptos.

Cisneros, reformador antes que Lutero

Fernando García de Cortázar
EL CORREO



En 1517 moría, en la localidad burgalesa de Roa, Francisco Jiménez de Cisneros, franciscano, confesor de Isabel la Católica, arzobispo de Toledo, cardenal e inquisidor general, gobernador del reino de Castilla en dos ocasiones, reformador antes que Lutero. 

Uno de los personajes más insignes de la historia de España, que no solo mereció el respeto de sus contemporáneos sino una auténtica veneración que empujó a muchos de ellos a pedir su canonización al poco de morir.

Hace quinientos años rendía su último viaje un estadista excepcional que hasta los historiadores franceses, al ponerlo en paralelo con el cardenal Richelieu no dudan en admitir la superioridad del eclesiástico español. “Es el mayor hombre de Estado que ha tenido España. Si Cisneros hubiera vivido diez años más el panorama de España hubiera cambiado radicalmente” afirma el hispanista Joseph Pérez. Antes, el gran maestro de la historiografía Pierre Vilar había visto en él un hombre moderno “quizás el más perspicaz y progresista” de la Europa de su tiempo”.

Cisneros llegó al poder cuando tenía más de cincuenta años y detrás de él apenas si quedan noticias biográficas. No podría olvidarse nunca el humilde fraile del año 1492 en que Isabel la Católica le llamó para hacerle su director espiritual, ocupación que compaginó con la dirección de la Orden en Castilla, en la que introdujo un vigoroso espíritu de renovación. La hora de la verdad, su oportunidad definitiva, le llega al hijo de san Francisco cuando en 1495, a la muerte del cardenal Mendoza, por una decisión personalísima e insólita de la reina Isabel se ve convertido en arzobispo de Toledo, ante la sorpresa y el revuelo de los grandes nobles y magnates eclesiásticos, ofendidos por el acceso a tan encumbrado puesto de un plebeyo.

Tenía muy claro el arzobispo franciscano que la elevación del nivel cultural de los pastores repercutiría inmediatamente en la mejora de la educación religiosa de sus fieles. Esta actitud innovadora de Cisneros siempre contó con el aliento de la soberana ya que la reforma del clero y los obispos era uno de los fundamentos de la política de los Reyes Católicos, comprometidos en la tarea de crear el Estado moderno afirmándose en la unidad religiosa y cambiando su fisonomía medieval. 


En toda Europa personalidades inquietas vivían buscando, a veces en el ámbito de la mística, una espiritualidad renovada dentro de la ortodoxia, una religiosidad moderna acorde con el ambiente del humanismo renacentista y a tono con el espíritu de los tiempos. El cardenal Cisneros fue uno de ellos, el representante eximio de la prerreforma española, de un anhelo de renovación permanente, inseparable de la conciencia cristiana. De ahí que entre sus amigos se encontraran fervorosos alumbrados, mujeres con fama de santas y discípulos de Erasmo, los más importantes, que colaboraron con el franciscano en sus empresas culturales y de mecenazgo.

El empuje reformista de Cisneros tiene su manifestación cultural más excelsa en la creación de la Universidad de Alcalá de Henares, convertida pronto en una de las turbinas del pensamiento europeo. Tanto la universidad como la obra más querida por Cisneros, la Biblia Políglota Complutense, en la que colaboró el gramático Antonio de Nebrija, fueron sobre todo instrumentos puestos al servicio de la necesaria formación del clero y de la mejor comprensión de las Sagradas Escrituras.

Otra fecha fuerte de la biografía de Cisneros y de la historia de España es 1504. Muere Isabel la Católica en Medina del Campo y el arzobispo de Toledo se encuentra en el ojo del huracán de una época especialmente convulsa por la compleja sucesión de la soberana en el trono castellano. De nada le valió a Fernando, en aquel momento, haberse mostrado durante treinta años el estadista más inteligente, fino y hábil de Europa. Nada contó tampoco su dedicación absoluta al engrandecimiento de la Corona de Castilla. 


Muchos sectores de la nobleza castellana apoyaron, entonces, a su yerno, Felipe el Hermoso, que pretendía reinar a su voluntad ante la supuesta incapacidad de Juana. Fernando el Católico prefirió no dar batalla alguna y recluirse en sus dominios aragoneses pero la muerte repentina de Felipe en 1506 y los desvaríos mentales de su hija que le merecieron el sobrenombre de la Loca le obligaron a volver de nuevo a la escena política de Castilla, reclamado por la regencia presidida por Cisneros. En recompensa, el rey aragonés le agenció el capelo cardenalicio y, poco después, le hizo inquisidor general. Jamás en la historia de España eclesiástico alguno alcanzó tanto poder.

Mientras el rey Fernando se vuelca en Europa mostrando su habilidad y fuerza en las guerras de Italia, el cardenal Cisneros concentra sus afanes en llevar adelante un proyecto, siempre acariciado, un sueño alimentado en las corrientes del mesianismo franciscano y en la inspiración de Isabel la Católica: la reconquista de la África antes cristiana, la que perteneciera al Imperio Romano, cuna y diócesis de san Agustín y pórtico de la anhelada Tierra Santa. El espíritu medieval de cruzada que había sostenido su mano dura con los moriscos de Granada impulsó toda su política norteafricana, financiada en parte desde la archidiócesis de Toledo, con resultados efectivos en la toma de Mazalquivir, Orán, Bugía y Trípoli.

A la hora de morir, en 1516, Fernando el Católico no dudó en encomendar al cardenal Cisneros la regencia de su reino hasta la llegada a España de su nieto Carlos de Habsburgo. Había que salvaguardar en su integridad el legado de los Reyes Católicos. Lamentablemente, el sabio arzobispo de Toledo, a quien se respetaba y temía, no pudo transmitir al inexperto Carlos I su idea de la política, tan distinta de la concepción patrimonial y dinástica en la que se había educado el Habsburgo pues la muerte le vino cuando iba a su encuentro, ocho días después de que Lutero hiciese públicas en Wittenberg las proposiciones que habrían de dar origen a su ruptura con la Iglesia.

El V Centenario de Cisneros debería servir para mostrar que la unidad de España no solo se asienta en el respeto a un texto legal de coyuntura sino en la conciencia de haber vivido una iniciativa común sin la que la civilización entera tendría otro sentido. Lástima que el gobierno español deje pasar la efeméride descuidando a quienes nos encaminaron hacia una patria hermosa pronunciada desde todas las ideologías, defendida desde todas las culturas, evocada desde todas las tradiciones y ello nos exige el recuerdo emocionado de nuestros próceres y la severa amonestación contra quienes parecen haberlos olvidado. 


Nuestro último refugio

Hermann Tertsch
ABC


Tantas décadas llevamos todos en Occidente bajo el bombardeo incesante del mensaje de que la verdad es tan inexistente como Dios que nos sentimos culpables en cuanto defendemos la mínima certeza. 

El desprestigio de la fe se ha extendido y generalizado tanto que ha convertido la convicción en enemiga de la reputación intelectual y política. Apenas quedan bastiones de defensa de convicciones, despreciados por la indolencia general, por la liviandad, por la ignorancia distraída.

Desaparecen los límites y todo imperativo moral. No quedan diques religiosos, filosóficos ni morales que contengan, encaucen y den forma al pensamiento y la conducta de grupos e individuos. Todo ha quedado anegado por un discurso sentimental ya no amorfo sino líquido, que ha asimilado toda inteligencia y verdad en el debate público como una gran riada de lodo que convierte el jardín en barrizal primero y desierto después.

¿Todo? No todo, porque no viviríamos con una seguridad, un bienestar y una libertad que, aunque siempre amenazados, convierten a Occidente en un mundo de privilegio al que desde todo el planeta se quiere acceder. Somos un paraíso enfermo. Pero un paraíso. 

Lo que nos salva aún en este colapso del pensamiento y de la razón es solo la ley, el derecho como último orden aún realmente vigente. Es la ley que heredamos de unos romanos que por cierto se quejaban de lo mucho que tardaron en imponerla en este rincón del imperio que llamaron Hispania. Lo lograron. A sangre y fuego. 

En todo el mundo antiguo hubo orden en la sociedad y en las mentes. Y el ser humano fue así capaz de gestas excelsas. Desde entonces han cambiado muchas cosas pero nunca el principio de que las leyes son el dique contra la arbitrariedad, el abuso, la tiranía y el caos. Ahora el lodo que anega el discurso político e intelectual amenaza con engullir al imperio de la ley, terriblemente imperfecto, pero nuestro último refugio.

Esta sociedad líquida sin anclajes ni certezas ni referencias incuestionables amenaza desparramarse con cualquier sobresalto o movimiento brusco. El siglo XX ha avisado con sus conductas atroces. Tenemos el calendario cuajado de fechas que los evocan. 

Es tan casual como parte de una lógica siniestra que las matanzas de Paracuellos comenzaran en 1936 el día que se conmemoraba el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917, el 6 de noviembre. Como resulta un guiño histórico que el 9 de noviembre, ayer, se conmemore uno de los triunfos supremos de las ansias de libertad del hombre, la caída del muro de Berlín en 1989. Y también uno de los actos colectivos de mayor vesania de la humanidad, la Noche de los Cristales Rotos, la Reichskristallnacht, en 1938. El pueblo capaz de lo peor y lo mejor. 

El origen del cataclismo está allá en la inmensa hecatombe humana de la Primera Guerra Mundial, en la que muere el orden, desaparece Dios y se consuma el endiosamiento de la masa. Ahora, siete décadas después del Holocausto, cien años después del triunfo bolchevique y de cien millones de asesinados por el comunismo, no debe asustarnos ni el fanatismo de compatriotas que llevan a lactantes a hacer barricadas a la autopista. Ni las turbas violentas de estudiantes que en Barcelona maldicen su propia historia. Ni siquiera la vileza y mentira procaz que la debilidad intelectual y moral imprime a nuestros medios de comunicación de masas.

Debemos temer con horror que la falta de integridad de nuestros gobernantes y la debilidad de nuestra sociedad sin más convicción que la arrogancia de la masa acabe más pronto que tarde con nuestras leyes. Por conveniencia o por pura cobardía. Entonces estaremos perdidos.

11 noviembre 2017

Año XIV - Nº 1061

Nestlé o el doble juego de la independencia

Editorial
LA GACETA


En la multinacional suiza de alimentación, que tiene su sede nacional en Cataluña, están preocupados por el boicot a sus productos. Incluso sus empleados han pedido evitar las consignas que llaman a evitar sus productos. Sin embargo, la directora de Comunicación de la compañía hace proselitismo de la secesión en las RRSS.

Hay preocupación en la sede de Nestlé. El llamamiento al boicot, realizado a través de las redes sociales, aún no ha cobrado excesiva fuerza, pero los responsables de las firman temen que coja ritmo y prospere. La llegada de la Navidad, época clave para el gran consumo, podría poner en aprietos a la empresa con sede en Esplugues de Llobregat.

La firma suiza ha preparado un comité de crisis para combatir la caída de las ventas. Según Crónica Global, el director general de la compañía, Laurerent Dereux, se ha colocado al frente. Tan grave es la crisis. Se baraja incluso abandonar Cataluña, como ya han hecho más de 2.000 empresas.
Los empleados de Nestlé piden evitar el boicot a sus productos…

Además, en las últimas horas se ha hecho público un estudio de Reputation Instituteen el que se informa de que el 23% de los ciudadanos no residentes en Cataluña evitan los productos de la región y otro 21% se plantearía hacerlo en el futuro.
Y en el caso de que Cataluña accediera a la independencia, el 49,1 % de los consumidores españoles, sin contar a los catalanes, dejaría de comprar productos de dicha comunidad autónoma, lo que se traduciría en una pérdida de 20.000 millones de euros para las empresas catalanas, también según Reputation Institute.

Antes incluso de que se conocieran estos datos, los empleados de Nestlé pidieron dejar de lado el boicot porque detrás “hay miles de puestos de trabajo y familias”. Las redes sociales aprovecharon para recordar que la empresa se sumó al llamado “paro del país” el 3 de octubre tras la votación ilegal por la independencia.
… mientras la responsable de Comunicación se fotografía votando el 1-O

Ahora se suma una nueva polémica: mientras los empleados piden el cese del boicot, Silvia Cortés, una de las responsables de Comunicación de la compañía, hace campaña pública por el separatismo en sus redes sociales.

Cortés es la directora de Comunicación Interna de una empresa, Nestlé, que cuenta con 17 centros de producción y una plantilla de 6.600 empleados. Sus objetivos, según sus propias palabras, son “generar ilusión, transmitir cultura y valores y mejorar el conocimiento del negocio”.

En la cuenta de Instagram de la responsable de Comunicación, ahora boqueada, publicaba una fotografía votando en el referéndum ilegal del 1 de octubre. Además, su cuenta de Twitter está dedicada, casi en exclusiva, al proceso de secesión. Toda una incoherencia por parte de una empresa que apela a la fabricación “en toda España” de sus productos y que llama a evitar “boicots” por motivos políticos.

Tensión, mucha tensión. El ambiente en las sedes de Nestlé y Danone no es de antes y las empresas se preparan ya para paliar los efectos que un boicot a los productos fabricados en Cataluña podría tener en sus resultados.

El llamamiento al boicot, realizado a través de las redes sociales, aún no ha cobrado excesiva fuerza, pero los responsables de las firman temen que coja ritmo y prospere. La llegada de la Navidad, época clave para el gran consumo, podría poner en aprietos a las empresados con sede en Esplugues de Llobregat y Barcelona.

Tanto Nestlé como Danone han preparado comités de crisis para controlar el efecto de una caída de las ventas. Según Crónica Global, en el caso de la filial española de la chocolatera, el director general Laurerent Dereux, ha sido colocado al frente.

El cambio de domicilio social está en la mesa, pero el comité de crisis de Nestlé estudia ahora el último estudio publicado por el Reputation Institute. En él se desprende que el 23% de los ciudadanos no residentes en Cataluña evitan los productos de esa región y otro 21% se plantería hacerlo en el futuro.

En el caso de que Cataluña accediera a la independencia, el 49,1 % de los consumidores españoles, sin contar a los catalanes, dejaría de comprar productos de esa comunidad autónoma, lo que se traduciría en una pérdida de 20.000 millones de euros para las empresas catalanas, ha explicado el director general de Reputation Institute para España y Latinoamérica, Enrique Johnson.

Del 50,9 % restante, el 15,4 % no tiene claro que decisión tomaría y el 35,5 % se muestra reacio a dejar de comprar productos catalanes incluso en caso de independencia.

En cualquier caso, tan solo el 24 % de los españoles es capaz de identificar correctamente las compañías vinculadas con Cataluña.

Esta misma semana, los empleados de Nestlé pidieron dejar de lado el boicot porque detrás “hay miles de puestos de trabajo y familias”. Las redes sociales aprovecharon para recordar que la empresa se sumó al llamado “paro del país” el 3 de octubre tras la votación ilegal por la independencia.

Entretanto, la filial de la multinacional francesa Danone en España se enfrenta a una situación similar. Desde la empresa insisten en recordar que cuenta con plantas en otras nueve comunidades autónomas por lo que “es difícil hacer recuento de flujos de ventas entre regiones dada la producción en varios territorios”.

El traslado de sedes

El informe del Reputation Institute mostró que el 77,5% de los ciudadanos de fuera de Cataluña están completamente de acuerdo con la salida de empresas de la región, frente al 10,9 % que discrepa y al 11,6 % que se mantiene neutral.

Las empresas que han movido su sede fuera de Cataluña logran mantener su reputación en el resto de España y aumentan su atractivo como inversión, con 3,2 puntos de reputación más.

Por el contrario, las firmas que han mantenido su sede en Cataluña, ven disminuida la confianza del resto de España en 3,4 puntos y la intención de compra en 3,2 puntos, al caer su reputación.

El cardenal Müller sobre "Amoris laetitia"

Nestor Martínez
Filósofo
Católicos ON LINE


El Card. Müller ha escrito la introducción a un libro de Rocco Buttiglione en el que se trata de la Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”. 

De esa introducción conocemos las partes que se han publicado en Internet, sobre lo cual queremos hacer las reflexiones que siguen.

En el texto que analizamos hay en juego tres cosas: 1) Lo que dice “Amoris Laetitia” (en adelante, AL) 2) La interpretación que Buttiglione hace de AL 3) La interpretación que el Card. Müller hace de AL y de lo que dice Buttiglione de AL.

No nos vamos a ocupar aquí de lo que dice Buttiglione, sino solamente de lo que dice el Card. Müller en lo que se ha publicado en Internet de su introducción al libro de Buttiglione.

La tesis del Card. Müller, en sustancia, es que AL no enseña nada contra la fe y que la interpretación que Buttiglione hace de AL es la correcta.

Nuestra tesis es que estas reflexiones del Card. Müller no terminan de aclarar el problema en torno a AL, sino que por el contrario, ellas mismas requieren de cierta aclaración en algunos de sus puntos.

Hemos sostenido siempre que AL es profundamente ambigua y que mientras que muchas de sus frases sugieren fuertemente una interpretación heterodoxa, en lo relativo a la comunión de los mal llamados “divorciados vueltos a casar” (en adelante, DVC) que no se proponen dejar de tener relaciones sexuales adúlteras, ésta no está explícitamente afirmada en ninguna parte del documento.

Algo de eso, aunque no sea todo, parece conceder el Card. Müller cuando dice que

“En el párrafo 305, y en particular en la nota 351 que es objeto de una apasionada discusión, la argumentación teológica sufre de cierta falta de claridad, que habría podido y habría debido ser evitada con una referencia a las definiciones dogmáticas del Concilio de Trento y del Vaticano II sobre la justificación, sobre el sacramento de la penitencia y sobre la manera apropiada para recibir la eucaristía.”

Agrega:

“Un análisis atento demuestra que el Papa en «Amoris laetitia» no ha propuesto ninguna doctrina que deba ser creída de manera vinculante y que esté en contradicción abierta o implícita con la clara doctrina de la Sagrada Escritura y con los dogmas definidos por la Iglesia sobre los sacramentos del matrimonio, de la penitencia y de la eucaristía.”

Y también:

“Es evidente que «Amoris Laetitia» (art. 300-305) no enseña y no propone creer de manera vinculante que el cristiano en una condición de pecado mortal actual y habitual pueda recibir la absolución y la comunión sin arrepentirse por sus pecados y sin formular el propósito de ya no pecar, en contraste con lo que dicen «Familiaris consortio» (art. 84), «Reconciliatio et poenitentia» (art. 34) y «Sacramentum caritatis» ( art. 29) (cfr, el «dubium» n.1 de los cardenales).”
Con lo cual estamos de acuerdo, si se habla de la enseñanza explícita,aunque señalando la gran ambigüedad de AL al respecto, de la que ya hablamos, que hace que parezca fuertemente que en ella se sugieren conceptos contrarios a la doctrina católica.
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Veamos ahora cómo el Card. Müller argumenta la compatibilidad de AL con la doctrina católica de siempre.

Su línea argumentativa principal parece ser que en los casos en que según AL se podría dar la absolución y la comunión a las personas que no hacen propósito de dejar de tener relaciones sexuales que no están amparadas por la figura del matrimonio canónico, se trata de personasque en realidad están válidamente casadas entre sí.

Dice en efecto el Cardenal Müller:

“Según su concepto, cada matrimonio sacramental es indisoluble. Pero en la realidad un nuevo matrimonio es posible (incluso mientras el cónyuge legítimo sigue con vida), cuando, en lo concreto, debido a la falta de uno de sus elementos constitutivos el primer matrimonio en realidad no subsistía como matrimonio fundado por Dios debido a la falta de uno de sus elementos constitutivos.”

Esto sería posible, según lo que dice el Card. Müller, en el caso, por ejemplo, de un bautizado que se casó por Iglesia sin haberse realmente convertido a la fe cristiana y católica, y que luego pasa por esa conversión. Esa persona está convencida en conciencia de que ese matrimonio no fue válido, pero no lo puede probar ante el tribunal eclesiástico. Y además está convencida en conciencia de que su nueva unión no canónica es un matrimonio válido ante Dios.

En ese caso, dice el Cardenal: “Si el segundo vínculo fuera válido frente a Dios, las relaciones matrimoniales de los dos compañeros no constituirían ningún pecado grave, sino más bien una transgresión contra el orden público eclesiástico por haber violado de manera irresponsable las reglas canónicas y, por lo tanto, un pecado leve.”

Y agrega: “Es posible que la tensión que aquí se verifica entre el estatus público-objetivo del «segundo» matrimonio y la culpa subjetiva pueda abrir, en las condiciones descritas, la vía al sacramento de la penitencia y a la Santa Comunión, pasando a través de un discernimiento pastoral en el fuero interior. “

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Recordemos que el canon 1108 del Código de Derecho Canónico dice:

“Solamente son válidos aquellos matrimonios que se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco, o un sacerdote o diácono delegado por uno de ellos para que asistan, y ante dos testigos, de acuerdo con las reglas establecidas en los cánones que siguen.”

Es cierto, por una parte, que en casos excepcionales los esposos pueden celebrar el matrimonio sin la presencia del sacerdote, y sólo ante dos testigos (c. 1116). Y en la hipótesis que plantea el Cardenal, o sea, que el matrimonio previo de uno de ellos o de ambos no fue válido, serían entonces hasta ese momento solteros y el matrimonio válidoentre ellos sería entonces posible.

Pero entonces surgen enseguida estas preguntas ¿son esos casos solamente los que son reconocidos por AL, o por la interpretación favorable más extendida a AL, como casos en los que es posible confesarse y comulgar sin hacer propósito de enmienda de relaciones sexuales que no están amparadas por el matrimonio canónico?

Recordemos que según el Código de Derecho Canónico son muy pocos y específicos los casos en que se puede prescindir de la presencia del sacerdote o delegado eclesial en la celebración del matrimonio (en peligro de muerte o si se prevé que la situación de dificultad para conseguir un sacerdote va a durar más de un mes, cfr. canon 1116).

¿Qué porcentaje de los que de hecho se están acogiendo ya a pastorales inspiradas en AL coincide con el caso descrito aquí por el Card. Müller? ¿Se puede pensar realísticamente que no son un porcentaje pequeño?

En el caso probable, por tanto, de que la mayoría de los casos atendidos por esa nueva pastoral no coincida con lo que el Card. Müller nos presenta aquí ¿no implica la adopción de esa praxis un cambio respecto de la doctrina católica anterior?

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Además ¿hasta qué punto se puede dar valor a la convicción subjetiva del interesado sobre la validez de su matrimonio, cuando ésta no puede ser probada en el foro externo? En el supuesto de que tal prueba no es posible ¿qué clase de “discernimiento” puede hacer el sacerdote, como dice ahí mismo el Cardenal, a fin de establecer si esa convicción es válida?

Tengamos presente que la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre este tema de 1994 dice:

“La errada convicción de poder acceder a la Comunión eucarística por parte de un divorciado vuelto a casar, presupone normalmente que se atribuya a la conciencia personal el poder de decidir en último término, basándose en la propia convicción, sobre la existencia o no del anterior matrimonio y sobre el valor de la nueva unión. Sin embargo, dicha atribución es inadmisible. El matrimonio, en efecto, en cuanto imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia así como núcleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad pública.

8. Es verdad que el juicio sobre las propias disposiciones con miras al acceso a la Eucaristía debe ser formulado por la conciencia moral adecuadamente formada. Pero es también cierto que el consentimiento, sobre el cual se funda el matrimonio, no es una simple decisión privada, ya que crea para cada uno de los cónyuges y para la pareja una situación específicamente eclesial y social. Por lo tanto el juicio de la conciencia sobre la propia situación matrimonial no se refiere únicamente a una relación inmediata entre el hombre y Dios, como si se pudiera dejar de lado la mediación eclesial, que incluye también las leyes canónicas que obligan en conciencia. No reconocer este aspecto esencial significaría negar de hecho que el matrimonio exista como realidad de la Iglesia, es decir, como sacramento.”


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Pero ahí mismo el Card. Müller agrega que:

“En la situación global, en la que prácticamente ya no hay ambientes homogéneamente cristianos que ofrezcan al cristiano el apoyo de una mentalidad colectiva y en la «identificación solo parcial» con la fe católica y con su vida sacramental, moral y espiritual que deriva de ella, se plantea acaso también para los cristianos bautizados pero no suficientemente evangelizados el problema, «mutatis mutandis», de una disolución de un primer matrimonio contraído «en el Señor» (1 Cor. 7, 39) «in favorem fidei».”
Lo de una solución “in favorem fidem” apunta a establecer un paralelismo entre el bautizado no evangelizado que luego de casarse se convierte, y el no bautizado que luego de casarse se convierte y se bautiza. En el segundo caso, se ha aceptado siempre en la Iglesia, siguiendo a San Pablo, que ese matrimonio, aún válidamente contraído, puede disolverse si la parte no bautizada no acepta convivir “sin ofensa del Creador”.

Pero la aplicación a nuestro tema no es clara, porque al mismo tiempo el Card. Müller habla de la invalidez del primer matrimonio, lo cual nos pone en otra hipótesis distinta de la disolución de un matrimonio válido, y además, sería en sí mismo muy grave que para justificar a AL se crease una nueva causal de disolución de un matrimonio válidamente celebrado.

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En todo caso, aquí estamos hablando de un “pecado leve”, según dice el Cardenal, de infracción de la ley eclesiástica respecto de la forma canónica del matrimonio. Otras afirmaciones, sin embargo, que trae en esa “Introducción” parecen apuntar a otros pecados graves contra el orden moral objetivo.

Dice por ejemplo el Card. Müller:

“No se trata de un pecador empedernido, que quiere hacer valer frente a Dios derechos que no tiene. Dios está particularmente cerca del hombre que se sigue el camino de la conversión, que, por ejemplo, se asume la responsabilidad por los hijos de una mujer que no es su legítima esposa y no descuida tampoco el deber de cuidar de ella. Esto también vale en el caso en el que él, por su debilidad humana y no por la voluntad de oponerse a la gracia, que ayuda a observar los mandamientos, no sea todavía capaz de satisfacer todas las exigencias de la ley moral. Una acción en sí pecaminosa no se convierte por ello en legítima y ni siquiera agradable a Dios. Pero su imputabilidad como culpa puede ser disminuida cuando el pecador se dirige a la misericordia de Dios con corazón humilde y reza «Señor, ten piedad de mí, pecador». 


Aquí, el acompañamiento pastoral y la práctica de la virtud de la penitencia como introducción al sacramento de la penitencia tiene una importancia particular. Esta es, como dice el Papa Francisco, «una vía del amor» (AL 306)”

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Notemos que, como dijimos, aquí ya no se está hablando de un pecado de suyo leve, sino de motivos de inimputabilidad, y que por tanto la argumentación ha pasado a ser aquella que dice que aún el pecado objetivamente grave puede ser sin culpa por parte de la persona. En este caso, ciertamente que la argumentación del Cardenal podría extenderse a una mayor cantidad de los casos que de hecho se están beneficiando ya de esta nueva pastoral, pero a costa de no poder ya acudir al argumento de que en realidad son relaciones matrimonialesa los ojos de Dios, porque en ese caso el recurso a la inimputabilidad no tendría en el fondo sentido, dado que las relaciones matrimoniales no son pecaminosas.

Aquí nos viene bien recordar que Billuart, por ejemplo, dice que el vicio o hábito de pecar no disminuye la culpa, sino que más bien la aumenta, porque los hábitos hacen que la voluntad tienda más fácilmente a su objeto, y por tanto, en vez de eliminarse aquí la voluntariedad, se la facilita.

Salvo en el caso de que la persona luche constantemente contra su vicio, y caiga en ocasiones por su debilidad. En esos casos, entonces, en que la persona detesta su pecado y lucha contra él, es claro que la voluntariedad con que peca está muy disminuida, por decir lo menos, y entonces, su culpa también.

Pero incluso suponiendo que lo que el Card. describe en el texto anterior coincide con esto último que hemos dicho, queda una diferencia fundamental, y es que seguramente Billuart piensa que ese pecador habitual va a confesarse antes de comulgar y en la confesión hace propósito sincero de enmienda, a futuro, de su pecado, independientemente de que su inteligencia, no su voluntad, prevea que es probable que vuelva a caer en el futuro.

Mientras que los “DVC” sobre los que versa toda la discusión actual son precisamente aquellos que se proponen seguir teniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio canónico, y por tanto, no manifiestan ningún propósito de enmienda al respecto, sino lo contrario. Y ése es precisamente el caso del que habla el Card. Müller en este apartado, como se puede ver por el texto recién citado.

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El Card. Müller dice también “por su debilidad humana y no por voluntad de oponerse a la gracia”. Pero la voluntad de oponerse a la gracia no es un requisito necesario del pecado mortal, el cual sólo requiere materia grave, plena deliberación y advertencia, lo cual quiere decir simplemente que se sepa que lo que se hace es de suyo contrario a la ley divina en materia grave, y libremente se opte por hacerlo.

Si alguien, por ejemplo, dijese: “Dios mío, no quiero pecar ni ofenderte, ni mucho menos rechazar tu gracia, pero la tentación a la que estoy sometido es demasiado fuerte, así que, lamentándolo con toda mi alma, voy a cometer este pecado”, esa persona está rechazando la gracia divina, sencillamente porque está libremente eligiendo lo que es prohibido por la ley de Dios.

Como dice Santa Teresa de Jesús, “obras son amores, y no buenas razones”, y no hace falta llegar al pecado diabólico, que se realiza formalmente con la finalidad de rechazar la gracia divina, para alcanzar el pecado mortal.

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En cuanto a la debilidad, podría ser una referencia a la concupiscencia, que es uno los motivos clásicos de inimputabilidad, pero con las matizaciones que introduce, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, que distingue entre concupiscencia antecedente, que no depende de la voluntad, y consecuente, que sí depende de la misma.

La concupiscencia consecuente , enseña la moral católica, no excusa de pecado, precisamente porque depende de algún modo de la voluntad. Y parece claro que nadie va a una relación objetivamente adúltera (de eso hablamos ahora, como dije, desde que estamos haciendo referencia a motivos de inimputabilidad) por un mero impulso instintivo y espontáneo que no reciba ningún consentimiento libre de la voluntad.

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También dice el Card. Müller:

“Pero al pecador arrepentido le queda la posibilidad, en caso de imposibilidad física de recibir el sacramento de la penitencia, y con el propósito de confesar los propios pecados a la primera ocasión, de obtener el perdón en voto y también de recibir la eucaristía, en voto o en sacramento. Los sacramentos han sido establecidos para nosotros, porque nosotros somos seres corpóreos y sociales, no porque Dios lo necesite para comunicar la gracia.”

Es claro que esto, que es muy cierto, no se aplica al caso de los “DVC”, que no tienen ni imposibilidad física de confesarse ni propósito de enmienda de su situación específica de pecado, ni por tanto, arrepentimiento ni voluntad de confesarlos, al menos válidamente, en la primera ocasión.

Y continúa el Cardenal:

“Precisamente por ello es posible que alguien reciba la justificación y la misericordia de Dios, el perdón de los pecados y la vida nueva en la fe y en la caridad aunque por razones exteriores no pueda recibir los sacramentos o bien tenga una obligación moral de no recibirlos públicamente para evitar un escándalo. “

Aquí se abre la posibilidad de recibir los Sacramentos en privado u ocultamente para evitar el escándalo. Si partimos de la imposibilidad física de confesarse, se está refiriendo entonces solamente a la comunión ocultamente recibida, respecto de lo cual vale lo dicho recién: eso supone también, además, el propósito de enmienda, que falta, por hipótesis, en los “DVC”.

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Agrega el Card. Müller:

“Según las explicaciones de Santo Tomás de Aquino que hemos citado, la Santa Comunión puede ser recibida eficazmente solo por quienes se han arrepentido de sus pecados y se acercan a la mesa del Señor con el propósito de ya no cometer más. Puesto que cada bautizado tiene derecho a ser admitido en la mesa del Señor, puede ser privado de este derecho solamente debido a un pecado mortal hasta que no se arrepienta y sea perdonado. Sin embargo, el sacerdote no puede humillar públicamente al pecador negándole públicamente la Santa Comunión y dañando su reputación frente a la comunidad. En las circunstancias de la vida social de hoy podría ser difícil establecer quién es un pecador, público o en secreto. El sacerdote, como sea, debe recordarle a todos en general que no se «acerquen a la mesa del Señor antes de haber hecho penitencia por los propios pecados y haberse reconciliado con la Iglesia». Después de la penitencia y la reconciliación (absolución) la Santa Comunión no debe ser negada ni siquiera a los públicos pecadores, especialmente en caso de peligro de muerte (S.th. III q.80).”

Los tratados de Teología Moral que hemos leído establecen que hay que distinguir entre el pecador público y el que no lo es, y que a los efectos de la celebración eucarística, por ejemplo, lo que importa es si la situación objetiva de pecado es conocida o no por la asamblea.

En caso afirmativo, se debe negar la comunión al pecador público, para evitar el escándalo de los fieles. En esos casos, el sacerdote no daña la reputación del pecador público, porque ésta ya está dañada.

Obviamente, en esos casos se debe tratar de explicar las cosas a la persona antes de la celebración, en privado (y no solamente, por tanto, “en general”). Pero si eso no se consigue, entonces rige la obligación de evitar el escándalo de la asamblea, que lleva a negarle la comunión.

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Eso dice la Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, del año 2000:

“3. Naturalmente la prudencia pastoral aconseja vivamente que se evite el tener que llegar a casos de pública denegación de la sagrada Comunión. Los Pastores deben cuidar de explicar a los fieles interesados el verdadero sentido eclesial de la norma, de modo que puedan comprenderla o al menos respetarla. Pero cuando se presenten situaciones en las que esas precauciones no hayan tenido efecto o no hayan sido posibles, el ministro de la distribución de la Comunión debe negarse a darla a quien sea públicamente indigno. Lo hará con extrema caridad, y tratará de explicar en el momento oportuno las razones que le han obligado a ello. Pero debe hacerlo también con firmeza, sabedor del valor que semejantes signos de fortaleza tienen para el bien de la Iglesia y de las almas.”


La cual además agrega:
“1. La prohibición establecida en ese canon, por su propia naturaleza, deriva de la ley divina y trasciende el ámbito de las leyes eclesiásticas positivas: éstas no pueden introducir cambios legislativos que se opongan a la doctrina de la Iglesia. El texto de la Escritura en que se apoya siempre la tradición eclesial es éste de San Pablo: «Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz: pues el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación» (1 Cor 11, 27-29).”
Y hablando de la obligación de negar la comunión al pecador público no arrepentido:

”4. Teniendo en cuenta la naturaleza de la antedicha norma (cfr. n. 1), ninguna autoridad eclesiástica puede dispensar en caso alguno de esta obligación del ministro de la sagrada Comunión, ni dar directivas que la contradigan.”

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En el caso en que la condición pecadora del que se acerca a comulgar no es conocida por la asamblea, el sacerdote no puede negarle la comunión, como dice el Cardenal, pues no debe dañar su reputación. Pero hay que agregar que en esos casos la persona comete un sacrilegio, que pone en peligro su salvación eterna, salvo que obre bajo ignorancia invencible de lo gravemente pecaminoso que hay en su conducta tanto al pecar como al acercarse a comulgar en ese estado. Sobre la ignorancia invencible no se dice nada en lo que hemos podido leer de la “Introducción” que venimos comentando.

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Dice el Card. Müller que “en las circunstancias de la vida social de hoy podría ser difícil establecer quién es un pecador, público o en secreto.”

Pero el caso de los pecadores secretos u ocultos no está en discusión. El sacerdote debe amonestarlos privadamente a que no se acerquen a comulgar sin antes haberse arrepentido y confesado manifestando su propósito de enmienda, y si de todos modos se acercan a la comunión, no puede negársela, aun sabiendo que con mucha probabilidad cometen un terrible sacrilegio. Es claro que no es a esto a lo que se refieren tantas pastorales que se dicen basadas en AL, que por el contrario ensalzan el estado de gracia de los “DVC”.

En el caso de los pecadores públicos, y mirando concretamente a los “DVC”, son precisamente una clase de pecadores públicos cuyo estado irregular está registrado y documentado jurídicamente, tanto su matrimonio canónico o el de su pareja, como su posterior “matrimonio” civil. Así que en este caso la situación objetiva de pecado es particularmente fácil de conocer, máxime si se piensa en los grupos que reivindican esta condición suya dentro de la Iglesia, que explícitamente están diciendo que quieren recibir la eucaristía en una situación que es objetivamente contraria a la ley moral natural.

Y además, como vimos que lo que importa finalmente es el conocimiento que la asamblea concreta tenga o no de la situación de estas personas, es claro que el sacerdote debe estar al tanto del mismo, además de conocer la situación objetiva de estas personas, todo lo cual no parece que sea en muchos casos ni imposible ni particularmente difícil.

Y en cuanto a lo que agrega el Cardenal:

“Después de la penitencia y la reconciliación (absolución) la Santa Comunión no debe ser negada ni siquiera a los públicos pecadores,especialmente en caso de peligro de muerte”

Obviamente, ahí se supone la confesión y la absolución, y por tanto, el arrepentimiento y la manifestación del propósito de enmienda, según la doctrina católica. Por tanto, no es aplicable, por hipótesis, al caso de los “DVC”.

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Dice también el Card. Müller:

“El cristiano puede encontrarse sin su culpa en la dura crisis del ser abandonado y de no lograr encontrar ninguna otra vía de escape que encomendarse a una persona de buen corazón y el resultado son relaciones semejantes a las relaciones matrimoniales.”


Lamentablemente, este pasaje, en un texto que quiere ordenarse a aclarar la confusión reinante en torno a AL, parece él mismo confuso y confundente, porque da la impresión de estar diciendo justamente una de las cosas que se han echado en cara a AL, o sea, que en ciertas situaciones no es posible evitar el pecado, contra lo que ha definido el Concilio de Trento.

Es cierto que el pasaje parece querer distinguir entre el recurso a esa persona de buen corazón, y el resultado del mismo, que serían las relaciones sexuales no matrimoniales. ¿Lo que sería la “única vía de escape” sería solamente ese recurso, y no las subsiguientes relaciones sexuales?

Pero entonces no se ve cómo esas relaciones sexuales serían “sin su culpa”, dado que en esta hipótesis habría otras alternativas a disposición.

Y si se dice que no había otras alternativas que esas relaciones sexuales ilegítimas, entonces repetimos que no se ve cómo se evita chocar con lo que ha definido el Concilio de Trento.

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Dice también el Cardenal:

“Pero esto no significa que ahora «Amoris Laetitia» (art. 302) sostenga, frente a lo afirmado en «Veritatis splendor» (81), que, debido a circunstancias atenuantes, un acto objetivamente malo pueda volverse subjetivamente bueno (es el «dubium» n.4 de los cardenales). La acción en sí misma mala (la relación sexual con una pareja que no sea el legítimo cónyuge) no se vuelve subjetivamente buena debido a las circunstancias. Pero en la valoración de la culpa, puede haber atenuantes y las circunstancias y elementos accesorios de una convivencia irregular semejante al matrimonio pueden ser presentadas también ante Dios en su valor ético en la valoración de conjunto del juicio (por ejemplo el cuidado de los hijos en común que es un deber que deriva del derecho natural).”

Aquí se habla de una “valoración de conjunto”, que por tanto deberá ser buena o mala, y se habla también, parece, de la influencia que los elementos positivos que pueda haber en una relación de pareja semejante tienen de algún modo en esa valoración de conjunto.

Pero respecto de esto último, el mismo Card. Müller no deja aquí duda alguna:

“Aunque algunos elementos constitutivos del matrimonio se encuentran realizados en convivencias que se parezcan al matrimonio, la transgresión pecaminosa en contra de otros elementos constitutivos del matrimonio y contra el matrimonio en su conjunto no es buena.”

¿Y entonces, en qué queda el texto anterior? En efecto, nadie puede estar en pecado mortal solamente en parte, y menos aún los elementos positivos que pueda haber en un pecado mortal hacen que deje de ser pecado mortal.

Por otra parte, nunca la teología católica, que sepamos, ha dicho que los aspectos positivos que pueda haber en una acción objetivamente contraria al orden moral en materia grave puedan funcionar como causales de inimputabilidad, pues no se ve además como podrían disminuir la voluntariedad del acto, sin lo cual no hay inimputabilidad posible.

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Como conclusión de todo esto parece claro que efectivamente hay y sigue habiendo cosas que no están claras a propósito de AL. , y que sigue siendo de desear una aclaración consistente en sí misma y con la doctrina católica de siempre.