10 julio 2017

El joven Rivera y la planta carnívora

Xavier Horcajo
LA GACETA

Ser joven se cura con el tiempo. No es un atributo político, aunque se ligue más y, desde luego, no implica talento. No es un mérito, por lo menos para ser ‘public servant’. Albert Rivera cree que sí.

Me sorprendió que el presidente de Ciudadanos saludara el triunfo electoral de Enmanuel Macron sublimando que tiene 39 años, no tanto que sea liberal o europeísta. Pudo haber sido un lapsus, pero llueve sobre mojado. En una de las campañas electorales de 2015, recuerdo a Rivera con el soniquete de que había que “jubilar de la política a los nacidos antes del 78” 

¿Por qué 1978 y no 1975 ó 1980?, me pregunté. Acudí a lo fácil, Wikipedia. Y tras descubrir que el “regenerador” se llama Alberto Carlos, cual personaje de Pasión de Gavilanes. ¡Gotsha!, ¡Te pillé! No se lo tuve en cuenta, al fin y al cabo, es de mi barrio y yo soy tribal. Se lo disculpé, pensé que estaba tratando de cautivar a alguna “locuela”, para atraerla a eso de “pasarlas putas” en Ciudadanos. (Perdón por la influencia en el lenguaje de Paquito Marhuenda y de Mauricio Casals).

La juventud sin talento es tan corriente en la política española que basta echar una mirada por las Juventudes o las Nuevas Generaciones de otros, ya me entiendes ‘Joven Rivera’. Dudo que el líder de C’s pensara en “gente sin mochila” porque en lo suyo, casi todos la tienen. Tampoco veo clara la asociación de joven con talento (de eso también hay -en abundancia- dentro de C’s) y desde luego ser joven, no exime de tener experiencia laboral anterior a la vida pública. 

Eso hay que probarlo con la hoja de cotizaciones a la Seguridad Social en la mano, un “papelillo” que envía gratis Fátima Báñez. Lo dejo así de claro porque hay gente en Ciudadanos que no conoce ese “papelillo” hasta haber tocado pelo gracias a ti. Tampoco alcanzáis condición de modelo en lo de mentir en los “CV”, ya sabes, los curriculos, no es necesario personalizar, aunque ya me conoces, aceptaría el guante.

‘Joven Rivera’ antes de aspirar a la condición de “sacerdote de la efebocracia”, te sugiero un paseo por las páginas web de la Asamblea de Madrid o del Parlament de Cataluña, donde aparecen los sueldos de los diputados/as de tus grupos parlamentarios y lo que ganaban por sus méritos personales el año anterior a sentarse en el escaño. Así medimos en las calles. ¡Llorarás! Como decimos en catalán, “No es això, company, no es això” (No es eso, compañero, no es eso en español), y no hace falta un gobierno de filósofos. Pero sabéis que en la sapientísima Roma no podías ser senador con menos de 42 años. O que EE.UU. establece un mínimo de 35 años de edad para ocupar la Casa Blanca.

La experiencia es un grado. Para ser político, más. La ‘seniority’ y el bagaje personal son activos clave de la democracia regenerada que algunos pretendemos. ‘Joven Rivera’ no temas a las canas, que llegan solas. Mira además como las cosas importantes, los imperios de Wall Street por ejemplo, cabalgan a lomos de gente mayor. A lomos de genios con talento. ¿Será que el talento no tiene edad? Los accionistas consideran insustituibles a esos sabios y morirán con las botas puestas. Wall Street quiere que sus jubilados no se vayan. Un tercio de los consejeros del Standard & Poor’s 500 tiene más de 65 años. Esos, para ti, son carcamales.

Warren Buffet “ojo de perdíz”, tiene 87 años y un olfato que le ha llevado a ser el primer inversor mundial y un number one del oráculo bursátil mundial. Una de sus empresas más activas Berkhire Hathaway, tiene un timonel que se llama Charlie Munger, con 93 años a cuestas. El magnate de la energía, T Boone Pikens, tiene 89 años y ante él se rinde el Franklin Institute. No por multimillonario, sino por la teoría del ‘peak oil’. 

El temido magnate y especulador, George Soros, tiene 87 años; Carl Icahn, fundador de una docena de grandes empresas norteamericanas y gran filántropo, acredita 81 tacos. Por no recordar al judío dueño de Las Vegas, Sheldon Adelson, que debe andar por los 85 años; o de Sumner Redstone, primer accionista de Viacom, que tiene 93 o del gran inversor de la comunicación Rupert Murdoch, que tiene 86 probados. Algo tan importante como el dinero elige a sus estrellas primando la experiencia y el talento, la edad les da igual. ¿La política merece menos? ¿En serio?

‘Joven Rivera’ ,un tipo de más de 70 años lidera la política norteamericana, en un país que hizo presidente a JFK, con apenas 46 años. Lo que significa que, a veces sí, pero como norma de obligado cumplimiento. defender que los ‘yogurcitos’ mejoran la política es bueno, es una aberración. Si es talentoso y joven, adelante; pero si solo reúne la segunda y perenne condición, no lo asciendas. Quizá los jóvenes turcos de Ciudadanos no conozcan a los citados héroes del Down Jones, por lo que me permitirán que reenfoque esto: Olivia Newton-John -sí, la de Grease- tiene 68 años y la gente paga por oírla cantar y verla bailar.

Otra cosa asociable a la bisoñez política, es la vanidad propia del que los que tiene un alto concepto de sí mismo sin contraste con la vida. El propio ‘Joven Rivera’ sufre ese mal. En uno de los últimos debates de investidura le escuche gallear -de vanidad- desde la tribuna de oradores del hemiciclo y en defensa de la preparación y el mérito: “Oiga que yo mismo, he estudiado derecho en dos universidades europeas, en Barcelona, y en Helsinki”. ¡Caramba! Dije yo en casa. ¡Qué sorpresa! “Pero si el derecho de Finlandia, país que por cierto cumplirá en diciembre 100 años, no le sirve un carajo a un jurista en España”, pensé. 

Hombre, si hubiera dicho en Bolonia o Cambridge, me hubiera pasado desapercibido; pero Helsinki, no. Indagué y descubrí que ese: “haber estudiado derecho en la Universidad de Helsinki”, en realidad debió haber sido: “hice un Erasmus en Helsinki” que no es igual. Por cierto, los jóvenes universitarios españoles le llaman a eso:“irse de orgasmus”. ¡Qué cosas!, Albert.

Acabo con unos alejandrinos de gran Pierre de Ronsard -que él dirigió a su amada Hèlène- adaptados: Cuando seas muy viejo, sentado en el crepúsculo, entre el candil y los leños, devanando e hilando, Dirás asombrado: España me quiso por joven o por sabio.