18 enero 2018

Año XV - Nº 1071

El escándalo de TV-3 y la serie Merlí

Editorial
Forum Libertas


La Televisión pública de Catalunya y, en concreto su buque insignia, TV-3, ha acreditado su sectarismo -y continúa en ello- con el tratamiento partidista y profundamente ideológico de la situación política, con una descarada militancia a favor del bloque independentista. 

Su papel ha contribuido eficazmente a polarizar la sociedad catalana, es decir, fracturarla y a construir un imaginario irreal. Solo hace falta recordar como ha tratado el fracaso de la proyección internacional y sus previas, para constatarlo. TV·3 ha contribuido a construir el relato del Procés, primero, de la falsa declaración de independencia; después, del presidente exiliado (cuando se trató de una simple fuga que dejó plantado a sus compañeros encarcelados, aportando un argumento de peso para la prisión preventiva: el riesgo de fuga).

En realidad, ahora a muchos de los que se rasgan las vestiduras por esta instrumentación hay que decirles que bienvenidos a la realidad, pero llegan tarde, porque el sectarismo y el adoctrinamiento se vienen produciendo desde hace años, solo que incidía más en otros ámbitos.

Por ejemplo, la TVC ha contribuido con constancia entomológica a desprestigiar a la Iglesia, presentando de manera magnificada todo lo negativo y silenciando cualquier hecho positivo. Ha sido azote de Papas, como Juan Pablo II y Benedicto XVI, hasta la crueldad, y se mantiene silenciosa con Francisco. 


Había una Iglesia “buena”, escasa en número, pero que la televisión de Cataluña convirtió en personajes mediáticos, porque respondía a una actitud de contestación supremacista, orgullosa contra ella. Lo muestran el caso de las dos monjas Forcadas y Lucia Caram, dos creaciones cien por cien televisivas. 

Haga la prueba introduzca en el buscador “monja catalana” y le aparecerá en los primeros lugares las susodichas religiosas. Tiene mérito… por parte de TV-3 porque crea o destruye personajes en el entorno en el que influye, modesto, pero que posee un fuerte efecto multiplicador porque incide en gran medida sobre los profesionales del periodismo, para quienes TV·3 es por amor y, sobre todo, por conveniencia profesional, una referencia obligada.

Su visión de la concepción moral y del lenguaje se ha alineado con el discurso progre. Su agenda no ha sido nunca la propia de un medio público que intenta mantener una cierta ponderación, sino el de la promoción y defensa a ultranza de la agenda gender y LGBTI. 

No solo eso, por ejemplo, la mejor difusión del anual salón pornográfico que se celebra en Barcelona ha tenido el mejor propagandista en TV-3, ha dado voz a las manipuladas defensoras de la prostitución, es decir, al tráfico de mujeres y al mismo tiempo defiende un feminismo radical de tópico. 

La ideología y la consigna siempre se han antepuesto a la realidad, y ha silenciado lo que juzgaba que era contrario a su proyecto de formateado de mentes, y ha promocionado lo que le servía. El uso que hacemos del tiempo pasado simplemente sirve para remarcar que la cuestión viene de lejos, pero no que ha cambiado. 

En este ámbito, no solo sigue igual, sino que ha empeorado y la serie dedicada a jóvenes y adolescentes en horario de máxima audiencia, “Merlí“, demuestra hasta donde pueden llegar en su inmoralidad una televisión que en teoría es de todos, pero en realidad es un medio que se comporta como una empresa privada.

Merlí es una serie de éxito que ahora ha terminado la tercera temporada con un excelente registro de audiencia, incluso ha sido exportada. Su éxito no tiene secreto, problemas juveniles, sobre todo, amoríos, sexo. En teoría narra las actitudes de un profesor de filosofía “inconformista”, es decir, políticamente correcto y bajo este hilo argumental cabe todo. Sus clases en un instituto son el hilo conductor que en su última versión se supera a sí mismo: sexo, desnudos, promiscuidad, tríos bisexuales, droga. 

Se han utilizado todos los recursos argumentales y visuales con morbo que puedan atraer al público juvenil (y al que ya no lo es tanto, pero le va esa marcha). En toda la serie sobre estudiantes se omite un tema que TV-3 debe considerar marginal: nunca estudian. Son jóvenes de un instituto en el que el estudio, el trabajo escolar como visión de la realidad no existe. El relato del esfuerzo académico está fuera de plano, es marginal. 

Es un ejemplo pésimo. Es una caricatura interesada que acentúa unos aspectos fáciles de guionizar, y suprime o minimiza toda la complejidad de los jóvenes de hoy. Busca solo audiencia morbosa y falsamente iconoclasta por políticamente correcta y constituye inyección ideológica en vena. 

Es la degradación de una televisión pública.

Mentes mentirosas

Juan Manuel de Prada
XL Semanal



La etimología de las palabras esconde sabidurías muy hondas y provechosas. A nadie se le ocurriría pensar que ‘mente’ y ´mentira’ comparten la misma etimología, pues nuestra orgullosa condición nos induce a creer que nuestra mente es más bien una incesante fábrica de verdades. 

Pero el genio del lenguaje nos enseña exactamente lo contrario: nos advierte que lo natural de una mente es urdir mentiras, que lo propiamente mental es la mentira, que quienes se fían de lo que su mente les dicta estarán siempre engañados; o, todavía peor, que son embusteros redomados.

Esta enseñanza etimológica nos escandaliza porque somos fatuos hijos de Descartes. “¡Pienso, luego existo!”, afirmamos llenos de soberbia ególatra; pero en realidad queremos decir: “¡Pienso, luego las cosas existen!”. 

Los fatuos hijos de Descartes están convencidos de que su mente crea las cosas. Pero lo cierto es que las cosas existen independientemente de que nosotros las pensemos e independientemente de lo que nosotros pensemos sobre ellas y todas las mentiras salidas de nuestra mente no cambian la realidad. 

Es achaque propio del hombre contemporáneo pegarse topetazos con una realidad que su mente había configurado de modo muy distinto; nos tropezamos con leyes que no impiden hacer lo que considerábamos permitido, nos tropezamos con un pasado inamovible que nuestra mentirosa mente había tratado de moldear (o incluso fabular), nos tropezamos con las debilidades propias de la naturaleza que nuestra mentirosa mente había disfrazado de fortalezas. “¡Pienso que Cataluña es independiente, luego nadie puede impedir que esa independencia sea efectiva!”, afirma el hombre contemporáneo. 

Y también: “¡Pienso que en la Guerra Civil hubo un bando de buenos y otro de malos, luego la Historia no puede pretender lo contrario!”

O incluso: “¡Pienso que soy un señor con toda la barba aunque mi cuerpo muestre todos los signos de la feminidad, luego todo hijo de vecino tiene que darme la razón!”. Y así sucesivamente.

Los fatuos hijos de Descartes urden con su mentirosa mente cualquier desvarío y piensan orgullosamente que se han hecho un idea clara y cierta de la cosas. Cuando lo cierto es que tener una “idea clara y cierta” de la cosas suele ser el primer y más delator indicio del error; pues sólo los imbéciles tienen ideas claras y ciertas de las cosas complejas. 

Nuestra imbécil época, a falta de báculo en el que apoyarse (¡de nuevo las etimologías!), a falta de cosas firmes sobre las que fijarse para poder avanzar, se apoya en espectros, en mentirosas ideaciones, en fatuos idealismos que no tienen otra existencia sino la que les suministra nuestro deseo (o nuestro “pensamiento deseante”, como dicen los anglosajones). 

Este prejuicio idealista que consiste en hacer depender la existencia de las cosas de lo que nosotros pensemos sobre ellas (o sea, en convertir nuestra mentirosa mente en una fábrica de verdades infalibles) es una arrogancia delirante que, sin embargo, ha nutrido la filosofía desde Descartes, hasta alcanzar su culminación siniestra, su hinchazón petulante, en Hegel; y luego se vulgarizó a través de las ideologías, que son el vómito terminal de aquel idealismo filosófico incorporado a la política, que es la ciencia práctica por excelencia. 

Y desde que este idealismo imbécil de mentirosas mentes se incautó de la política, la “polis” se convirtió en una ínsula quimérica. Con el agravante de que trató de hacer realidad todas sus ideas delirantes mediante leyes de obligado acatamiento. Y ¡ay de quien ose rechistar!

Pero la mente humana sólo tiene un modo de no ser descaradamente mentirosa. Consiste en dejar de formular ideas fantasiosas para empezar a apoyarse, a través de sus sentidos externos, en la realidad de las cosas. Los sentidos externos, que son los que nos brindan un testimonio de la realidad (no del todo fidedigno, pero desde luego menos engañoso que nuestras ideas), hacen acopio de datos; y con la información ‘en bruto’ que nos brindan hacemos clasificación y síntesis, mediante nuestra capacidades cognitivas, para que a continuación la razón trate de establecer (hasta donde pueda) teorías. 

Sólo conformándose a la realidad de las cosas, sólo pegándose a ella, nuestra mente puede reprimir la tentación de la mentira; porque la realidad de las cosas es un lastre que le dificulta el vuelo ingrávido y fantasioso. 

El día en que volvamos a adoptar este método de conocimiento (que era el que preconizaba Aristóteles) nos daremos cuenta de que todo nuestro mundo es un inmenso castillo en el aire, un monstruoso castillo de mentiras que sólo se sostiene porque posee mazmorras en las que encierra y reprime a quienes se niegan a actuar como fatuos hijos de Descartes.

¿No ha llegado la hora de defender la Nación frente a los nacionalistas?

Rosa Díez 
EL ESPAÑOL
Cofundadora de UPyD y promotora de la webelasterisco.es.


La autora lamenta que la situación política de Cataluña haya llegado a los extremos a los que ha llegado y lo achaca a la falta de unidad y valentía de los partidos constitucionalistas.

Los acontecimientos -totalmente esperados- que hoy se han producido al constituirse el Parlamento de Cataluña, me animan a insistir en el viejo dilema entre nacionalismo y nación; o, dicho de otra manera, entre el nacionalismo y el patriotismo, términos antagónicos por mucho que algunos se empeñen en asimilarlos.

Todo nacionalismo (el viejo y el nuevo, en central y los periféricos) no son sino expresiones de un sentimiento pueblerino que rechaza todo lo que no puede ahormar dentro su tribu. Los promotores de aquel eslogan felizmente olvidado de “España es diferente” reivindicaban lo bien que nos iba siendo diferentes del resto de los europeos, aunque eso supusiera prescindir de algunos de los derechos que disfrutaban quienes eran ciudadanos en vez de súbditos. Sin embargo, el “somos diferentes” que hoy repiten los nacionalistas en cua


lquier parte de España únicamente pretende establecer que ellos son mejores, lo que les haría acreedores a disfrutar de más y mejores derechos que el resto de los españoles. Estar por encima de le ley, por ejemplo.

Es evidente que hemos superado el significado del eslogan que reclamaba la mediocridad como hecho diferencial de aquella España de la posguerra. Hoy, y a pesar de las muchas deficiencias de nuestro sistema educativo, los españoles son profesionales estimados en todo el mundo; nuestras empresas consiguen contratos para construir grandes obras de infraestructura litigando con las empresas más punteras de países más grandes y desarrollados que el nuestro; a pesar del escasísimo apoyo a la investigación, algunos de nuestros científicos son pioneros en técnicas revolucionarias en diversas ramas científicas, aunque tengan que desarrollar su trabajo fuera de nuestras fronteras; y en el campo de la solidaridad humana, si como tal ha de medirse el número de donantes por cada mil habitantes, seguimos siendo el primer país del mundo. 


La Constitución Española es de las más desarrolladas del mundo democrático y los españoles ya no somos ciudadanos diferentes en derechos de los alemanes, los franceses, los estadounidenses, los canadienses o los británicos.

Sin embargo hay un rasgo de nuestro comportamiento en el que sí se podría decir que seguimos siendo diferentes y es el que tiene que ver con el comportamiento en el ámbito de lo público. Se diría que a los españoles -a diferencia de lo que le ocurre a cualquier ciudadano europeo o del mundo democrático cuyo vínculo con su país no se discute- nos faltara esa conexión con la que se hace país.

Sé que no es nuevo entre nosotros este comportamiento individualista a la hora de abordar las cuestiones que nos afectan a todos, pero es decepcionante que tras el más largo periodo de democracia de nuestra historia no hayamos sido capaces de superar ese pasado de bloques de las dos Españas que provocaron nuestro enfrentamiento civil en el año 36; y, lo que es peor, todo apunta a que en los últimos años se ha producido un retroceso respecto de los avances que se produjeron gracias al Pacto de la Transición y durante los primeros años de democracia. 


Y es que ni PSOE ni PP han desarrollado un pensamiento político sobre la nación española, como si ella pudiera defenderse sola en un país en el que el particularismo de los territorios se ha impuesto a lo común de todos los españoles. Por eso durante toda nuestra democracia lo común han sido los debates sobre las naciones utópicas o míticas y el más lamentable y absoluto silencio sobre la nación que nos reconoce derechos y nos hizo a todos ciudadanos.

La llamada crisis catalana no es sino una consecuencia más de esta España invertebrada, ayuna de un proyecto común y de ciudadanos que crean en ella. Claro que para que los ciudadanos crean en las bondades de un proyecto común hacen falta políticos que lo defendieran. Y de eso sí que estamos huérfanos en España.

En nuestro país todo se sustancia en términos políticos en base a los viejos y obsoletos esquemas de la derecha frente a la izquierda; como si no quisiéramos darnos cuenta de que las rivalidades reales en España son mucho más territoriales que ideológicas. 


Es igual que ahora mismo parezca que el panorama está más abierto porque hay (parece) cuatro partidos nacionales en liza frente al clásico bipartidismo que ha reinado en España desde que tenemos democracia. Porque a la hora de hacer país cada uno de ellos va a lo suyo, que no es sino superar electoralmente a su competidor más directo para acabar nuevamente en los dos bloques del aparentemente denostado bipartidismo. Y con los nacionalistas campando a sus anchas.

Piensen ustedes en el comportamiento de cada uno de esos partidos en Cataluña, en sus movimientos antes de ponerse de acuerdo en aplicar la ley para restablecer lademocracia. El Partido Popular (que tenía los votos, la legitimidad, el Gobierno y, por tanto, la obligación de tomar la iniciativa), decidió no hacer nada hasta conseguir el acuerdo con Ciudadanos y el Partido Socialista (Podemos ya había dicho que eso de la ley… que si eso, otro día…). 


El Partido Socialista, renqueante (no podía hacer como Podemos, hubiera sido su muerte), puso como condición que la aplicación de la ley democrática se “notara” lo menos posible y que no se tocaran los medios de propaganda del nacional-independentismo que se pagan con el dinero de todos. 

Y Ciudadanos, cuando por fin entró en el acuerdo (que recuerdo que en septiembre seguía diciendo que no había que aplicar el 155), condicionó su apoyo a que ese artículo se utilizara casi exclusivamente para convocar elecciones de forma inmediata.

Los tres partidos solo pensaron en tomar la decisión que mejor les viniera a cada uno de ellos en las próximas elecciones y las consecuencias de ese comportamiento -que puede describirse como nacionalismo de partido-, han sido nefastas para Cataluña y por supuesto para toda España. 


También para el PP y el PSOE, por cierto; pero bueno, esa es otra historia que tiene más que ver con el buen o mal uso del marketing que con la política y en la que en este momento no me voy a detener.

No me cabe duda de que si las cosas se hubieran hecho de otra manera el resultado hubiera sido mucho mejor para todos, incluso a medio plazo para todos los partidos enliza. Imaginen por un momento que, al margen de su ideología -o falta de ella-, Podemos, Ciudadanos, PSOE y PP hubieran pensado en primer lugar en España y en los españoles secuestrados por las instituciones catalanas. 


Por supuesto que si los cuatro (o al menos tres, descartemos a quien se descartó) hubieran actuado consentido de Estado hoy no hubiéramos revivido el esperpento golpista en el Parlamento de Cataluña.

Pero, pongamos que por errores continuos, falta de visión, cobardía, complicidad, cortoplacismo… lo que quieran, llegan esos días 6 y 7 de septiembre en el que los independentistas traspasaron definitiva e indisimulablemente la raya roja. 


Si en esos momentos en España hubiera habido tres líderes, aunque fueran menores, (tampoco hace falta ser Churchill) que hubieran puesto el interés de España por delante de sus intereses particulares y hubieran sumado esfuerzos sin pensar en sus siglas, hoy no viviríamos esta situación en la que al bloqueo institucional se suma la desesperanza ciudadana. Y no hubiéramos visto a los golpistas volver a burlar a la democracia.

Imaginen que Rajoy y su Gobierno hubieran activado el 155 el mismo día 7 de septiembre; y que el presidente del Gobierno de España hubiera anunciado solemnemente que iba a hacerlo con todas las consecuencias, para que se notara que se devolvía la democracia y la normalidad a Cataluña: democratizando los medios de comunicación públicos y garantizando la pluralidad y la veracidad en la información; actuando en el sistema educativo para erradicar del mismo a quienes han dirigido y sembrado el odio entre niños y contra los ciudadanos no nacionalistas; gobernando la Comunidad hasta que los ánimos se templaran y las emociones se sosegaran mientras el proceso judicial contra los presuntos delincuentes que orquestaron y dieron el golpe en Cataluña seguía su curso… 


¿Qué creen que hubieran hecho Sánchez y Rivera? ¿Creen que se hubieran atrevido a dejar al Gobierno solo frente a los golpistas?

o creo que no les hubiera quedado otro remedio que apoyar al Gobierno de España como lo estaban haciendo todas las democracias del mundo. Claro que hubieran tenido tentaciones de ponerse de perfil, claro que hubieran criticado… Pero, ¿cómo dos partidos que quieren ganar elecciones en los municipios y en las autonomías de España iban a atreverse a no ayudar al Gobierno de España a frenar el golpe?

Si el Gobierno hubiera tenido valor y se hubiera arriesgado a ir solo, si hubiera demostrado que quería más a España que a su partido, hubiera tenido la compañía del PSOE y Ciudadanos sin tener que aceptar las condiciones que ambos le pusieron para devaluar el artículo 155 en su aplicación… y es probable que hoy el PP apuntara mayoría absoluta.

Pero lo más importante es que si hubiera primado el sentido de Estado frente al cálculo electoral de unos y otros, no hubiéramos vivido el 1-O, no se hubieran ido de Cataluña más de 3.000 empresas, no hubiéramos sufrido las nefastas consecuencias de aquel maldito día en el que “no hubo referéndum” y la gente votó hasta cinco veces… y los ciudadanos no hubieran sido llamados a las urnas en una situación emocional que nada bueno podía presagiar y que nada bueno nos ha traído. Y hoy no se hubiera repetido el reto a la democracia y al Estado de Derecho.

¿Pero es que alguien podía creer que la anormalidad y la quiebra social asentada durante años de adoctrinamiento y gobiernos nacionalistas e independentistas podía resolverse en dos meses? ¿Por qué Ciudadanos lo exigió? ¿Por qué al PSC le parecía bien? ¿Por qué el PP cedió? 


Culpables y responsables, adjudiquen los adjetivos como quieran; pero entre los tres está el juego, más allá de que electoralmente sólo uno de los tres se benefició de su apuesta, aunque ni siquiera se atreva a defender políticamente su candidatura y su mayoría. Otra vez, cálculo frente a política, demoscopia frente a democracia.

Sí, los españoles hemos superado individualmente el eslogan franquista; pero a la vista está que España, en lo colectivo, sigue comportándose de forma diferente a la de aquellos países con los que nos gusta compararnos. Fíjense qué diferencia con Alemania, sin ir más lejos. 


No sólo es un país en el que si un gobernante es acusado de copiar una tesis doctoral, por ejemplo, tiene que dimitir y no pude volver a presentarse a unas elecciones, sino que a pesar del coste electoral que supuso la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas ambas fuerzas vuelven a poner a Alemania por delante y logran un gran acuerdo para afrontar los problemas de los alemanes. ¡Qué envidia! 

En España los imputados, encarcelados y prófugos no solo se presentan a las elecciones sino que además centenares de miles de ciudadanos les votan; y los partidos nacionales prefieren que se repitan las elecciones a hacer un Gobierno pensando en España. Y hoy, frente al informe de los letrados, entran en el juego y presentan candidatos a la mesa que son elegidos en fraude de ley… No hay quien lo entienda.

Así las cosas no parece que haya muchas razones para el optimismo. Lo que está claro es que sobre el barro no hay manera de edificar nada sólido. Y que hasta que no se normalice de verdad (o sea, hasta que ser nacionalista no deje de estar primado y no serlo deje de estar perseguido en Cataluña) no será posible celebrar elecciones verdaderamente libres y democráticas. 


Así que sólo se me ocurre recomendar paciencia, que es una virtud a la que no conviene confundir con la resignación. Paciencia, constancia… y quizá desear que se nos aplique aquella sentencia de Churchill, referida a EE.UU. en la que afirmaba que ese país hacía invariablemente lo correcto… después de haber agotado el resto de alternativas. Que así sea. Porque más vale tarde que nunca.

17 enero 2018

¡Ni un paso ni un payaso más!

Federico Jiménez Losantos
EL MUNDO


Dijo ayer Felipe González, refiriéndose al fantasmón belga, que "también podríamos votar un elefante como presidente de Cataluña"

Y eso harán hoy: votar a Dumbomocho. Pero es lo que han hecho el PSOE y el PP durante 40 años: meter a un elefantito golpista en la cacharrería del régimen constitucional, como si nunca fuera a crecer y a cargarse el habitáculo. Nadie lo ha cebado como él -y su cómplice Cebrián- cuando defendieron la política de inmersión lingüística de Pujol, zafiamente ilegal, haciendo que el Tribunal Constitucional avalara la Ley del Catalán y dejara al arbitrio del elefante pisar o no los piececitos de los niños y pisotear el derecho de sus padres a elegir la lengua vehicular de enseñanza. 

En la antigua Cataluña, hoy partida entre la liberal Tabarnia de Boadella y la despótica Tractoria de Cocomocho, empezó, con el apoyo de la izquierda y el imperio prisaico y el silencio del PP, la prohibición del uso escolar de la lengua común y la multa de su uso comercial. Hoy, todas las regiones bilingües -con el bable y cualquier fabla al nivel académico del español- siguen la misma política de exclusión lingüística. PSOE y PP compiten en vulnerar lo que dice la Constitución: todos los españoles tenemos "el deber de conocer y el derecho a usar" el español. Ni derecho ni deber.

Lo que hoy se verá en el Teatre de Titelles Nacionalista Catalá, antes Parlamento de Cataluña, es un acto más de la política de discriminación de España y lo español. El Molt Hologramable Cocoboig tendrá como titell o marioneta parlamentosa a Roger Torrent, de ERC, que ha dicho que "volverán a poner la institución al servicio de la ciudadanía y no de las fuerzas del 155". Ya lo hizo Rajoy, con el respaldo de PSOE y Cs, al convocar elecciones sin juzgar a los golpistas ni desarticular toda la trama: política, policial, económica y, sobre todo, mediática. Ahí está el elefantito.

Como los racistas de Tractoria viven cantando, como Salomé, en vez del criminoso "Bon colp de falç!" hoy, pagados por Montoro, aullarán "Bon colp d'Estat!". Pues bien, ante los capullos que van de segadors, los españoles decimos: ¡Ni un paso ni un payaso más! Frente al Hologramable, sólo reconocemos al Honorable Boadella. ¡Viva Tabarnia!, que, como dijo ayer El Nostre President, es igual que ¡Viva España!

Un canalla envuelto en la bandera del patriotismo

Jesús Cacho
Voz Pópuli


Asistimos ayer al final de la escapada del personaje más emblemático del célebre prusés, Pujoles al margen, ese gigantesco quilombo que ha dejado partida en dos mitades irreconciliables a la sociedad catalana e hipotecado su futuro económico, entre otras cosas. 

La cara más notoria del nacionalismo de derechas, esa potente mandíbula capaz de dibujar la sonrisa más cargada de suficiencia del supremacismo burgués, se despidió ayer de su distinguido público en un nuevo ejercicio de mendaz arrogancia, uno más de los muchos que han jalonado la carrera política de este Moisés que un 11 de septiembre de 2012 se cayó del caballo del catalanismo responsable, como se decía entonces, para convertirse en profeta de un separatismo que iba a convertir Cataluña en la Dinamarca del Mediterráneo esquina a Siria, tras asomarse a la ventana de aquella gigantesca Diada y quedar entre asustado y perplejo, petrificado, abducido por el espectáculo.

Toda una senda de éxitos ininterrumpidos que le llevaron a perder elección tras elección y a hacer añicos el partido que había heredado del padre padronePujol, aquella Convergencia (CDC) que tan buenos réditos, durante tantos años, cosechó en Madrid de los Gobiernos centrales, y a enfeudar el nacionalismo de derechas en las sentinas de un movimiento revolucionario como las CUP, un partido comunista y antisistema irrecuperable para la causa de cualquier sociedad abierta y liberal que se precie en cualquier rincón del mundo. 

Señalado por las CUP como el señorito corrupto con quien las chicas del flequillo en modo hacha no estaban dispuestas a ir ni a la vuelta de la esquina, el astuto por antonomasia se vio obligado, ayer hacía precisamente dos años, 9 de enero de 2016, a dar “un paso más al lado” como entonces hiciera nombrando como sucesor al frente del partido y candidato a la presidencia de la Generalitat a otro famoso lince que hoy cuida su desvelos por los parques helados de Bruselas.

El mismo día, dos años después, el artero dice adiós con otro supremo ejercicio de cinismo personal y político. Se va por dos razones. Una, porque los resultados del 21 de diciembre han sido un éxito político inenarrable, vino a decir, un éxito de tal dimensión que Junts per Catalunya (JxCat), PDeCAT o como quiera que ahora se llame la dichosa Convergencia de siempre, tiene por delante un sendero tan plagado de rosas hacia el panteón donde reposan los inmortales que él no puede ser un obstáculo para esos nuevos y fulgurantes liderazgos que la cosa de JxCat, PDeCAT o como se llame, necesita de forma urgente, de modo que se ve obligado a dar ese nuevo “paso más al lado” similar al que diera, todo desprendimiento, en enero de 2016, he ahí un santo varón dispuesto de nuevo al sacrificio por la patria, en este momento de éxito, repito, repite, que le permite salir con la cabeza alta y fría y distante de estatua de sal petrificada por el horror.

Una, el éxito del 21-D, y otra, el panorama judicial que se le viene encima a este ladino lince ibérico arruinado y con pie y medio en la cárcel, a quien el embargo judicial de su casa ha dejado muy tocado, pero que sin embargo saca pecho o lo intenta, todo sea por la patria, y esa mueca de sonrisa, tan franca antaño, tan rácana hoy, de vendedor de crecepelo en el mercado de la ilusión del país de nunca jamás donde nosotros, y solo nosotros, íbamos a nombrar y promocionar y pagar la nómina de los jueces encargados de juzgarnos. 

Y cita las causas del 9N, y el Tribunal de Cuentas, y ahora los chuzos de punta que llegan tras el 1 de octubre, pero se calla, se cierra en banda, ni una sola mención al asunto que de verdad le fuerza a marcharse, la sentencia del Caso Palau que está al caer, que se le viene encima, ni una palabra para la corrupción de Convergencia, la suya propia, que ya su amigo Daniel Osàcar, ex tesorero de CDC, dijo lo que sabía, que todo lo sabía, naturalmente que sí, el jefesito Mas, como un 24 de febrero de 2005 se lo dijera Maragall: “Vostès tenen un problema, i aquest problema es diu 3%”, el origen de todo, y Arturo, porque entonces se llamaba Arturo, se revolvió cual cobra: “Vostè ha perdut completament els papers”, y no Arturo, que ya te los habían encontrado, ya hacía tiempo que te habían tomado la matrícula de corrupto mirando al mar.

Desbandada en las filas del separatismo
El corrupto se ha callado su corrupción en su despedida. Un tufo a fin de fiesta, un olor a bomba fétida acompaña lo que a todas luces parece una desbandada en las filas del separatismo. Se despide Mas, el primer responsable, bueno, digamos que el segundo, del crimen que el nacionalismo ha cometido contra Cataluña y los catalanes. Hace mutis por el foro mintiendo como el cobarde que siempre ha sido. 

Ayer fue también Mundó, Carles, exconsejero de Justicia, quien renunció a su acta de diputado. La gran esperanza blanca de ERC, teórico nominado a suceder al propio Junqueras, dijo hasta aquí hemos llegado, ahí os quedáis con el muerto. Su retirada de la política deja muy tocada a una ERC con la cabeza presa en Estremera. 

Por la cárcel ha pasado Mundó y parece que esa es escuela donde se evaporan los sueños locos de los vendedores de patrias. Por Bruselas vaga también un tal Antoni Comín, uno de los fugados con Puchimón, y me cuentan que el hombre va desesperado, literalmente, que le han dejado colgado de la brocha, que no tiene ingresos, que qué va a hacer con su vida, y que cómo pueden pedirle que renuncie a su acta de diputado, que de qué coño va a vivir a partir de ahora.

Este es el paisaje de ruina que deja el nacionalismo travestido en separatismo tras 5 devastadores años soplando inclemente sobre una Cataluña abandonada por la incuria de los Gobiernos centrales. El auto del viernes del Tribunal Supremo (Sala de Apelaciones), rechazando el recurso de Oriol Junqueras contra la decisión del juez Pablo Llarena de mantenerle encarcelado, ha “destruido anímicamente” al Movimiento independentista, porque en él se dibuja un “plan de reparto de papeles” concebido para declarar a toda costa la independencia de Cataluña que directamente conduce a un horizonte de muchos años de cárcel para las estrellas del celuloide de la República Independiente de Catatonia capital Tirana. 

Sin respaldo internacional de ningún tipo, desacreditado interior y exteriormente, el balance del separatismo no puede ser más desolador. Su único asidero sigue residiendo en la proverbial incompetencia del Gobierno Rajoy. Como buen cobarde, Artur Mas se despide envuelto en la bandera del patriotismo. Sin amago de autocrítica. Sin atisbo de arrepentimiento. Como el perfecto canalla que siempre ha sido.

16 enero 2018

Falsos derechos, prudencia y libertad religiosa

Santiago Martín
Católicos ON LINE 


Todos los años el Santo Padre se reúne con los embajadores acreditados ante la Santa Sede. 

El discurso al Cuerpo Diplomático es uno de los más importantes que el Papa hace anualmente y está preparado con exquisito cuidado por la Secretaría de Estado.

En esta ocasión, han llamado la atención tres puntos. El primero, la alusión a la “revolución” de mayo de 1968 en París. Aunque estaba hablando de la Declaración de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948, el Papa se refirió a los acontecimientos del 68 diciendo que, a partir de ese momento, “la interpretación de algunos derechos ha ido progresivamente cambiando, incluyendo una multiplicidad de ‘nuevos derechos’, no pocas veces en contraposición entre ellos”. 

El Pontífice fue muy crítico con estos “nuevos derechos”, a los que acusó de no ser tales y de convertirse en una nueva forma de colonialismo, “puesto que se han afirmado nociones controvertidas de los derechos humanos que contrastan con la cultura de muchos países, los cuales no se sienten por este motivo respetados en sus propias tradiciones socio-culturales, sino más bien desatendidos frente a las necesidades reales que deben afrontar”

Esta durísima crítica a los falsos nuevos derechos se centraba, en el discurso del Papa, en los ataques que éstos han supuesto tanto para el derecho a la vida del no nacido como para la familia. Por eso decía el Santo Padre a continuación: “Considero urgente que se lleven a cabo políticas concretas que ayuden a las familias, de las que por otra parte depende el futuro y el desarrollo de los Estados”, a la vez que advertía del peligro real del “invierno demográfico” que acecha a las naciones que se han dejado seducir por esos nuevos derechos.

Otro gran tema fue el de la emigración. El Papa pidió generosidad para acoger a los emigrantes -elogió explícitamente a Grecia y Alemania por los esfuerzos realizados-, pero reconoció que “el ejercicio de la virtud de la prudencia es necesario para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar”. 

Esta matización no es una novedad en el pensamiento de Francisco, pero quizá no ha sido tan claramente expuesta en otras ocasiones, y reducirá tensiones con los países que temen perder su identidad con la emigración masiva.

El tercer punto a destacar de este importante discurso papal ha sido el de la libertad religiosa, que ha incluido también el derecho a cambiar de religión, en una clara alusión a la persecución que se ejerce, en muchos países de mayoría islámica, sobre los que se hacen cristianos. “En este ámbito de la integración -dijo el Papa-, uno de los derechos humanos sobre el que me gustaría hoy llamar la atención es el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, que incluye la libertad de cambiar de religión. Se sabe por desgracia –afirmó– que el derecho a la libertad religiosa, a menudo, no se respeta y la religión con frecuencia se convierte en un motivo para justificar ideológicamente nuevas formas de extremismo o un pretexto para la exclusión social, e incluso para la persecución en diversas formas de los creyentes».

El Pontífice dedicó una mención especial a Venezuela, de la que dijo que “está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes”.

Se trata, sin duda, de un discurso memorable, equilibrado y valiente a la vez. Un discurso que debe servir de guía a la acción social de los católicos en el mundo.

Sexus

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


¿Solo las francesas? 

Este fin de semana coincidieron en los periódicos dos mensajes morales respecto a la carne dignos de comentario.

Por una parte está la orgía desenfrenada que se montó en los teatros del Canal. La describen como 24 de parloteo, toqueteo y folleteo. Con ese preámbulo ya no me interesa en absoluto. El sexo es para practicarlo, no para ver a unos actores desparramados por el suelo tocándose la verga. Y mucho menos 24 horas seguidas.

En eso se parece al fútbol, pero al revés. El fútbol es para verlo las dos horas que dura y olvidarse de él rápidamente.

No sé cuál es la finalidad de la orgía, pero creo que los que asistieron desde platea, tampoco.

El otro mensaje es el del contramanifiesto de las francesas que cuestionan los aspavientos de las mujeres políticamente correctas que se pasan el día llamándonos cerdos a los hombres.

No digo yo que muchos no lo seamos, o lo sean, porque en el orden calificativo todo depende de cómo lo mires. Por ejemplo, yo siempre diría que Catherine Deneuve es una señora estupenda y estoy seguro que a ella le gustaría escucharlo, pero no así a las de los aspavientos y el Me Too.

Otra Catherine, en su caso Millet, es la autora del contramanifiesto y Álex Vicente le ha hecho una amplia entrevista en donde desgrana sentido común a punta pala, que es lo que hay que hacer en éste y en todos lo casos.

La fobia feminista resulta tan absurda, injusta, estéril y desproporcionada como si defendiésemos que los árabes se han pasado de la raya permitiendo a las mujeres que conduzcan, o que puedan entrar en los estadios. No tiene nada de elevado, ni de intelectualmente valioso.

Pero claro, si no sale Catherine _ Deneuve o Millet, da igual _, a decírselo, la gente cree que la fobia va a misa. Como si no se dice que la orgía teatral es una patochada.

Nunca es tarde…

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA



Dos ideas referibles a nuestra Iglesia acopian hoy el núcleo duro de mis reflexiones. Una es negativa y pustulosa, mientras la otra es positiva y de color verde-mar; una lleva etiqueta de plebeyismo, por no decir mezquindad, y la otra toca la fibra del exceso de prudencia y comedimiento –“en el medio está la virtud” como ya mostrase Aristóteles- que a veces puede ser madre de silencios incomprensibles para muchos católicos de a pie. 

La una es engendro de unas mentes volcadas en “hacer carrera”, en poner mantón de Manila a sus propios intereses, en creerse los amos del cotarro cuando solamente son administradores del mensaje de Jesús. Y la otra es enteramente positiva porque supone, a mi ver, un alivio para los fieles el hecho de llamar a las cosas por su propio nombre sin eludir el compromiso sagrado con la verdad y sobre todo con Dios…

Lo negativo. 
Hace poco tiempo, un abogado católico de Bilbao, de mis buenos amigos y cimentador de buenas ideas, me regaló un libro de Gianluigi Nuzzi –Via Crucis se titula (ed. castellana, Espasa Libros, 2015)-, que busca poner al descubierto la trama urdida en altas esferas de la Iglesia para boicotear –sin mesura alguna en los medios- el actual intento del papa Francisco, de reforma de la Iglesia: en la misma línea de la gran renovación querida y oficializada por el concilio Vaticano II, todavía en barbecho en varios de sus grandes postulados, como es patente con sólo abrir los ojos a extensas áreas de la actividad pastoral de la iglesia.

Anteayer compré ese libtito titulado El susurro de las habladurías (presentado estos mismos días en Madrid). Es otro alegato orientado hacia otro de los frentes del acoso al papa Francisco desde el interior de la propia Iglesia. Este último perfil del acoso inquiete más por venir de donde viene. Es refrán castizo que “no hay peor cuña que la de la misma madera” y suena a reciente la curiosa e inteligente frase de don Pío Cabanillas con la que, refiriéndose a las rencillas interiores, no duda en gritar. “Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”.

El papa Franciasco vive su Pontificado empeñado en el sagrado deber pontifical de acomodar la Iglesia al mensaje de Jesús en su Evangelio y a lo más sano y limpio de una tradición plurisecular, sin omitir ese sello sustancial e irreductible de toda “nueva evangelización”: sin desligarse ni un ápice de las esencias evangélicas (no hacerlo así sería traición a la carta fundacional del Cristianismo), intentar actualizarse cada día poniendo ese mensaje a la mano del hombre de hoy: el que describía Pablo VI, con trazos de calificaciones exactas. 

Era el solemne discurso de cierre y clausura del Vaticano II el 6 de diciembre de 1965. Predicaba a la Iglesia transparencia y claridad; libertad e independencia; amor a todos pero sin enamorarse de nadie; sin creerse amos de lo que solo son administradores; llamando a las cosas por su nombre aunque se fundan los plomos al ; valentía e incluso audacia; y sobre todo nada de traiciones porque esas desvirtuarían la “ misión” encomendada por el propio Fundador a su Iglesia peregrina sobre la tierra de todos los tiempos.

Lo positivo.
Sólo plácemes y elogio merece el discurso del Sr. Presidente de la Conferencia episcopal – cardenal Blázquez, en la apertura de la Asamblea plenaria del otoño 2017.

Hay frases e ideas en el discurso que deseo resaltar en estas reflexiones. Pueden ser las siguientes:

- “Nos entristeció la DUI” –Declaración unilateral de independencia catalana Satisfizo la aplicación del art. 155 de la Constitución.

Estas dos ideas primarias se ratificaron con otra de mayor fondo: que esa Declaración significaba la “ruptura del orden constitucional que los españoles nos dimos hace 40 años”. Se trata de “un hecho grave y perturbador de nuestra convivencia y va más allá de las discrepancias entre las formaciones piolìticas”
Dijo algo que que no me cuadra bien del todo; como que al aprobarse la Constitución como parte de la Transición, la Iglesia renunció a “la militancia política”

“Aprobamos el restablecimiento del orden constitucional porque es un bien común. La normalización de la vida social y el correcto funcionamiento de las instituciones exigen respetar la ley que regula nuestra convivencia”

Fuera de este concreto campo de la DUI, el presidente aludió a otras dos realidades: la de la violencia contra la mujer que contradice la propia esencia del matrimonio; y la “ideología de género” y, en concreto, dentro de ella, la pretensión de “separar el sexo como hecho biológico del género como hecho cultural”. 

Esta teoría o antropología desvaría del centro porque desemboca en la “cosificación del ser humano”. Expuso la tesis católica: el ser humano es varón y mujer y ambos comparten la imagen de Dios. Los dos especímenes de lo humano son iguales en dignidad. La igualdad entrañada en ser ambos imagen de Dios no se rompe, sino que se aquilata en las diferencias y diversidad ostensible de varón y mujer. Al ser radicalmente iguales en dignidad, ninguno ha de ser ni privilegiado ni postergado.

La ausencia, buscada o sin buscar, del obispo de Solsona, sólo hace resaltar una solemne excepción que confirma la regla. Su no asistencia a la Asamblea, haya sido para confraternizar en Roma con la pobreza el Día mundial del Pobre, o sea otra la razón –da lo mismo-, posiblemente -a mi ver- dio alas y liberó de complejos o inhibiciones un camino, hasta ayer, casi totalmente empedrado de silencios y, en el mejor de los casos, de palabras genéricas, aéreas y sin tocar en firme la tierra de un problema que chocaba con una visión cristiana de la relación entre Iglesia y Política, y que, a muchos católicos, ciertas actitudes clericales les resultaban difíciles de digerir.

El Sr. presidente de la Conferencia episcopal recordó, en muy buena hora, el epitafio -prometedor y rotundo- de la tumba de Adolfo Suárez: “La concordia fue posible”. Refleja con exactitud la proeza –no fue menos que eso- de unos hombres y mujeres clarividentes que –en unos momentos muy delicados- dieron una gran lección de civismo y de patriotismo al mundo entero-

Lo que –en aquella encrucijada decisiva de nuestra Historia moderna- fue posible ¿no lo ha de ser también ahora? Audaces fueron entonces y, para serlo, debieron desarmarse antes de impedimentas engorrosas para la marcha conjunta de los contrarios. Lo consiguieron y realmente la concordia fue posible. Por el bien de todos, abdicaron no tanto de sus ideas como de sus ideologías por razones del bien de todos; que es la razón suprema cuando las otras razones sólo sirven para encender la guerra.

Entre seres racionales, siempre es posible la concordia; siempre, si por delante de ella van la verdad, la justicia y la recta razón. Cuando no es así, las concordias son ficticias. Aquella lo fue, porque todos pusieron “su verdad” sobre el tapete; nadie hizo trampas; y les unía un deseo común; buscar el bien general y la superación de la maldición de “las dos Españas”. Con ambigüedades, mentiras, falseamientos y farsas ninguna concordia fue posible jamás.


El mejor Gibraltar

Alberto Pérez de Vargas
Europa Sur


Como ocurre en el caso del presidente Rajoy, hay quien cree que el ministro Dastis hace bien en no hacer nada. 

Incluso algún analista de la zona, ha dejado percibir, en un comentario radiofónico, que la pasividad del ministro es un saber estar que denota inteligencia fina. 

Mientras tanto, todos piensan en el “mejor Gibraltar”, como diría el chief minister Picardo, con ocasión de su mensaje de Año Nuevo, emitido por la televisión gibraltareña, la GBC, el pasado lunes. 

Casi coincidiendo con la preocupación por un mejor Gibraltar; al parecer, la más notoria de todas las preocupaciones; las colas volvían a las inmediaciones de la verja, cuando al caer la tarde, la vuelta de los trabajadores acumulaba personal en el puesto de control que separa a la colonia del término municipal de La Línea.

En Exteriores han optado por dejar pasar el tiempo y, si es el caso, marear la perdiz en el coro de los alcaldes, hasta ver qué pasa en Bruselas. La premier May va de aquí para allá, colocando y descolocando colaboradores, mientras en la colonia tiemblan al pensar en un futuro que depende completamente de España y rezan en iglesias, mezquitas y, sobre todo, en sinagogas para que nuestro Gobierno no se dé cuenta de que tiene la sartén por el mango y el mango también. 


El chief minister amenazaba veladamente en su discurso con la mejor de sus bazas: la preservación de la especie de trabajadores transfronterizos, la reserva para el mantenimiento de sus anhelos. Sin estos incontrolados (dícese) miles de personas dependientes de la escena donde reside el devenir yanito, Gibraltar no sería nada; no tendría tramoya para opacar sus secretos. El oxígeno para todos sus privilegios le llega a la colonia a través de la verja.

Sin embargo, a nadie se le ocurre –¡hay que ver cómo se distraen en otro menesteres!– disponer lo necesario para que esas personas dejen de constituir un problema. Ábrase una inspección minuciosa, establézcase un plazo, largo y ancho, para inscribirse entre los posibles damnificados por un eventual cierre de la verja, recúrrase a toda clase de medios y elabórese un censo. 


Después, ya hablaremos. Porque mientras no se sepa con precisión cuál es el perjuicio real que pudiera ocasionarse, no puede afrontarse con seriedad el asunto. Claro que hay mucha más tela que cortar, pero el Gobierno no ha de preocuparse por las cuitas inconfesables, sino por lo que puede escribirse en los papeles.


Sobre el Papa Francisco y la ideología de género

Pedro Trevijano
Religión en Libertad


Lo que existe de verdad es el sexo, en el cual, aunque existen aspectos culturales, lo fundamental es lo biológico, pues Dios nos ha creado como varones o como mujeres.

No creo exagerar si afirmo que uno de los mayores enemigos, probablemente el mayor, con los que se enfrenta actualmente la Iglesia es la ideología de género, por muy a favor de ella que se declaren la práctica totalidad de los partidos políticos del arco parlamentario. 

Esta ideología defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer son construcciones culturales, independientes del sexo. 

Lo determinante es el género, que cada uno escoge libremente y lo puede cambiar cuando quiera, pues aunque existe el sexo biológico, éste no es determinante ni en la vida ni en la personalidad. No nos extrañe por ello que el Papa Francisco haya tenido que abordar este tema en multitud de ocasiones

Ya en la Encíclica Laudato Si escribió el Papa Francisco en el nº 155: “La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno… En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. 

La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana.

 También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda ‘cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma’”.

En su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia el Papa Francisco hace referencia directa a la ideología de género en los números 53, 56, 153, 155, 251, 285 y 286. Y así podemos leer: “Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad” (nº 53); 

“Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer” (nº 56); 

“¿Acaso se pueden ignorar o disimularlas constantes formas de dominio, prepotencia, abuso, perversión y violencia sexual, que son el producto de una desviación del significado de la sexualidad?” (nº 153); 

“El riesgo está en pretender borrar las diferencias y esa distancia inevitable que hay entre los dos (el varón y la mujer). Porque cada uno dispone de una dignidad propia e intransferible” (nº 155); 

“No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (nº 251); 

La valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente” (nº 285); 

“Es verdad que no podemos separar lo masculino y lo femenino de la obra creada por Dios” (nº 286).
Debo decir que la postura del Papa Francisco no es ninguna novedad, puesto que siendo todavía cardenal, el 20 de junio del 2010 rechazó el matrimonio homosexual como “una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”

Pero también los Papas anteriores pensaban lo mismo. San Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis Splendor nº 46, escribe: “El hombre ni siquiera tendría naturaleza y sería para sí mismo su propio proyecto de existencia. ¡El hombre no sería nada más que su libertad!”. 

Y Benedicto XVI, en su discurso del 21 de diciembre de 2012, dice: “Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía. La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear. Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano”.

Es decir, lo que existe de verdad es el sexo, en el cual, aunque existen aspectos culturales, lo fundamental es lo biológico, pues Dios nos ha creado como varones o como mujeres.

Muy recientemente, este 8 de enero de 2018, repasando ante el Cuerpo Diplomático los derechos humanos, el Pontífice ha condenado “el egoísmo” del aborto, que se trate a los ancianos “como un peso” y el desprecio a la familia, “elemento natural y fundamental de la sociedad”.

Y nosotros, ¿nos esforzamos en defender los derechos humanos y luchar contra esa barbaridad que es la ideología de género? Siempre se puede hacer algo y desde luego podemos hacer más.

Gallardos caudillos

Hermann Tertsch
ABC


Puede que sea una nueva estratagema para demostrarnos que, más allá del ADN fino y francés de los catalanes y el tosco y canalla africano de los habitantes del resto de España, es cierto que somos tan distintos los demás españoles de ellos. De ellos, los separatistas.

Porque el espectáculo que nos dan estos días todos los cabecillas del golpe de Estado en Cataluña es algo que tiene muy poco de español. Algunos lo verán como una prueba de las virtudes del pragmatismo. También puede entenderse como una simple añagaza para salir de la cárcel. Pero también es el mayor alarde de cobardía visto en tierra española en siglos. 

Como la demostración de la peor falta de gallardía y honor de quienes estuvieron muy dispuestos a asumir inmensos daños para otros e intentan evitar todo perjuicio propio. Cobardía de máxima pureza. Algo impropio de España donde siempre hay valor y gallardía individual que, si no compensan, sí consuelan por debilidades y cobardías. 

Si los golpistas de la Generalitat en 1934 huyeron por las alcantarillas ante cuatro tiros del general Batet, las cloacas son hoy esa retractación falsaria que evidencia la ínfima calidad y catadura. Hubo un tiempo en el que los nacionalistas encarcelados por atentar contra el Estado morían de huelgas de hambre. Estos hoy no perdonan una merienda.

Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, son máximos dirigentes de la ANC y de Òmnium Cultural, dos de los más aguerridos caudillos separatistas que desde hace años amenazan a los españoles con catástrofes si no se avienen a sus planes de ruptura de España, su Nación y Estado. Ayer, ante el juez, los Jordis juraron fidelidad incondicional a la Constitución. 

Si le ponen el himno de la Guardia Civil o la Legión, habrían desfilado por el despacho judicial. Gastaron millones de euros y de horas laborales en hacer daño a España. Estafaron a la sociedad. Ahora dicen que todo eran actos simbólicos, poco menos que una broma. Ni rastro ya de provocaciones, amenazas y ultimátums. Todo gracias a Estremera.

También rectificó Joaquim Forn, tan agresivo y provocador él que llegó a amenazar a Guardia Civil y Policía Nacional con que los Mozos de Escuadra les harían frente. Ahora dice que él no mandaba y los Mozos golpistas estaba a las órdenes de Josep Lluis Trapero. Que por cierto aún no está en la cárcel. Como Artur Mas, todos echan la culpa al prójimo. Peor aun, al subordinado. 

Mientras estos se retractaban de todo y juraban lealtad eterna a la Constitución, Carmen Forcadell anunciaba que no presidiría el Parlamento catalán. Con una previsible petición de quizás veinte años de prisión no le apetece repetir. Otros imputados también se han quitado de en medio, unos de forma más discreta que otros.

La moraleja es evidente. Cuando en España se aplica la ley contra los enemigos del Estado los efectos son más que beneficiosos, son milagrosos e inmediatos. Lástima que se haga tan poco. Afortunadamente Cataluña no tenía un espacio judicial propio como tantos quisieron otorgarle. Y estaban los jueces para imponer la ley. Si es por los políticos, mal vamos. 

Porque tienen más miedo a que se aplique la ley que los delincuentes. Porque les impide consumar sus cambalaches. Los caudillos separatistas además de cobardes son tramposos y mentirosos. Que reincidirán, nadie lo dude. El reto separatista continuará. Pero la Nación española tiene la prueba de lo inmensamente poderosa que es con la ley en la mano. 

Si comienza a aplicarla con firmeza y consecuencia en todo el territorio nacional e impide que la vacíen con indultos que nunca tuvieron otros golpistas, España podría estar al principio del final de algunas de sus peores pesadillas.

11 enero 2018

Año XV - Nº 1070

La financiación estatal del golpe separatista

Editorial
Libertad Digital 


Lo peor es que la tan tardía aplicación del 155 sólo ha tenido como objetivo una nueva y precipitada convocatoria electoral que va devolver el poder a las mismas formaciones secesionistas que perpetraron el golpe.

A nadie debería sorprender a estas alturas saber que el ilegal proceso secesionista, oficialmente iniciado en la Diada de 2012 y bajo el que tuvieron lugar las consultas del 9 de noviembre de 2014 y del 1 de octubre de 2017, fue financiado con dinero público. 


El hecho de que el Gobierno de Rajoy auxiliara desde el primer momento a la Administración golpista a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), a pesar de sus públicas y acreditadas pretensiones inconstitucionales y su continuado delito de malversación de fondos públicos, era justificado por el Ejecutivo del PP –sin la menor critica por parte de ningún partido de la oposición– como una forma de evitar la suspensión de pagos de la autonomía más endeudada y de garantizar que los ciudadanos catalanes no se resintieran en servicios tan esenciales como la sanidad o la subvención de productos farmacéuticos.

De esta forma, sin embargo, el Gobierno central financiaba, de manera indirecta e involuntaria pero absolutamente decisiva, el procés, por cuanto venía a cubrir los agujeros que dejaba el desvío de fondos propios de la Generalidad destinados a cosas tales como la creación de un Consejo Asesor para la Transición, la subvención a entidades separatistas, la apertura de embajadas catalanas en el extranjero, la financiación de una radiotelevisión pública al servicio de la sedición o la de los propios referendos de 2014 y 2017.

Ahora se ha sabido que los mandatarios catalanes utilizaron directamente parte de los fondos del FLA para pagar –junto con fondos de la propia Generalidad– la consulta del 1-O. Aunque a efectos del delito de malversación resulta irrelevante que los fondos públicos provengan de una Administración u otra, lo que deja de relieve esta noticia es hasta qué punto el Gobierno central –y el ministro de Hacienda muy en particular– tiene en este asunto unatremenda responsabilidad in vigilando. 

Recuérdese que Montoro, hasta una fecha tan próxima al 1-O como el 31 de agosto, tuvo la desfachatez de afirmar rotundamente que la Generalidad no había gastado "ni un euro público en el referéndum", para poco después asumir, supuestamente, el control directo de los fondos de la Generalidad.

No es lo más grave en la noticia que ha publicado El País citando fuentes próximas a la investigación judicial por el 1-O. Sino el hecho de que el descubrimiento de esos tres millones de euros procedentes del Estado y desviados al proceso separatista lo han desvelado los papeles –30 cajas llenas de documentos en un furgón– que los Mossos d’Esquadra se disponían a quemar en una incineradora de la ciudad barcelonesa de Sant Adrià de Besòs, documentos que fueron interceptados por agentes de la Policía Nacional.

Resulta increíble que los agentes de la Policía autonómica no fueran conscientes de la naturaleza de los documentos que se les ordenó destruir, por lo que cabría exigir una investigación destinada a averiguar su responsabilidad en ese delito de encubrimiento y destrucción de pruebas. 

Con todo, nada es comparable con la responsabilidad de los delincuentes que estaban a su mando y que ostentaban la máxima representación del Estado en Cataluña gracias a la irresponsable renuencia del Gobierno y de la clase política, que no se dispusieron a suspenderlos en el cargo en aplicación del artículo 155 de la Constitución hasta que los golpistas terminaron de perpetrar todos los delitos que con tanta antelación habían anunciado, incluida la declaración de independencia de Cataluña.

Lo peor es que la tan tardía aplicación del 155 sólo ha tenido como objetivo una nueva y precipitada convocatoria electoral que va devolver el poder a las mismas formaciones secesionistas que perpetraron el golpe. Qué grotesco espectáculo.


10 enero 2018

Dinero apátrida

Juan Manuel de Prada
Religión en Libertad


La hegemonía del dinero apátrida ha logrado cuajar la forma de dominación más férrea de la Historia. Y todo ello ha ocurrido mientras los ilusos disfrutan de los derechos de bragueta y los entretenimientos plebeyos que les brinda una opípara democracia.

Allá por 1931, en su encíclica, Quadragesimo Anno, Pío XI describía con gran clarividencia las transformaciones del capitalismo, por aquel entonces inmerso en una crisis a la que muchos ilusos pensaron que no podría sobrevivir. 

Pío XI se percató entonces de que aquella crisis era tan sólo la cortina de humo que permitiría al capitalismo consumar una metamorfosis horrenda, para convertirse en un monstruo cada vez más acaparador y desencarnado, infractor de la libre concurrencia y de todo tipo de trabas legales.

En algún pasaje de aquella encíclica profética, Pío XI lamentaba que esta metamorfosis del capitalismo estuviese aplastando el papel del Estado, que «debería ocupar el elevado puesto de rector y supremo árbitro de las cosas», para relevarlo a la condición de mero lacayo de las fuerzas económicas, «entregado y vendido a la pasión y a las ambiciones humanas». 

En otro pasaje, se atrevía a aludir a la condición amoral de este «imperialismo internacional del dinero» sin arraigo, que allá donde halla su provecho funda su patria (ubi bene, ibi patria est).

La clarividencia que Pío XI mostraba en la denuncia de aquella metamorfosis que entonces estaba cobrando forma no tuvo, por desgracia, continuidad en sus sucesores. Y, mientras tanto, el nuevo capitalismo, desligado de la riqueza natural de las naciones y convertido en una «niebla de las finanzas» inaprehensible, consiguió concentrar el dinero apátrida en unas pocas manos, reduciendo al común de la Humanidad a la condición de mera comparsa: un mogollón informe o papilla de gentes despojadas de propiedad, obligadas a un trabajo asalariado cada vez más precario, forzadas a emigrar y, ya por último, ensimismadas en sus derechos de bragueta y en sus entretenimientos plebeyos.

 Y todo este estropicio antropológico pudo hacerlo el dinero apátrida con la complicidad de las nuevas izquierdas, reconvertidas en mamporreros del capitalismo más desenfrenado, a las que se encargó la tarea de apacentar a los trabajadores hacia los rediles de la «libertad sexual» y las «políticas de identidad», tal como denunciaron algunos marxistas resistentes, desde Pasolini a Hobsbawm.

Así hemos llegado a la situación presente, en la que la hegemonía del dinero apátrida ha logrado cuajar la forma de dominación más férrea de la Historia. Y todo ello ha ocurrido mientras los ilusos disfrutan de los derechos de bragueta y los entretenimientos plebeyos que les brinda una opípara democracia; y algunos, incluso, apelan en el colmo de la credulidad a irrisorios «derechos de autodeterminación», creyendo que pueden fundar nuevas naciones, como fundan nuevas «identidades de género» (sin saber, los pobres diablos, que sólo se fundan las naciones y las «identidades de género» que convienen al dinero apátrida). 

Y, mientras todo esto sucede, una pequeña camarilla de multimillonarios globalistas, capaces de derrocar gobiernos y de arruinar Estados con tan sólo desplazar su dinero apátrida por una madeja inextricable de terminales informáticos, han elaborado planes que garanticen definitivamente su supremacía. No están atados a ningún territorio, carecen de lealtades, se carcajean de todos los patriotismos, no tienen otra religión sino la acumulación de capital (aunque, para debilitar a las masas a las que ordeñan, se preocupan de que ellas se mantengan fieles a esa religión erótica que, a la vez que exalta la lujuria, prohíbe la fecundidad). 

Consideran que aún no han concentrado suficiente cantidad de dinero y que nosotros aún podemos resistir una vida más subalterna, consideran que nuestra resistencia a la adversidad no se ha colmado y que nuestras clases medias aún no han sido suficientemente expoliadas. 

Así que, con el apoyo de los Estados convertidos en lacayos de sus ambiciones, se disponen a lanzar la última ofensiva: depauperación de aquellos oficios que no redundan en su beneficio, imposición del comercio on-line, aniquilación de cualquier residuo de garantía laboral, introducción de monopolios disfrazados que arrasarán los últimos vestigios del pequeño comercio autóctono, robotización de trabajo y (last but not least) creación de un salario de subsistencia que mantenga a las multitudes desocupadas en un nivel de pobreza sostenible (y bragueta sostenida), pagado -por supuesto- por los Estados lacayos.

Para lograr su designio, el dinero apátrida necesita líderes políticos que convenzan a las masas cretinizadas de que este horizonte infrahumano constituye su salvación. Y esos líderes políticos ya están entre nosotros.

Publicado en XLSemanal.

Rato tiene razón

Pablo Molina
Libertad Digital


A Rodrigo Rato lo llevaron a una comisión de investigación en el Congreso en 2001, cuando era ministro de Economía con Aznar. 

El PSOE acusaba al también vicepresidente del Gobierno de haber mediado para que las empresas de su familia recibieran un trato de favor por parte de bancos y empresas privatizadas por el Gobierno del Partido Popular. 

El resultado de la comparecencia fue catastrófico… para el PSOE, cuyos representantes en la comisión terminaron a la defensiva y pidiendo la hora como los malos equipos de tercera división.

Rato visitó nuevamente ayer el Congreso de los Diputados para comparecer ante otra comisión de investigación. En esta ocasión, los diputados quieren saber quiénes son los responsables del tremendo agujero que las cajas de ahorro provocaron en la economía española durante la pasada crisis económica, que es como si Jack el Destripador abriera una investigación para descubrir al asesino de las prostitutas londinenses.

Así que los mismos partidos políticos cuyos dirigentes mangonearon en las cajas, financiaron todo tipo de disparates autonómicos, se repartieron sueldos de escándalo, mintieron sobre la crisis económica y hundieron a las entidades a cambio de salvar los negocios de los benefactores de sus partidos, los mismos, exactamente los mismos, montan una comisión de investigación para determinar que todo ese desastre financiero sin precedentes fue culpa de unos golfos del tres al cuarto que, con Rodrigo Rato a la cabeza, utilizaban la tarjeta de empresa para comprar bragas a sus novias y llevarlas de crucero como los grandes horteras que son.

El PP convirtió a Rodrigo Rato en el muñeco de feria del escándalo de las cajas de ahorros y su detención se retransmitió a través de todas las televisiones, convenientemente avisadas del lugar y la hora de su entrada en el coche patrulla para no estropear la escaleta del telediario. 

Ayer estaba previsto un nuevo aquelarre populista en esta hipócrita comisión del Congreso, pero incluso en sus horas más bajas Rato es un tipo brillante que hizo callar a los miembros de la comisión y, de paso, aprovechó para ajustar viejas cuentas con su partido y algunos antiguos empleados.

Rato no es inocente –ya ha sido condenado a cuatro años de cárcel y aún le quedan varios juicios pendientes–, pero no es el único culpable. La hipocresía es inevitable en democracia porque el votante necesita que le mientan a cambio de su voto, pero hay algunos límites que hasta nuestros políticos, poco acostumbrados a ello, deberían respetar.

09 enero 2018

El año de Trump

Daniel Rodríguez Herrera
Libertad Digital



Como soy de lo más original, no voy a hacer un primer balance de la presidencia de Trump cuando lo hizo todo el mundo, un año después de que ganara las elecciones, ni tampoco cuando debería hacerse, un año después de la toma de posesión, sino al terminar el año natural en que ha comenzado su mandato. 

La razón es que por fin los republicanos han logrado su primer gran triunfo legislativo, la reforma fiscal, y es dudoso que haya muchas novedades hasta el 20 de enero que justifiquen cambiar las impresiones que nos ha dejado la presidencia más peculiar desde que tengo uso de razón.

El problema para evaluar a Trump es que resulta extremadamente difícil separar su obra de su persona. Al no tener un jefe de Estado distinto del jefe de Gobierno, en EEUU tradicionalmente se ha considerado un activo que un candidato parezca presidenciable; esto es, mesurado, prudente, capaz de ponerse por encima de las luchas partidistas; alguien a quien se pueda respetar incluso desde la discrepancia. 

Obama dio siempre esa imagen, aunque su acción de gobierno fuera tremendamente sectaria y su incapacidad para negociar con sus rivales políticos rayara lo patológico. Mitt Romney fue quizá el candidato republicano más presidenciable posible. 

Donald Trump es justo lo opuesto. Incluso a quienes lo apoyan, o al menos apoyan sus políticas, les resulta difícil congeniar con el personaje. Sus tuits, su forma de expresarse, sus exabruptos, la simpleza de sus argumentos, la forma de entrar en los temas como elefante en cacharrería... 

Incluso su guerra permanentemente abierta contra los medios, que a muchos nos parece que debería ser adoptada por los políticos de derechas en casi todo Occidente, la lleva a cabo de una forma que tira un poco para atrás.

Pero en el momento en que se quita al presidente de la ecuación y se deja sólo su presidencia, la imagen es muy distinta, sobre todo si tenemos en cuenta que las noticias que nos llegan de Estados Unidos vienen ya filtradas por la reacción histérica del Partido Demócrata y los medios. 

Es la visión de una acción de gobierno propia del Partido Republicano, liberal-conservadora, mucho más estricta y consecuente que la de los dos Bush y a no tanta distancia de lo que hizo el Reagan real en su primer año, por más que las diferencias de estilo hayan convertido a uno en un mito y al otro en un demonio.

Trump se ha caracterizado por mostrar una mano más dura con la inmigración ilegal, aunque las deportaciones hayan bajado desde los récords de la era Obama debido a que ahora no sólo se expulsa a quien se pilla en la frontera, y eso produce un efecto disuasorio. 

En materia militar, logró con su primera acción que Siria dejara de usar armamento químico y ha logrado una victoria aplastante sobre el Estado Islámico con la sencilla decisión de abandonar las restricciones que ataban al Ejército en los años anteriores. En política exterior, está aprovechando las tensiones entre Irán y los suníes para aislar al país de los ayatolás y usando su fama de aislacionista económico para intentar forzar que China deje de proteger a Corea del Norte. 

Es difícil saber si tendrá éxito, pero al menos es un soplo de aire fresco después de ocho desastrosos años de apaciguamiento. Ha reconocido Jerusalén como capital de Israel. Su secretaria de Educación ha puesto cierto freno a la histeria feminista en las universidades y no hay un solo republicano que ponga un pero al esfuerzo hecho estos meses por poblar los tribunales federales, incluyendo el Supremo, de jueces que respetan la Constitución y las leyes tal y como están escritas.

En cuestiones económicas es donde podemos encontrarle más fuera de la ortodoxia. No en lo referente a la reforma fiscal, que supone una gran rebaja de impuestos a empresas y ciudadanos de toda condición, además de una notable simplificación. 

Además, aunque no haya logrado derogar y sustituir Obamacare, la reforma suprime uno de sus grandes pilares, la obligación de contratar un seguro bajo amenaza de multa. En lo referido a regulación, posiblemente es ya el presidente que más ha hecho por reducirla, especialmente la medioambiental, apartado en el que se han hecho notar sus decisiones de salirse del Acuerdo de París y aprobar el oleoducto de Keystone. Pero sí se aleja de su partido en cuanto a su desconfianza en el libre comercio.

Trump es bastante populista, y buena parte de las medidas que está adoptando parecen ir encaminadas a mejorar las perspectivas laborales de la clase baja trabajadora, cuyo éxodo desde el Partido Demócrata fue clave para su victoria. Está por ver si todos los grilletes fiscales y regulatorios que está destrozando compensarán el frenazo a la expansión de la libertad de comercio internacional. 

En cuanto al gasto público, aunque ha mostrado cierta disposición a reducirlo, tiene las manos bastante atadas si el Congreso no le ayuda, y no lo ha hecho. Pero ha aumentado el gasto militar y reducido los pagos a Naciones Unidas.

En definitiva, un montón de decisiones que, gusten o no, forman parte de las peticiones de políticos y pensadores republicanos y que, si no fuera por su estilo y personalidad, lo coronarían poco menos que como un héroe de la derecha.

Pero eso vendrá en 2019, año en que los norteamericanos están llamados a las urnas. Si se sigue la tradición reciente, que muestra hasta qué punto la oposición logra avanzar en los primeros comicios tras la elección de un nuevo presidente, los demócratas deberían recuperar la Cámara de Representantes, aunque parece más dudoso que se hagan con el Senado. Debido a la cercanía de las elecciones, no cabe esperar que los republicanos aprueben en solitario nada importante. 

Habrá que ver si Trump consigue el apoyo de los demócratas para aprobar su programa de 1 billón de dólares para mejorar las infraestructuras del país; seguramente sea necesario, pero no va a ayudar mucho a que Estados Unidos deje de endeudarse. 

Habrá que ver también si ambos partidos consiguen ponerse de acuerdo antes de marzo para aprobar una ley sobre inmigración que permita a los menores traídos por sus padres trabajar legalmente en el país a cambio de la construcción del famoso muro. 

Mientras negocian, recibiremos un influjo constante de noticias y opiniones diciendo lo racista que es Trump. Y es ese tipo de argumentos lo único que podría impedir una victoria demócrata en noviembre del año que viene.

Rajoy aún preside TV3

Federico Jiménez Losantos
EL MUNDO


(Foto Juan Martín. EFE) 
El mejor año para el empleo desde hace una década termina con el partido del Gobierno aterrorizado por el paro. 

El suyo, naturalmente, el de esos cargos oficiales que, por el Poder político que ostentan, aún disfrutan. 

Sin embargo, el político profesional de cualquier partido es un animal extraño, parecido a los corderos silenciosos de la película de Hannibal Lecter, que al barruntar un peligro mortal para sus gargantas, en vez de balar con la mayor estridencia que permita su ovino garganchón, callan como muertos.

La aguachirlada Pascua Militar de este año, que no ha sido militar y apenas Pascua, sólo ha servido para comprobar el temblor laboral de la grey rajoyana al compartir con Campechano tal vez su último roscón. Por cierto, que a ver si así deja el Emérito tranquilo al Rey y no nos obliga a recordar lo que querríamos archivar: cómo y por qué tuvo que abdicar. 

Los viejos cortesanos dicen que para salvar la Corona, como si tuviera otro sitio en que guarecerse. Lo que callan es que él la había puesto en almoneda al permitirle y hasta aplaudirle todo a ZP, desde la rendición ante la ETA a la inauguración del Prusés, para seguir triscando y trincando. Gran mérito tuvo la Transición, y el Rey en ella. 

Pero tras el Golpe del 23-F, en parte culpa suya, llegó Felipe y se corrompieron juntos, con la bendición mediática de Polanco y la presupuestaria de Pujol. La situación nacional invita al recuerdo de aquel renacer de España. Dejémoslo ahí y veamos cómo arreglar el monstruoso lío en que ZP y Rajoy nos han metido.

Porque casi nada de lo que hizo ZP quiso arreglarlo Rajoy. Subió una salvajada los impuestos como única forma de salir de la crisis, sin reformas ni freno al derroche del sector público, véase la deuda. Ahorrando, sobrevivimos. Pero además el presidente se negó a hacer política, como piden -ahora- sus corderos. 

Si Rivera le deja, tiene aún en Cataluña una oportunidad de salvarse. Basta que recuerde que Rajoy, o sea, él, preside TV3, bastión político golpista que multiplica sus provocaciones, del mensaje navideño del prófugo belga a pedir el arrastre de los jueces del Supremo. 

Ciérrela. Incorpore los Mozos de escuadra a la Policía Nacional. Frene la escalada catalanista en Valencia, pagada por Montoro. Haga política nacional, no cuponeo, y el PP verá alejarse la sombra del INEM.